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‘Flee. huyendo de casa’: este documental animado (y obligado) sobre el desplazamiento es un vehículo de sanación

Por: Alejandro Pérez Echeverry

Se estrenó en el país ‘Flee. Huyendo de casa’, un documental animado que redefine el género al contar, con técnicas mixtas, una historia humana y desgarradora sobre los desplazados y cómo una nueva vida les es casi imposible sin confrontar su pasado.


Este siglo, la animación dejó decididamente de ser un tema de niños para convertirse en un vehículo artístico de indagación existencialista. Además del anime japonés (que había puesto sobre la mesa temas fuertes desde mucho antes), esto han demostrado varias películas animadas este siglo como Persépolis, basada en la novela gráfica de Marjane Satrapi, que aborda la vida de una inquieta joven iraní durante la Revolución islámica, y Vals con Bashir, un relato animado, duro y virtuoso sobre las memorias de un conflicto como la invasión israelí al Líbano en 1982.

Flee confirma lo que otras grandes películas animadas de este siglo, como Persépolis y Vals con Bashir, dejaron claro: la animación es un vehículo expresivo que les abre la puerta a temas duros, difíciles de contar.
Flee confirma lo que otras grandes películas animadas de este siglo, como Persépolis y Vals con Bashir, dejaron claro: la animación es un vehículo expresivo que les abre la puerta a temas duros, difíciles de contar. - Foto: afp
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- Foto: afp

Ya no es más cuestión de nicho, de anime o de cine independiente. Más allá de las narrativas dedicadas a la guerra o a los radicales cambios sociales ligados a lo religioso y político, este giro de la animación hacia lo adulto es una marca de la época. La soportan una proliferación de series animadas dedicadas a la adultez y a sus expectativas y depresiones, como BoJack Horseman, e incluso muchas de las películas más recientes de la mundialmente reconocida animación de Pixar como Up, como Inside Out, Soul o Turning Red, que exploran lo que significa ser un ser humano viejo, una adolescente menstruante o un adulto o un joven en este mundo (o incluso un alma en el plano existencial).

El género ya no tiene lugares prohibidos, y por eso deja de sorprender. Eso quedó claro en 2020, cuando el documentalista danés Jonas Poher Rasmussen pateó el tablero con Flee, una película que deja huellas donde se proyecta por su manera de manejar una historia personal llena de traumas. Es la primera en la historia de los Premios Óscar en ser nominada a mejor documental, mejor película extranjera y mejor película animada, un hecho que se entiende una vez se entra en contacto con su entrega, su método y su sensible profundidad.

Ninguna otra película había sido nominada simultáneamente al Óscar como mejor película extranjera, mejor documental y mejor película animada, un testimonio de su sensible calidad.
Ninguna otra película había sido nominada simultáneamente al Óscar como mejor película extranjera, mejor documental y mejor película animada, un testimonio de su sensible calidad. - Foto: afp

La película llegó esta semana a los cines colombianos y se hace importante también en el contexto local. Después de todo, Colombia acoge a cientos de miles de ciudadanos de Venezuela, pero no por acogerlos los trata bien, e incluso cuando reciben buen trato, esto no significa que la vida les sea fácil. Pero, además de los hermanos venezolanos, Colombia también ve a millones de sus propios, adultos y niños desplazados de sus hogares y tierras por causa de una violencia aparentemente eterna.

La historia de Flee es la de un adulto en Dinamarca, pero, a la vez, del niño que fue en su natal Afganistán y en la persona que se convirtió cuando se vio forzado a dejar su hogar, un proceso de cinco años de huir constantemente para vivir, que no se le desearía a nadie y mucho menos a un infante. Y es por medio del formato único del documental animado, nuevo para el narrador (Jonas) y el personaje (Amin), que se narra esta importante historia y se transmite el trauma y la pesadilla que viven los refugiados antes de “llegar a salvo” a un nuevo territorio. A esto se suma un detalle importante: la cinta muestra (como pocas veces se han visto) los sacrificios psicológicos y humanos que implica llegar a estos territorios y mantenerse ahí.

Flee: huyendo de casa
Los episodios más traumáticos y los episodios más sensibles y difusos apelan a diversas técnicas de animación. La cinta se aleja de clichés y conmueve desde su relato genuino y duro. - Foto: FinalCutforReal

Por algo, Amin jamás había relatado esto a nadie. Jonas, desde su experiencia, sabía que podía ofrecerle a su amigo un canal audiovisual para la crucial catarsis. Llegar a esta conclusión tomó años, cuatro para ser exactos, y una docena de encuentros y charlas a profundidad. En estas, Jonas acudió a la técnica que le sirvió en sus documentales radiales previos, en la que sus entrevistados se recuestan, cierran los ojos y recuerdan cómo se sentían las cosas, cómo olía el lugar. “Sus memorias se vuelven fuertes e inmediatas, como si sucedieran en tiempo real”, comparte el director. Y como sin Amin no había relato, por construir el guion de su vida oculta y traumática, esta película lleva su crédito de escritor.

Esos mundos presentes y pasados, esas memorias tan dolorosas que son borrosas, todo tenía que reflejarse, y para dichos efectos, Jonas y su equipo integraron distintos estilos de animación. Más que mostrar diálogos, se recrean escenas de una vida pasada y de repercusiones presentes. Hay animación 2D y hay representaciones gráficas y abstractas para los pasajes más duros del relato, entre estos, el purgatorio que vivió al salir de Moscú, al estar bajo el yugo de traficantes humanos.

Por el poder de sus palabras, SEMANA comparte apartes de la carta que Jonas Poher Rasmussen les escribió a los interesados en su película. El valioso texto explica la obra desde su raíz, su razón de ser y su voz.

Jonas Poher Rasmussen, documentalista danés.
Jonas Poher Rasmussen, documentalista danés. - Foto: getty images

En la voz de un “danés privilegiado”

Crecí en un hogar muy liberal, en el que se me enseñó a ser respetuoso, de mente abierta y curioso sobre la gente que me rodea, sin importar su pasado, sus creencias políticas o lo que sea que defiendan.

Conocer gente es una de mis aproximaciones a la hora de dirigir un documental. Mi meta es conectar de manera real y honesta, en un ambiente de confianza. Eso me permite llegar a las historias más íntimas. y trato de entender sus matices y complejidades, incluyendo los lados más vulnerables o feos, y también las facetas más inhumanas de sus vidas.

En el proceso de contar estas historias y compartirlas, siempre exploró aproximaciones nuevas, formas de darle un giro al formato cinematográfico para ajustarlo a la historia que cuento. He trabajado en recreaciones teatrales, en híbridos entre lo documental y lo ficcionado, y ahora, con FLEE, he sumado la animación a mi repertorio. Con ella pretendo crear una narrativa que atrape y que invite, darle la plataforma que merecen los testimonios que tan generosamente las personas han compartido conmigo.

Vengo de una familia judía. El tema de los desplazamientos y la dislocación me son importantes. Mis ancestros huyeron de Rusia al comienzo del siglo XX para escapar a la persecución y a los pogroms. Así como Amin, el protagonista de FLEE, navegaron el Báltico hacia Dinamarca. Allí nació mi abuela, en un hotel cerca de la estación central de trenes de la ciudad que habito, Copenhague. Su familia (mi familia) aplicó para asilo, pero les fue negado, y esto los obligó a moverse de nuevo, esta vez a Alemania. Como estudiante de primaria, en Berlín, mi abuela se presentó ante sus compañeros de clase con una prominente estrella amarilla bordada en el pecho. Poco después, tuvo que huir de nuevo, esta vez a Inglaterra. Esto sucedió hace casi un siglo, y su historia todavía marca a mi familia.

Yo tenía 15 años cuando Amin llegó a mi calmado pueblo danés. Llegó de Afganistán, por su cuenta, y vivía en un hogar de acogida ubicado a la vuelta de la esquina de mi casa. Nos encontrábamos todas las mañanas en la parada del bus, en ruta al colegio, y nos hicimos buenos amigos. Esto fue hace 25 años. En todo ese tiempo, él jamás me contó cómo o por qué vino a Dinamarca. De hecho, no se lo dijo a nadie. En ese entonces, yo era solo un adolescente, y no indagué mucho sobre su pasado, y no tenía por qué importarme. Me gustaba simplemente tener un compadre para pasar la clase de gimnasia, alguien a quien hablarle. Pero, con el paso de los años, comencé a escuchar rumores sobre todo lo que había tenido que vivir antes de que llegara ese día a la parada del bus en la que lo conocí.

A lo largo de la mitad de su vida, por lo menos, Amin evitó contarle su historia a nadie. Se pueden imaginar entonces lo emocionado que me puse cuando decidió abrirse. Estaba dispuesto a contarme todo sobre lo muy distintas que son nuestras vidas y lo similares también. Tenemos casi la misma edad, escuchamos básicamente la misma música, vemos las mismas películas y disfrutamos los deportes. Él amaba jugar voleibol en Kabul, yo amaba jugar fútbol en Dinamarca. Pero su vida tomó un giro drástico. Pasó unos cinco años viviendo en la huida, hasta que llegó totalmente solo a mi pueblo.

Hacer FLEE me dio nuevas percepciones sobre las consecuencias drásticas de tener que dejar el hogar como desplazado, en especial para un niño, como Amin… como mi abuela. Empecé a comprender las dificultades que enfrentan los niños como ellos, cuando su pasado y su presente están tan desconectados. En lo que respecta a Amin, comprendí que ese sentimiento de desplazamiento seguía muy presente en él después de todos estos años. Y creo que así era porque nunca había podido confrontar su pasado y compartir su historia, la historia de FLEE.

Amin quería confrontar su pasado, porque todo el trauma asociado a su niñez lo llevaba a distanciar al resto de personas en su vida y no poder compartir su ser total se estaba convirtiendo en una carga demasiado pesada. A la vez, quería contar su historia para que la gente supiera lo que significa correr y huir para salvar tu vida. En la animación, él se sintió cómodo. Podíamos usar su voz real y aún así mantener su anonimato. Esto era muy importante para él pues quiere respetar la privacidad de la parte de su familia que regresó a vivir a Afganistán”.

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- Foto: afp