Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos es considerado por muchos críticos de arte como el más importante exponente del arte colonial neogranadino; sin embargo, su vida fue una llena de glorias y altibajos.

Nacido en la Santafé del siglo XVII, en el Nuevo Reino de Granada, en el año de 1638, Vásquez posee el título de “Príncipe del Arte Nacional”, aunque probablemente en vida su reconocimiento no fue tan glorioso como sus biógrafos lo pretenden representar.

Quizá sea José Manuel Groot quien se interesó en primera instancia por escribir la biografía de este pintor, buscando así reivindicarle un puesto meritorio en la historia del arte nacional.
Sus obras, en su mayoría de carácter religioso, retratan la devoción colonial y los instrumentos de evangelización utilizados para la época, como parte importante de la estrategia de la Iglesia católica por extender su fe en el territorio americano.
De acuerdo con lo que se conoce de su vida, este artista aprendió el oficio de la pintura bajo la enseñanza de Baltasar Vargas de Figueroa, quien hacía parte de la importante familia de Los Figueroa.
Existe una leyenda que relata cómo Vásquez, en medio de su periodo de enseñanza con el maestro Figueroa, intervino los ojos de un cuadro de San Roque que estaba siendo pintado y, cuando su maestro se dio cuenta de esto, lo despidió de su taller.

Aunque no hay forma de comprobar esta leyenda, que ampliamente ha circulado entre los apasionados del arte colonial neogranadino, sí hace parte de los relatos que van pasando de generación en generación y que resuenan cuando se habla del habilidoso pintor.
Gregorio Vásquez logró ir puliendo su técnica, y esto le permitió realizar encargos para las diferentes órdenes religiosas que se encontraban en lugares como Santafé, Tunja y Pamplona, entre muchos otros sitios.
Es por eso que actualmente, en distintas iglesias, no solo de Bogotá, sino de diferentes partes de Colombia, se conservan cuadros de este pintor.
Aunque una parte de su producción artística se encuentra resguardada dentro de iglesias y museos, algunas de estas también están en colecciones privadas que las conservan como su más preciado tesoro.

El Museo Colonial de Bogotá es donde actualmente se encuentra la mayor colección del artista abierta al público. Sin embargo, sus cuadros también se pueden contemplar en la Iglesia de San Ignacio, en la Capilla del Sagrario o en la Colección de Arte del Banco de la República, por mencionar algunos depositarios.
Estudiar la vida de Gregorio Vásquez es adentrarse en un periodo de la historia que, aunque haya tenido resistencia por los discursos decoloniales que se han difundido de una época para acá, sigue siendo una fuente primaria para entender la evolución técnica y temática del arte colombiano.
