Libros

Mia Couto, escritor mozambiqueño, habla con Arcadia: “No podemos dejarnos llevar por el miedo”

Embajador de la literatura de su país, Mozambique, y de su lengua, el portugués, Mia Couto habla con Arcadia de su obra, su charla con Pilar Quintana, el presente del continente africano y la importancia de relativizar el “apocalipsis” actual.

GoogleSiga todas las noticias de la cultura en Discover, manténgase al día con las novedades

Alejandro Pérez Echeverry
13 de marzo de 2026, 11:00 p. m.
El escritor amasa una trayectoria que lo ha visto navegar la ciencia en la que se formó –la biología– y las letras que nacen de una mirada humanista que heredó de su padre.
El escritor amasa una trayectoria que lo ha visto navegar la ciencia en la que se formó –la biología– y las letras que nacen de una mirada humanista que heredó de su padre. Foto: GETTY IMAGES

Es el primer autor en portugués en llevarse el premio PEN/Nabokov, ha estado en la lista corta del célebre Premio Booker y ganó el Premio Camões, el más importante en su lengua. Y, si bien lo alegra, Mia Couto sabe que estos (y muchos otros) reconocimientos no lo definen. Sí lo hace una trayectoria que lo ha visto navegar la ciencia en la que se formó –la biología– y las letras que nacen de una mirada humanista que heredó de su padre.

Amor Towles habla con Arcadia: “La literatura intenta significar algo distinto para cada lector”

Hace semanas, con la distancia de la teleconferencia, este escritor africano formó parte del Hay Festival, pero ha pisado el suelo colombiano antes, lo suficiente para hacerse una idea de su gente y sus maneras. Nacido el 5 de julio de 1955 en Beira, Mozambique, y radicado en su capital, Maputo, hace décadas, Couto empezó a publicar poesía a los 14 años, pero desde la prosa le llegó al mundo entero. En ella aún se destaca, con entregas notables como la Trilogía de Mozambique y su más reciente trabajo, El mapeador de ausencias, de cuyo proceso le revela algo a Arcadia. En esta llamada, que responde desde su casa en Maputo, se aborda, además, el presente del mundo y de África, las letras y la importancia de darle perspectiva a la corriente apocalíptica.

ARCADIA: Ha pasado por aquí. ¿Siente similitudes entre Colombia y Mozambique?

MIA COUTO: Tal vez no sepa explicar exactamente en qué somos semejantes, pero lo somos. Hay un calor humano que nos distingue. Creo que los africanos y los colombianos en particular, no aplica a todos los latinoamericanos que he conocido, tienen un modo de acoger a los demás. Puedo hablar de Cartagena y de la capital, donde no sentí esa frontera que se construye en las sociedades europeas con la intimidad, entre lo que es privado y lo que es público, que marca la línea donde empieza la calle y donde empieza la casa.

ARCADIA: Conversó con Pilar Quintana en el Hay Festival. ¿Qué le reveló esa charla?

M.C.: Fue muy interesante. Yo no conocía a Pilar ni como persona ni como escritora, y mi primera gran conquista fue leer sus libros (leo dos al mismo tiempo ahora: uno en castellano, uno en portugués). Y estoy amando lo que leo, descubriendo una voz que me hacía falta. Y eso se dio por el festival. Los festivales, para mí, son importantes porque ponen a los escritores en contacto directo, y conocer a alguien nuevo siempre es importante. Pienso que ella leyó mis libros como escritora, y entendió algunos de los procesos, que a veces no son muy conscientes, y ahí hubo una semejanza muy curiosa.

Yo no conocía a Pilar ni como persona ni como escritora, y mi primera gran conquista fue leer sus libros (leo dos al mismo tiempo ahora: uno en castellano, uno en portugués). Y estoy amando lo que leo, descubriendo una voz que me hacía falta. Y eso se dio por el festival.
Mia Couto

En un momento me sentí casi hablando solo con ella, sobre el lugar de la familia, de la casa, de la infancia como espacio constructor de aquel o de aquella persona que va a ser escritor. Y al leer Los abismos, se ve cómo Pilar encontró un lugar de la casa que no es idealizado ni color de rosa. La casa puede ser una cárcel, la familia puede ser la pared que nos separa del mundo.

Pilar Quintana
El Hay Festival le significó un encuentro con Pilar Quintana, y le dejó mucho, que aquí destaca. Foto: Manuela Uribe

Desde mi propio ego, también comparto lo que alguien del público dijo sobre un libro mío, del que hasta yo me olvido, La espada y la flor (O outro pé da sereia). “Ese libro cambió mi vida como científico social”, dijo. “Yo iba al campo a hacer encuestas con los campesinos, y al leer aquel libro, percibí lo ridículo que era mi papel de personaje urbano contactando una cultura rural…”, expresó. Y yo, que nunca había pensado en ese libro de esa manera, le respondí: “Usted es científico social, pero todas las ciencias son sociales de cierta manera, incluso aquellas que parecen más exactas. Yo soy biólogo, soy un científico, pero la biología es una ciencia social también, trabaja en el límite entre lo humano y lo que llamamos no humano”.

Philippe Sands: “El corazón de este libro es que los seres humanos necesitan historias y les gusta contarlas”

ARCADIA: ¿Qué decisiones y retos implicó El mapeador de ausencias? ¿En qué lugar incómodo lo ubicó?

M.C.: Yo pensaba que iba a escribir un homenaje a mi ciudad natal. Entonces viajé a Beira, de la que salí a mis 17 años; visitaba a mi familia, pero me vine a vivir aquí, a Maputo, donde estoy, en la capital de Mozambique. Y amo a Beira porque, cada vez que voy, nazco otra vez; es la ciudad donde vuelvo a nacer cada vez que voy.

Amo a Beira porque, cada vez que voy, nazco otra vez; es la ciudad donde vuelvo a nacer cada vez que voy.
Mia Couto

Tras la primera versión del libro que le envié a mi editor, me dijo que era “un bello homenaje a tu ciudad”. Pero, tras leer la segunda versión, me dijo: “Ya no es un libro sobre tu ciudad, es un libro sobre tu padre”. De repente, yo era el personaje y estaba contando la historia de mi padre, y ni siquiera me percaté. Ahí sentí cierta incomodidad, porque nunca pensé que tenía una historia para contar y, si la tenía, no era yo quien debía contarla. Pero, sin querer, respondí al llamado. Fue como si mi padre, que ya no estaba vivo, me dijera: “Conversa conmigo”. El libro se llama así porque mi padre, aparentemente, era una persona ausente.

Sin querer, respondí al llamado. Fue como si mi padre, que ya no estaba vivo, me dijera: “Conversa conmigo”. El libro se llama así porque mi padre, aparentemente, era una persona ausente...
Mia Couto

Cuando se hizo mayor y empezó a enfermarse, nos dimos cuenta de que era una falsa ausencia. Mi padre tenía una manera de estar presente tan gentil, tan delicada, que parecía ausencia. Pero de él vinieron las grandes lecciones sobre el respeto por los otros y la conciencia de que todos éramos iguales, en una sociedad muy racista como en la que crecí, donde los negros no eran visibles siquiera, no eran gente. Nosotros vivíamos en lo que era llamada la ciudad blanca y, cuando salíamos a la calle, mi padre, a cada persona que pasaba, negra, blanca o mestiza, le daba el mismo tiempo, trato y atención. Conversaba con todas las personas. Nunca dijo: “Mira, estoy dando, aprende a dar”. Él murió a los 89 años. Antes de eso estaba muy frágil y le costaba mucho moverse, pero cuando entraba un bisnieto a su sala, un niño de 2 años, él se levantaba. Nunca nos dijo: “Mira lo que estoy haciendo”, pero nosotros lo vimos. Para él, aquel niño ya era una persona y merecía que él se levantara a recibirlo. Por medio de esos pequeños episodios se hizo muy grande, y su presencia total solo se dio cuando estuvo ausente.

Mia Couto interviene en el escenario durante la 61.ª Ceremonia Anual de Premios Literarios de PEN America en The Town Hall, Nueva York. Foto de Eugene Gologursky/Getty Images para PEN America
Mia Couto interviene en el escenario durante la 61.ª Ceremonia Anual de Premios Literarios de PEN America. Foto: Getty Images for PEN America

ARCADIA: El racismo siempre ha sido horrible, pero estos son tiempos muy descarados. ¿Cómo interpreta usted el presente?

M.C.: Me parece que estamos actuando como en la pandemia, como si fuera la primera vez que ocurría algo así de trágico, pese a que ya había sucedido la gripe española, mucho más grave en muertes e impacto.

Ahora se crea una idea del fin del mundo algo apocalíptica, y no es buena. Y nosotros mismos, quienes queremos llevar al mundo a una dirección más justa y humana, no podemos dejarnos llevar por el miedo, por esta idea de fin del mundo. Sí, el racismo es abierto, pero tuvimos durante años un país vecino que tenía un apartheid oficial. La Rodesia era un régimen de minoría blanca oficial, y los negros en Estados Unidos no pudieron votar hasta 1965. ¡Yo tenía 10 años de edad! Entonces, no es que el mundo no esté en una situación grave, pero tenemos que crear un contexto. Si no, se nos empuja a abandonar una actitud racional, de búsqueda de alternativas y, sobre todo, de esperanza. No sirve transmitirle a la juventud esta idea desesperada de que nunca la situación ha estado tan mal, porque el mundo ha estado peor.

Sí, el racismo es abierto, pero tuvimos durante años un país vecino que tenía un <i>apartheid </i>oficial. La Rodesia era un régimen de minoría blanca oficial, y los negros en Estados Unidos no pudieron votar hasta 1965. ¡Yo tenía 10 años de edad! Entonces, no es que el mundo no esté en una situación grave, pero tenemos que crear un contexto.
Mia Couto

Es clave dar perspectiva para crear capacidad de respuesta y para que los más jóvenes no queden encantados con un mesías que aparece con mensajes totalitarios: “Yo vengo a resolver, a poner orden en esto”. Es necesaria la tranquilidad de pensar profundamente sobre lo que se debe cambiar, porque es indispensable cambiar en todos los sentidos. Además, si usted les habla del fin del mundo a los africanos, ellos le preguntan: “¿Qué? ¿Otro más?”. Y si les habla a los indígenas de América del fin del mundo, le dirán que lo han vivido varias veces…

Janne Teller: “El mundo cerró los ojos ante Palestina, ¿cómo pedir que no se toque Groenlandia?”

ARCADIA: ¿Sucede lo mismo con la inteligencia artificial? Va a cambiar muchas cosas, pero como especie hemos vivido procesos muy transformadores...

M.C.: Sobre esa sensación avasalladora de que una nueva tecnología va a cambiar radicalmente nuestra raíz humana, tengo mis dudas. No me gusta esta amenaza de la inteligencia artificial pero es preciso, una vez más, relativizar. Porque la IA parece consecuencia de algo que viene de mucho atrás: la confusión del pensamiento mecanicista con el pensamiento orgánico, lo que nace de comparar una máquina con lo que es biológico y orgánico. Y lo hace la gente cuando dice que el computador tiene un virus. No, ¡no puede tener virus!

La IA parece consecuencia de algo que viene de mucho atrás: la confusión del pensamiento mecanicista con el pensamiento orgánico, lo que nace de comparar una máquina con lo que es biológico y orgánico.
Mia Couto

Los sistemas biológicos y nuestro sistema de inteligencia no pueden ser cooptados por una máquina porque hay cosas solo nuestras, nuestra vida. Una máquina necesita mecanismos, piezas, engranajes, pero nuestro cerebro no está hecho así, no está hecho de piezas. Creo que lo más peligroso es no entender que este nuevo miedo desemboca de un pensamiento mecanicista que fue tomando cuenta de nuestra manera de razonar. Y eso es algo que hay que establecer.

En Trilogía de Mozambique, Couto narra a su manera la historia colonial de su país. En El mapeador de ausencias, eleva la figura de su padre. Alfaguara es la casa de sus textos en español.
En 'Trilogía de Mozambique', Couto narra a su manera la historia colonial de su país. En 'El mapeador de ausencias', eleva la figura de su padre. Alfaguara es la casa de sus textos en español. Foto: ALFAGUARA

ARCADIA: Usted es el primer autor en portugués en ganar el Premio Nabokov PEN, y me pregunto sobre el impacto que tuvo y si, para usted, alguien que abre una puerta a un idioma entero, significa una presión...

M.C.: Yo me siento muy bien, muy feliz, pero con la misma honestidad le digo que en los premios no pienso nunca. Y cuando llegan, siento que fue un error, que se equivocaron. A mí no me ha cambiado, e incluso, no veo tan claro si ha cambiado mi carrera. Pero si abre puertas para mí y para los mozambiqueños, eso me es importante. En muchos lugares del mundo, llego y digo que vengo de Mozambique, y las personas ni siquiera saben qué es Mozambique. Por eso, donde yo voy, llevo libros de mis colegas mozambiqueños e información sobre lo que es el país culturalmente, etcétera.

ARCADIA: Es un embajador...

MIA COUTO: Yo creo que sí. Sin yo quererlo, soy un embajador que cree que la literatura puede hacer un trabajo de juntar mundos.

ARCADIA: El escritor alemán Daniel Kehlmann siente que la literatura está llegando a un nicho muy específico y pequeño.

M.C.: Concuerdo con el colega escritor en que la literatura está siendo reducida a un nicho y creo que es así por razones del mercado. La mayor parte de las editoriales ya no publican poesía porque no vende. El criterio mercantil y el criterio de la mercancía se impusieron en el mundo de la creación, no solo de la literatura. La canción de autor y los cantautores perdieron su espacio.

El reconocimiento de un escritor en Mozambique es casi como el de un jugador de fútbol. Es algo muy curioso, porque me paran en la calle personas que nunca me han leído, pero que saben que yo soy escritor. Ellos no quieren solo tener una relación de fan e ídolo, me quieren contar una historia.
Mia Couto

De cualquier manera, puedo decir que en Mozambique eso no sucede aún. El reconocimiento de un escritor en Mozambique es casi como el de un jugador de fútbol. Es algo muy curioso, porque me paran en la calle personas que nunca me han leído, pero que saben que yo soy escritor. Ellos no quieren solo tener una relación de fan e ídolo, me quieren contar una historia. Es como si yo fuera un pasaporte desde el mundo de la oralidad hacia el de la escritura. Me dicen: “¡Cuenta esto de mi vida, habla sobre esto!”. Me lo encargan, me dan un recado, y eso es muy bonito, porque la literatura recupera así su papel como puente entre la oralidad y el mundo de los otros. Pero aquí también tenemos que relativizar: la literatura siempre fue una burbuja, el mundo de una pequeña élite.

“Es mi novela más oscura y divertida”: Daniel Kehlmann habla con ARCADIA sobre ‘El director’ y el cine en el Reich

ARCADIA: Se prohíben libros, ahora en Estados Unidos, donde Cien años de soledad no se puede leer en Florida. Y quería su opinión y su recomendación de algo que merezca más lectores...

M.C.: Este renacimiento de una censura, esta prohibición de ciertos libros es un horror. Y no creo que se pueda decir que está bien hacerlo con ciertos libros, que ciertos autores... Prohibir cualquier autor está mal. Bueno, excepto, el Mein Kampf de Hitler. Pero yo, que me sitúo en el cuadrante de la izquierda, incluso radical, creo que también cometimos algunos errores.

Tuve una situación con un libro que fue editado en Alemania, y hay un personaje, un portugués colono, colonial y racista que se refiere a alguien como “el negro de mierda”; pero la editorial no permitió que eso quedara así. Yo tenía que suavizar el lenguaje de ese hombre al que yo quería caracterizar como racista.
Mia Couto

Hubo cancelaciones en nombre de la libertad y de un mundo más justo, hubo señalamientos y hubo cancelación del lenguaje en los libros... Yo hoy me vigilo a mí mismo, sobre todo en las traducciones... Tuve una situación con un libro que fue editado en Alemania, y hay un personaje, un portugués colono, colonial y racista que se refiere a alguien como “el negro de mierda”; pero la editorial no permitió que eso quedara así. Yo tenía que suavizar el lenguaje de ese hombre al que yo quería caracterizar como racista. En nombre del antirracismo, quien estaba siendo racista era esa sensibilidad porque estaba tratando de endulzar, suavizar el lenguaje de un hijo de puta, por decir una palabrota ahora…

‘La envidia’, de Isabel Botero: Radiografía de una pasión sombría

ARCADIA: ¿Cómo siente el presente del continente africano? ¿Es importante que África se sienta unida?

M.C.: La pregunta es difícil porque las Áfricas son varias y muy diversas. Sí hubo un momento histórico inicial, en los años 1950, 1960, en los que África se veía como una entidad unida. Era el momento de la afirmación, de las independencias, y había una Unión Africana, como ahora existe la Unión Europea, pero eso está muy diluido actualmente. Hoy cada nación tiene su propia estrategia, su propia preocupación. El reconocimiento de la diversidad fue importante también en el sentido de que los mismos africanos se descubrieron: no somos todos iguales, somos diversos. Y desde luego hay una África del norte, que es una África no negra, y una África más del sur, una África más negra, etcétera. Aun así, las diferencias étnicas, y dentro de las etnias, son tan fuertes como en cualquier otro lugar del mundo. Es como si yo lo confundiera a usted, colombiano, con un argentino o cualquier cosa así. Entonces, creo que se vive un momento de afirmación de esa diversidad.

El prejuicio contra África ha ido cambiando. Primero, África no tenía historia; después, no tenía cultura; más tarde se fue aceptando, sí, bueno, tiene historia, tiene cultura, pero se fue volviendo exótica, de una forma folclórica que anula la fuerza y vitalidad de esas culturas y de esas historias. Después fue: “África no tenía moral. Es allí donde están los corruptos”. Ahora ya no se puede decir lo mismo. Ya no se puede decir eso después de este circo que hay en Estados Unidos...
Mia Couto

También creo que el prejuicio contra África ha ido cambiando. Primero, África no tenía historia; después, no tenía cultura; más tarde se fue aceptando, sí, bueno, tiene historia, tiene cultura, pero se fue volviendo exótica, de una forma folclórica que anula la fuerza y vitalidad de esas culturas y de esas historias. Después fue: “África no tenía moral. Es allí donde están los corruptos”. Ahora ya no se puede decir lo mismo. Ya no se puede decir eso después de este circo que hay en Estados Unidos, que sería el país de referencia. Ya nadie puede decir nada sobre nadie...