Para fortuna de todos, en medio de un clima geopolítico enrarecido, en Japón y su cultura se centra este nuevo estreno de Searchlight Pictures (una casa que suele entregar cine sesudo y con corazón), que llega hoy a salas de cine colombianas.


Familia en renta, protagonizada por Brendan Fraser (quien se llevó el Óscar por su excepcional rol en The Whale) sigue a Phillip, un actor estadounidense residiendo en Tokio, contratado en esa metrópoli por una agencia de “familias de alquiler”, un negocio muy difundido en el país que se centra en la contratación de actores para interpretar roles sustitutos en las vidas de los clientes.
En la película, Fraser es Phillip, un actor estadounidense que vive en Tokio y que consigue trabajo en una agencia interpretando roles sustitutos para desconocidos. Así se sumerge en el mundo de sus clientes y comienza a establecer vínculos genuinos que desdibujan las líneas entre la ficción y la realidad. Al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, Phillip redescubre el propósito, el sentido de pertenencia y la belleza silenciosa de las conexiones humanas.

Rodada totalmente en el país del sol naciente, la nueva película embarcó a Fraser en un viaje cultural transformador. Para dar vida a Phillip de forma auténtica, el actor se sumergió por completo en la cultura nipona, absorbiéndola con pasión y dedicación para lograr una comprensión profunda y cabal del lugar, sus prácticas y su gente.
Tras conectar profundamente con la visión de la directora de la película, Hikari, Fraser aceptó protagonizar Familia en renta, consciente de que el papel que interpretaría requería familiarizarse con una cultura poco conocida por él.

Sobre la historia que cuenta, Hikari comenta: “La gente prefiere contratar a alguien para compartir sus problemas de manera informal, o sencillamente conversar… no son terapeutas profesionales con licencia, pero brindan apoyo y perspectiva”. La directora buscó alejarse de una perspectiva etnocentrista de la historia, apoyándose en los personajes japoneses para evitar contarla exclusivamente desde una perspectiva occidental. “Para nosotros era importante lograr un equilibrio. A menudo, un país y su gente quedan reducidos a estereotipos. Por eso Tada (Takehiro Hira), el dueño de la agencia, y sus compañeros de trabajo, son tan importantes. Aportan complejidad y matices al darle a la historia una perspectiva oriental y femenina”.
Inmersión nipona
La inmersión cultural comenzó, entonces, por un elemento central: el idioma. Si bien el personaje protagónico no habla japonés con fluidez, Brendan vivió en Tokio lo suficiente como para dominar el idioma con comodidad. Fraser empezó a estudiar con un tutor y traductor meses antes del rodaje, y durante la filmación continuó su preparación de la mano del coach de diálogo Eriko Yamaguchi.
Este anota que “Brendan quería saber el significado de cada cosa que decía. Y la gramática japonesa es totalmente opuesta a la inglesa. Una vez que asimiló todo eso, sabía exactamente lo que estaba diciendo, y eso le ayudó a interpretar sus líneas”. Hikari ilustra por su lado que el actor se embarcó en el proyecto sabiendo decir “arigato” (gracias) y terminó el rodaje hablando fluido japonés.

Semanas antes de empezar el rodaje, Fraser se instaló en Tokio con el objetivo de mezclarse entre los locales y recorrer la ciudad lo más posible. Deambuló por las calles, comió en restaurantes y conversó en japonés con desconocidos. Además, dedicó gran parte del tiempo a observar lo que sucedía a su alrededor, deleitándose con la practicidad y la comodidad de la cultura japonesa.

Entre otros aspectos, quedó impresionado con la independencia que tienen los niños en edad escolar. En Japón, se trasladan a la escuela solos, muchos de ellos en subte, sin supervisión adulta.
A ese respecto, el actor comparte: “Hay una comprensión inherente de que educar a los niños es responsabilidad de todos. Esa comprensión automática de brindarles cuidado es algo que realmente me conmovió de Japón. Adoro Tokio. Sus costumbres culturales y educadas, su practicidad y conveniencia, y su fuerte sentido de familia y comunidad. Hay algo especial en descubrir lo que haces y hacerlo bien”.


La inmersión cultural de Fraser también se extendió al set de Familia en renta, donde el elenco y el equipo de producción eran predominantemente japoneses. El dominio del idioma por parte del actor protagónico permitió un intercambio rico y fluido durante el rodaje.

Fraser tuvo, a su vez, la oportunidad de trabajar con uno de los símbolos máximos de la cultura japonesa en materia actoral: la leyenda del cine Akira Emoto. En la historia, Emoto da vida a un famoso actor japonés que está empezando a perder la memoria.
Su hija contrata a Phillip para que se haga pasar por un periodista que está escribiendo una historia sobre el veterano estrella, dándole a su padre un compañero con quien pasar sus días.

Al respecto, concluye: “Creo que Emoto es un testimonio de profesionalismo y humildad. Realmente eleva lo que significa ser japonés: cómo respetar a la gente, cómo respetarte a ti mismo. Para mí, es una persona que representa la esencia de Japón”.











