Lo que para muchos terminará siendo un producto más en una góndola comenzó lejos de Bogotá, entre hilos, agujas y horas de trabajo artesanal.

Este jueves, las manos de más de 50 mujeres tejedoras de la Fundación A La Rueda Rueda, en Montería, Córdoba, llegaron hasta Bogotá para presentar el resultado de su trabajo: una colección que estará disponible en 20 tiendas D1 de la capital desde este sábado 12 de septiembre.
Se trata de RedFlag a la mano: valoremos lo nuestro, una iniciativa que reúne el trabajo de diferentes artesanos colombianos y busca acercar sus productos a nuevos públicos a través de una de las cadenas de tiendas más grandes del país.
Entre los protagonistas está Hilando A La Rueda Rueda, proyecto de la Fundación que vinculó a más de 50 mujeres para elaborar 1.300 servilletas de lino, tejidas a mano.
Cada una de esas piezas es el resultado de horas de trabajo de mujeres que encontraron en el tejido una herramienta para generar ingresos, fortalecer su autonomía económica y mantener vivos conocimientos artesanales.
El lanzamiento de la colección se realizó en las oficinas de D1 en Bogotá y contó con representantes de la cadena, la Fundación A La Rueda Rueda, aliados y otros artesanos que participan en la iniciativa.

Para las tejedoras, el recorrido de estas piezas representa además una oportunidad para llevar su trabajo mucho más lejos de los talleres donde fueron elaboradas.
La alianza permitirá que los productos lleguen inicialmente a 20 tiendas D1 de Bogotá, aunque la intención es que esta colección amplíe su presencia y alcance otros puntos del país.
De este modo, las 1.300 servilletas no solo son piezas hechas a mano, sino que también muestran el trabajo de las mujeres que las crearon.
Detrás de cada una hay una historia de oficio y de búsqueda de nuevas oportunidades económicas a través de la economía artesanal.
Este sábado 12 de septiembre, quienes recorran las góndolas de las tiendas participantes en Bogotá podrán encontrarse con una colección que tiene una particularidad difícil de apreciar a simple vista: lo que parece un producto cotidiano fue construido puntada por puntada por más de 50 mujeres en Montería.
El reto ahora será que esas manos que comenzaron trabajando desde Córdoba logren que su tejido siga recorriendo todo el país.
