Legal aborda la migración y los duros procesos que esta acarrea, especialmente cuando la promesa de lo que se encontrará aterriza en la realidad. En el nuevo destino, en medio de angustias y crisis de identidad, una amistad inesperada puede hacer una diferencia. La película, protagonizada y producida por Jennifer Arenas, y dirigida y escrita por Daniel Arango, mira al proceso de actuación y de reinvención de perspectivas que implica sostener el envión de habitar otro país. Seguimos a Lía (Jennifer Arenas), que deja Colombia a los 32 años para buscar suerte en Nueva York, ciudad que mucho promete y mucho le quita, y la lleva a lugares que no escoge. Al inicio, mira esos caminos desde el prejuicio, pero en ellos descubre la vida e, incluso, el sentir su cuerpo.

La película se estrena este 26 de marzo en salas y abre El Gran Cine Femenino, un ciclo de películas que exaltan a las mujeres y a su sensibilidad. Empieza con Legal; continúa con Llueve sobre Babel, de Gala del Sol, y concluye con Lejos, aquí, dirigida por Ana Sofía Osorio, producida por Ana Karina Soto y protagonizada por Angélica Blandón.

En charla con Arcadia, la antioqueña asegura que no soñó con ser actriz, por un simple hecho: desde chiquita, gracias a un abuelo proyeccionista en Itagüí, a una madre y un tío que trabajaron en Cine Colombia, vivió entre salas de cine, afiches de películas y el impulso de recrear escenas en su casa. Así, naturalmente, se fue acercando a talleres de actuación y, cuando su familia se trasladó a Bogotá, se enroló en clases con Alfonso Ortiz (porque le gustaba, pues el plan era luego entrar a Medicina). A los pocos meses, ya tenía comerciales y mánager, y empezó el camino que hoy expande. “La actuación me escogió a mí”, dice.
En el caso de Legal, en nombre del sueño de hacer un largometraje, escogió “clonarse” para no solo actuar, sino también producir. “Yo soy de las que se pregunta qué tengo que hacer para que un sueño se cumpla”. Y se forjó la oportunidad de contar historias diferentes a las que contaba con los personajes que interpretaba en televisión. En paralelo, se formó en producción ejecutiva en la Escuela Nacional de Cine, y en ese punto apareció Arango, con quien hizo llave de cine y de vida, como pareja. Hicieron juntos el cortometraje Dog Food, que llegó a varios festivales, y luego se propusieron ir más allá.


Daniel le planteó hacer un largometraje y le pintó la historia de Legal, que en el comienzo se llamaba Don’t Look Back. Arenas empezó a leer el guion y, pensando en todo lo que vivía en Nueva York, supo que quería transmitir a la gente “ese momento, esa sensación mental, corporal y psicológica” que viene de una migración. “Migrar es un acto muy valiente. Al migrar, tú no sabes que vas a perder la identidad, y eso es algo muy fuerte”. En ese proceso, entrando a los 30, se encontró con otras ideas, con la vivencia de Estados Unidos, el reto de aprender un nuevo lenguaje y entender otras culturas, pero también con crisis fuertes que alimentan su rol. “Caí en depresión”, comparte Jennifer. “Me subió el cortisol, empecé a sufrir de ansiedad”. Y vivió el síndrome del migrante (que no se siente de un lado o del otro) hasta regresar a Colombia, pues amaba Nueva York, pero la estaba matando.
Hoy su relación con Arenas no continúa, pero Jennifer destaca que el cine los unió y los sigue uniendo, ahora que estrenan este largo. “Solo tengo gratitud por esta historia, por lo que contamos, por lo que construimos y por lo que seguiremos siendo, porque eso es una siembra que sigue dando frutos”, explica.

Frente a actuar y producir a la vez, cuenta que en sus comunicaciones fue muy específica con sus interlocutores sobre desde qué lugar hablaba, si como actriz, como mujer o como productora, pues cada rol exige una comunicación diferente. Ahora está la actriz, que sigue haciendo casting, el canal de contar historias, y está la productora, que hace que todo suceda.

“Lo más lindo de esto, aparte de ser un reto y una escuela, es que le ha entregado mucha humildad a mi actriz. Le ha entregado una humildad y un respeto por todos los departamentos. Por eso les recomendaría a todos los actores meterse un ratico en esta cancha”.
