ARTES VIVAS

Sergio Blanco, gran invitado al FIAV, habla con Arcadia de ‘Tierra’: “En el teatro, dos y dos son seis”

Un sensible innovador cuyas obras se adaptan en el mundo entero, el francouruguayo es invitado de lujo al Fiav 2026 con una obra en la que procesa la muerte de su madre de manera hermosa. Esto nos dijo sobre su arte, la mirada y la vida.

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Alejandro Pérez Echeverry
27 de febrero de 2026, 11:00 p. m.
El Fiav (del 27 de marzo al 5 de abril) tiene el foco en la Comunidad de Madrid y el Caribe colombiano, pero ofrece obras de todos los rincones del mundo y de este país. 'Tierra' es una imperdible.
El Fiav (del 27 de marzo al 5 de abril) tiene el foco en la Comunidad de Madrid y el Caribe colombiano, pero ofrece obras de todos los rincones del mundo y de este país. 'Tierra' es una imperdible. Foto: Nairí Aharonián

Vale madrugarle a la segunda edición del Fiav, la fantástica avalancha teatral y de artes vivas que se tomará la ciudad en Semana Santa (27 de marzo al 5 de abril), porque hay demasiadas opciones para amantes del teatro, para familias y para curiosos por igual como para serle indiferente.

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Entre esa oferta nutrida, con montajes en múltiples formatos de todos los rincones del mundo y de este país, aparece el teatro de Sergio Blanco, uno de los dramaturgos en habla hispana más representados en el planeta, si no el más: para la muestra, su texto La ira de Narciso estrena adaptaciones en Bogotá (el montaje se llama Blanco), y en Tokio esta semana. Al Fiav 2026, Blanco trae Tierra, una obra que explora el duelo por una madre que murió, pero que le dio la vida, las letras y la magia del teatro, e iluminó a muchos más desde los salones de clase donde enseñó. Al respecto de la magia de las tablas y cómo el teatro debe mutar con los tiempos, esto le dijo a Arcadia.

Las obras de Sergio Blanco (Montevideo, 1971) se presentan en muchos rincones del planeta. Desde chico, el dramaturgo supo que el teatro sería su camino.
Las obras de Sergio Blanco (Montevideo, 1971) se presentan en muchos rincones del planeta. Desde chico, el dramaturgo supo que el teatro sería su camino. Foto: ©ShowNote

ARCADIA: ¿Cuándo supo que la dramaturgia y el teatro iban a ser su camino?

SERGIO BLANCO: El teatro es el placer de organizar el espacio en movimiento para ser visto, y desde muy pequeño cultivé y activé mucho la mirada, la mirada sobre el mundo, sobre las personas, sobre las cosas, sobre una abeja posándose en una planta, sobre el movimiento de las estrellas fugaces, sobre el cambio de luz en un semáforo o la manera en que puede caer una pelota de baloncesto. Siempre me fascinó ver las cosas, tratar de comprenderlas y organizarlas en el espacio. Esa fascinación me llevó al teatro.

ARCADIA: ¿Qué dramaturgos y obras influyeron en usted?

S.B.: El ejercicio de esa mirada empezó desde muy pequeño, y también sin lugar a duda, fueron entrando los grandes clásicos del Teatro Universal. Desde muy niño, mi padre y mi madre me llevaban a ver obras de teatro en la Comedia Nacional de Uruguay, donde estoy ahora, montando mi texto El síndrome de Stendhal. La primera obra que vi la tengo impresa en la retina, no de mi ojo, sino de mi alma. Fue El burgués gentilhombre, de Molière. No tendría más de 10 años y recuerdo el impacto profundo que me generó ver levantarse el telón del Teatro Solís, porque se abrió una ventana al mundo de la ficción, que me cautivó y me sedujo. Descubrí que había un espacio que venía a suspender el peso insoportable de la realidad, en el que sucedían cosas extraordinarias y que escapaba a las leyes de la física, de la matemática y de lo real. En ese mundo, dos y dos eran seis, ya no eran cuatro, y eso me resultó fascinante. A partir de ahí, seguí. Después de Molière, vinieron Shakespeare, Ibsen, Sófocles, las grandes tragedias, las grandes comedias, Goldoni; llegué al teatro de Beckett, de Ionesco, y todo eso fue formando al joven que deseaba estudiar dramaturgia y dirección teatral.

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ARCADIA: Se dice que en sus obras el escenario es una plataforma audiovisual. ¿Cómo describe su teatro?

S.B.: El escenario es una plataforma en donde está en juego la mirada, lo que se muestra, lo que vemos. En griego antiguo, théatron es el lugar donde se mira. E invitamos a las espectadoras y espectadores a mirar. Por lo tanto, es una plataforma que debe trabajar para esa mirada, que debe estar atenta a lo que está pasando con la forma que tenemos de mirar el mundo.

El teatro y la dramaturgia siempre fueron muy sensibles a los modos de percibir la realidad y el mundo. Y en este momento estamos percibiendo el mundo de formas múltiples, diversificadas por los sistemas actuales; vivimos en redes sociales, en un mundo donde se nos mira por cámaras todo el tiempo, con sistemas fibroscópicos, endoscópicos, y no hay persona que no tenga un teléfono inteligente con cámara. Y las inteligencias artificiales también nos están escuchando y mirando de alguna manera…

'Tierra' de Sergio Blanco. Fotografía Nairí Aharonián.
Tierra es un espectáculo notable del que Sergio Blanco ha realizado varias temporadas y giras por América Latina y Europa. Su montaje viaja al Fiav desde Uruguay. Foto: Nairí Aharonián

Así, se ha rediseñado la forma en que el ojo está mirando. El ojo es un órgano que en estas últimas décadas ha cambiado mucho en su manera de percibir el mundo. Ya no lo percibimos más de izquierda a derecha en una lectura o de derecha a izquierda en una lectura de páginas, sino que recibimos en un mismo momento un montón de información que el ojo puede recibir, y descifrar y decodificar al mismo tiempo. Y el escenario debe tomar la temperatura del ojo, saber qué está pasando con ese ojo. El ojo de un o una joven de 20 años que se acerca al teatro es un ojo que puede percibir distintas cosas al mismo tiempo y comprenderlas todas. Creo que nosotros, hombres y mujeres de teatro, tenemos que entender ese ojo, y escribir y montar obras que permitan a los espectadores encontrar ese placer de lo diversificado.

Yo trabajo mucho con lo visual, pero también con lo acústico, lo auditivo, con pantallas, con cámaras y con una forma de contar el teatro donde no necesariamente es una representación mimética de lo real, sino una exposición, un relato múltiple de lo que queremos narrar
Sergio Blanco

Eso lo han entendido las grandes multinacionales para vender sus productos, y creo que en la dramaturgia tenemos que entenderlo para contar las historias que queramos contar. Yo trabajo mucho con lo visual, pero también con lo acústico, lo auditivo, con pantallas, con cámaras y con una forma de contar el teatro donde no necesariamente es una representación mimética de lo real, sino una exposición, un relato múltiple de lo que queremos narrar. En ese sentido, el teatro ha cambiado mucho: no es más una plataforma de reproducción mimética de lo real, sino de reproducción enigmática.

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ARCADIA: Usted es francouruguayo, vive en Francia, trabaja mucho en Uruguay, ¿ni de un lugar ni del otro, o de todos los lugares?

S.B.: A mí me gusta mucho no sentirme ni francés ni uruguayo, sino sentirme el guion en franco-uruguayo, que une y separa. En mí conviven estas dos culturas, estos dos países, estas dos lenguas, estos dos continentes. El castellano es mi lengua materna y el francés es mi lengua paterna, como yo siempre digo. Nací, crecí, me eduqué en los primeros años en Montevideo, pero muy joven, a los 20 años, me fui a París, que fue en donde me formé, en donde estudié, donde hice mi carrera, y en donde vivo.

No es que una cultura haya reemplazado la otra, sino que las dos conviven y batallan, y se pelean mucho en mí. En griego hay una palabra para designar encuentro y guerra que es la misma, pólemos, quiere decir encuentro y guerra. Ese guion para mí es mi pólemos entre estas dos culturas, hay un encuentro, pero una guerra también. El ser bilingüe y binacional es hermoso, pero también tiene algunas heridas. Finalmente, no pertenecer ni a un lugar ni al otro, no tener ni una lengua ni la otra, y al mismo tiempo tener las dos, es un tema complejo.

Es interesante entender que las identidades son algo en perpetuo movimiento, construcción, desconstrucción, y que eso es fascinante de la experiencia humana, justo en este momento, en que el mundo está cayendo en la trampa de los discursos identitarios...
Sergio Blanco

Lo bonito es que las identidades pueden ser múltiples, diversificadas, contradictorias, opuestas, podemos ser una cosa y otra a la vez. Entonces no me siento ni uruguayo ni francés, me siento los dos, y por momentos no me gusta sentirme ni lo uno ni lo otro y estar en esa zona de suspensión.

Y es interesante entender que las identidades son algo en perpetuo movimiento, construcción, desconstrucción, y que eso es fascinante de la experiencia humana, justo en este momento, en que el mundo está cayendo en la trampa de los discursos identitarios. Porque estos pueden ser muy peligrosos y llevarnos a encerrarnos en la claustrofobia de la identidad, pensando que la identidad es una jaula o algo que tenemos que defender, de lo cual tenemos que estar orgullosos, y llevan al totalitarismo o a sistemas fascistoides del pensamiento.

"Tierra la escribí a partir del fallecimiento de mi madre, y cuento la historia de este personaje, de mi alter ego, que en ese camino de duelo, de dolor, va al liceo en donde su madre trabajó toda su vida", explica el dramaturgo.
"Tierra la escribí a partir del fallecimiento de mi madre, y cuento la historia de este personaje, de mi alter ego, que en ese camino de duelo, de dolor, va al liceo en donde su madre trabajó toda su vida", explica el dramaturgo. Foto: Nairí Aharonián

ARCADIA: ¿Cómo conecta Tierra con sus otros montajes y cómo se separa?

S.B.: Siempre el trabajo de uno se conecta con lo que uno viene haciendo; eso va formando la poética de un artista. En el fondo, todas mis obras son una sola obra, si bien en cada una toco asuntos distintos. Tierra la escribí a partir del fallecimiento de mi madre, y cuento la historia de este personaje, de mi alter ego, que en ese camino de duelo, de dolor, va al liceo en donde su madre trabajó toda su vida y da cita a tres personas que la conocieron para que le puedan hablar de ella. Allí encuentra tres personajes y, a partir del encuentro con esas personas, da con cosas que desconocía de su madre. No habla tanto de la muerte, sino del camino que viene después de la muerte y de cómo ese duelo se puede transitar. Sin lugar a dudas, con dolor, con amargura, con tristeza, con melancolía, pero también con belleza. Porque, a medida que va encontrando a esas personas y va reconstruyendo parte de la vida de su madre, va entendiendo que los muertos finalmente no están tan muertos. Viven en nosotros, en el recuerdo, en el relato de los demás. Y los muertos no quieren que nos olvidemos de ellos. Desde el más allá, de alguna manera, nos están pidiendo que los recordemos.

No habla tanto de la muerte, sino del camino que viene después de la muerte y de cómo ese duelo se puede transitar. Sin lugar a dudas, con dolor, con amargura, con tristeza, con melancolía, pero también con belleza.
Sergio Blanco

ARCADIA: ¿Por qué traer Tierra a este FIAV?

S.B.: No fue una elección mía. El festival y el equipo de dirección nos invitó con este espectáculo, que fue el último que yo dirigí en Montevideo. Y para mí es un honor siempre estar en Colombia, ya sea dictando seminarios, cursos, montando espectáculos (que lo he hecho también en Bogotá) o con equipos colombianos que montan textos míos. Esta vez, es un espectáculo mío que va que va a viajar a esta fiesta del teatro y para mí es hermoso. Ya hemos viajado a Colombia en otras ocasiones con otros espectáculos y encontrar el público colombiano para mí es un verdadero placer.

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ARCADIA: Su código es el de la autoficción. ¿Cómo lo libera y qué retos le implica?

S.B.: La autoficción consiste en escribir a partir de vivencias reales o ficticias que uno ha tenido y que va mezclando con ficción. Se inventa mucho en la autoficción. En la autobiografía, quien escribe se compromete a contar la verdad de los acontecimientos vividos. La autoficción es lo opuesto: uno se compromete a que va a mentir. Uno va a hablar de uno, pero va a mentir. En ese género de la autoficción trabajo yo.

En la autobiografía, quien escribe se compromete a contar la verdad de los acontecimientos vividos. La autoficción es lo opuesto: uno se compromete a que va a mentir. Uno va a hablar de uno, pero va a mentir. En ese género de la autoficción trabajo yo.
Sergio Blanco

Después de la muerte de mi madre, me pareció interesante escribir un texto en el que ese camino mío, que estaba viviendo de dolor, pudiera convocar a mi madre muerta. Mi madre fue una persona que me marcó mucho, fue una gran helenista, poeta, estudiosa del lenguaje, con quien yo tenía grandes conversaciones. Toda mi vida, con mi madre no hice otra cosa más que hablar de literatura. Desde muy pequeño fue casi quien me enseñó a escribir y a leer también. Fue quien me introdujo en el mundo de la literatura infantil primero, después de la literatura adolescente y finalmente de la literatura en general. Escribir una obra en torno a ella me permitió ir a buscar sus archivos, leer sus poemas, leer sus apuntes, y eso me llevó a que, durante los procesos de escritura de esta obra, en plena soledad en París, en mi escritorio, en mi biblioteca, yo pudiera de alguna manera seguir dialogando con mi madre, pese a que ella ya estaba muerta.

'Tierra' de Sergio Blanco. Fotografía Nairí Aharonián.
"San Agustín decía una cosa hermosa: las letras fueron inventadas para poder conversar con los muertos. Y la literatura tiene eso. El texto escrito tiene eso", dice Blanco. Foto: Nairí Aharonián

San Agustín decía una cosa hermosa: las letras fueron inventadas para poder conversar con los muertos. Y la literatura tiene eso. El texto escrito tiene esa capacidad inmortal que hace que las personas no estemos más en este mundo, pero que lo que hayamos escrito siga allí y podamos seguir dialogando. Esta fue una forma de dialogar con mi madre muerta, y eso fue algo muy bonito.

ARCADIA: Ha mencionado la importancia de que el teatro esté comprometido con su tiempo, ¿esta nueva obra que está a punto de abrir en Uruguay va por esos lados?

S.B.: De alguna manera el teatro siempre es una propuesta de cambiar el mundo. Más allá de los temas que aborde; uno puede estar hablando de algo que no necesariamente es un mensaje político, pero el propio acto teatral, en un mundo en donde estamos empatizando con otros, cambiando, modificándonos, transformándonos... porque un actor se transforma en un príncipe, una actriz se transforma en la luna, como en Bodas de sangre, ese mecanismo que hace que cambiemos, creo que es el gran mensaje político que tiene el teatro. La posibilidad de que siempre se puede y siempre es posible cambiar.

En término geopolíticos, este momento nos está tocando vivir un momento donde tenemos a grandes irresponsables manejando el poder de las grandes potencias, a grandes irresponsables que están jugando ya no con la dignidad humana, sino con el propio planeta, y están poniendo en riesgo nuestra existencia misma.
Sergio Blanco

Yo creo que estamos viviendo momentos profundamente oscuros, desoladores. Creo que todo ser humano vive siempre su presente como un momento doloroso, no es que este sea más duro que los demás. Podemos agarrar a cualquier persona del medioevo de la cultura precolombina o del mundo fenicio y también viviría mal su presente, porque el presente es lo que nos toca vivir y es complicado vivir el presente. Pero, en término geopolíticos, este momento nos está tocando vivir un momento donde tenemos a grandes irresponsables manejando el poder de las grandes potencias, a grandes irresponsables que están jugando ya no con la dignidad humana, sino con el propio planeta, y están poniendo en riesgo nuestra existencia misma, con los desastres ecológicos que estamos haciendo, con las guerras que estamos desencadenando, con las miserias que estamos produciendo, con las migraciones forzadas que estamos causando, con la tala de los bosques, con el deshielo de las banquillas y con el exterminio de las especies que habitan este planeta.

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Y ni hablar el desastre que estamos haciendo con las masacres, los genocidios, la muertes. Podemos borrar de la geografía de nuestro planeta poblaciones enteras. Todo eso es tristísimo. Esta especie de neoliberalismo devastador que nos prometía traer felicidad no está haciendo otra cosa más que dosificar una destrucción terrible de algo tan bello como es el ser humano en un planeta. Entonces, es un momento, sin lugar a dudas muy doloroso. Estamos asistiendo a guerras impunes llevadas por drones; a invasiones impunes de potencias que se permiten entrar en otros países y hacer lo que quieren; a guerras que se desencadenan por medio de aranceles impositivos que terminan destruyendo las economías más básicas.

Es todo muy angustiante y desolador, pero el teatro es un lugar en donde, como decíamos, se puede interrumpir un poco el peso insoportable de ese mundo. Ahí nos encontramos distintas personas a extasiarnos ante la maravilla que es la diversidad de los seres humanos, el claroscuro de lo que somos.
Sergio Blanco

Es todo muy angustiante y desolador, pero el teatro es un lugar en donde, como decíamos, se puede interrumpir un poco el peso insoportable de ese mundo. Ahí nos encontramos distintas personas a extasiarnos ante la maravilla que es la diversidad de los seres humanos, el claroscuro de lo que somos los seres humanos. Y digo todo esto porque en particular esta obra nueva, El síndrome de Stendhal, que estrenaré en un mes, habla de que el ser humano es un claro oscuro. Somos una diversidad, somos muy complejos, y el teatro es un lugar donde venimos a observar, a emocionarnos ante esa complejidad que somos los seres humanos, que podemos ser maravillosos y monstruosos a la vez.

Gonawindúa: el corazón del mundo, Teatro Cenit/OGT, Colombia
Otras obras invitadas al FIAV 2026: Gonawindúa: el corazón del mundo, Teatro Cenit/OGT, Colombia Foto: FIAV-API

ARCADIA: Sus obras se han presentado en decenas de países de distintas creencias y miradas políticas. ¿Qué le han dejado las reacciones de estos públicos tan distintos?

S.B.: He tenido la dicha de viajar mucho, de estar en los cinco continentes, no solamente para ver mis espectáculos, sino también para dar seminarios, cursos, talleres. Y algo que me ha confirmado, por ejemplo, el poder estar en un lapso de dos meses en Buenos Aires, Nueva York, Londres, Nueva Delhi y Tokio, es que más allá de las diferencias, de las culturas, de las distancias filosóficas, culturales, lingüísticas, teológicas, los seres humanos somos mucho más similares de lo que imaginamos. Todos queremos enamorarnos y todos les tenemos miedo a la muerte. Eso hace que haya algo universal en el ser humano que nos hace tan frágiles y tan fuertes a la vez.

Algo que me ha confirmado el poder estar en un lapso de dos meses en Buenos Aires, Nueva York, Londres, Nueva Delhi y Tokio, es que más allá de las diferencias, de las culturas, de las distancias filosóficas, culturales, lingüísticas, teológicas, los seres humanos somos mucho más similares de lo que imaginamos.
Sergio Blanco

Esto no quiere decir que no exista esa diversidad, que está bien y que tiene que existir, de creencias, de lenguas, de culturas, fundamental para que exista la vida. Pero, más allá de todas esas diferencias, hay algo que tenemos los seres humanos. La dicha y la suerte de poder conocer todas estas culturas tan distintas que montan mis espectáculos me permite también trabajar con mucha proximidad con distintas personas tan diferentes, y me hace constatar que así estemos en Tokio, en Buenos Aires o en Londres, no somos tan diferentes.

Baco polaco, Teatro San Martín, Argentina
Otras obras invitadas al FIAV 2026: Baco polaco, Teatro San Martín, Argentina Foto: FIAV-API

ARCADIA: ¿El tiempo le da para saber de otros montajes que vendrán a Bogotá?

S.B.: No conozco todavía la programación, y sucede en los festivales que estamos todos con tanto trabajo, con ensayos y las mismas horas, que a veces no podemos ver el trabajo de los demás y las demás colegas. Pero es algo que trato de hacer porque uno aprende muchísimo, al menos yo, viendo el trabajo, viendo otras poéticas, viendo otras maneras. El teatro tiene eso de bello también, que acepta distintas poéticas, y que cuantas más poéticas haya, mejor es. Y yo disfruto mucho siempre pudiendo ver a otras creadoras, a otras directoras, a otros dramaturgos. Trato de hacerlo todo lo que puedo porque es allí en donde en donde hoy en día encuentro que está mi escuela, en ver qué están proponiendo las demás personas.

Serie numérica, Tao Dance Theater, China
Otras obras invitadas al FIAV 2026: Serie numérica, Tao Dance Theater, China Foto: FIAV-API
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ARCADIA: En Bogotá, Johan Velandia estrena ‘Blanco’, una adaptación de una de sus obras, ¿qué opinión le merece?

S.B.: Estoy en comunicación muy seguida con Johan y con todo el equipo. Yo conozco mucho a desde hace unos años. Soy un gran admirador de su trabajo, de su escritura, de sus puestas en escena y de su pensamiento teatral. Es una persona que las veces que he estado en Colombia y que me he sentado a conversar con él, he tenido siempre diálogos muy fructíferos y fascinantes, no solamente sobre el teatro, la dramaturgia, las artes escénicas, sino también sobre el arte en general, sobre el mundo y sobre la vida. Para mí es un honor que él junto con todo su equipo esté montando este espectáculo que yo quiero mucho, La ira de Narciso, que se está estrenando también en estos días en Tokio. Es una obra hermosísima y para mí es un honor que un creador con la inteligencia, la sensibilidad, la cultura y el conocimiento del escenario y del teatro y de la palabra que tiene Johan que esté montando este texto. Me produce una profunda felicidad y, sobre todo, me interesa ver cómo ese equipo se encontró con el texto, ver qué pudo hacer, porque los dramaturgos cuando escribimos una obra proponemos algo, pero después es todo un equipo el que viene a ampliar, a embellecer, a volver inmenso eso que uno escribió en el papel.

Numancia, Teatros del Canal, España
Otras obras invitadas al FIAV 2026: Numancia, Teatros del Canal, España Foto: FIAV-API