Este fin de semana, en nuestra edición impresa, dedicamos un doble página imperdible a Tom Morello, un ícono musical que desde 1992 viene volando cabezas y despertando conciencias. Lo ha hecho por medio de la música de bandas icónicas como Rage Against the Machine (una banda como nada antes y como nada después), Audioslave (conjurando alma con Chris Cornell, ¡nada más!) y varias más, haciendo de su guitarra un vehículo de sonido supersónico y también de mensaje.


Lógica no le falta. Graduado de ciencia política en Harvard, educado por una madre soltera llena de consciencia social, Morello siempre ha tenido una mirada crítica sobre este mundo de gobiernos y corporaciones que aplastan al hombre trabajador, a su educación y a la igualdad que se profesa. Y a través de las potentes ondas que emite, propaga y comparte desde su instrumento navegan impulsos de resistencia y llamados a despertar (“Wake Up”, si no la han escuchado hace poco, nunca cae mal).
El texto, que podrán leer desde el sábado en este portal y en página, nace de esta charla de 20 minutos con el ícono, que mucho revela sobre él y compartimos entera. Metalero de corazón, punkero de espíritu, hijo y padre presente y entregado, Morello habló con Arcadia el viernes pasado con motivo de los conciertos que dará a finales de marzo de 2026 en Bogotá; uno de ellos tendrá lugar en el Festival Estéreo Picnic (cuya edición de aniversario 15 mejoró mucho con las cancelaciones y sus reemplazos; Morello siendo uno de ellos); el otro, más extenso, dos días antes, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Esto nos dijo el genio antes de hacer historia con su primera visita al país.


ARCADIA: Tom, qué honor hablarle. ¿Dónde lo encontramos ahora mismo?
TOM MORELLO: Estoy en casa, en Los Ángeles, pero tengo que marcharme pronto. ¡Estamos celebrando el Mes de la Historia Afroamericana en el colegio de mis hijos y tengo responsabilidades!
ARCADIA: No le quitaremos mucho tiempo, para que pueda hacer lo suyo como papá. Finalmente viene a Colombia. ¿qué sabe sobre nuestro país y qué lo motiva a venir?
T.M.: Sobre el país sé una cosa, y es más bien vergonzosa: nunca he tocado allí. Y no puedo expresarles lo mucho que deseo tocar allí, pero puedo darles varias razones. Primero, sé que hay muchos fanáticos que han esperado toda su vida para escuchar la música de Rage Against the Machine, Audioslave, Prophets of Rage y mi material solista, interpretada por mí, y no veo la hora de entregar lo prometido.
Otra razón es que amigos que han tocado allí han tenido experiencias increíbles, y es mi turno… Y, por último, con Mary Morello, mi madre de 102 años, tenemos una competencia sobre quién ha visitado más países. Actualmente me lleva una ventaja de tres países, y si llego a Colombia, la ventaja se reduce a dos...



ARCADIA: Va a tocar dos shows en Bogotá, un concierto individual (19 de marzo) y un concierto en el Festival Estéreo Picnic (21 de marzo). ¿Cómo arma sus setlists? ¿Qué pueden esperar sus seguidores?
T.M.: Yo tengo muy en cuenta que es la primera vez que toco allá, así que realmente quiero entregar lo prometido. Para el show del festival, vamos a tocar canciones de Rage Against the Machine, de Audioslave (no podré estar allí con Chris Cornell, pero él estará allí en espíritu). Quiero tocar la guitarra lo mejor que pueda para los fanáticos, y también conectar con ellos a través de mi material solista, en el que creo firmemente. Hay que hacer un show que le dé a la gente lo que quiere, pero que sea artísticamente fiel a lo que es uno.
En el show individual la cosa se pone realmente especial. Porque la primera vez que tocamos un show individual en un país tocamos mucho tiempo. Y el de Bogotá será el último show de la gira, así que intentaré tocar canciones de cada banda en la que he estado, desde lo hecho con Bruce Springsteen hasta mi banda de la preparatoria. ¡Nunca se sabe que pasará! Vamos a echar mano de todos los trucos y a darlo todo de nosotros porque allá nos han esperado mucho, han sido muy pacientes.

ARCADIA: Sus conciertos son una experiencia supersónica. Cuéntenos hasta dónde ha llevado su exploración en términos de sonido, en términos de equipo, para llegar a ese lugar y tener ese efecto físico en su audiencia...
T.M.: A lo que más le atribuyo llegar a ese punto es al fracaso. Les explico. A los 13 años, compré una guitarra barata de 50 dólares y quería aprender canciones de Kiss y Led Zeppelin. Pero fui a la tienda de música y me dijeron: “No, no, no, no, no... Tienes que aprender a afinar la guitarra y tienes que aprender a tocar la escala de Do mayor”. Y me sonó aburrido así que lo dejé. No volví a tocar la guitarra durante cuatro años. Por eso, no empecé hasta los 17 años. Ahí viví mi primer fracaso, pero el no tener la paciencia para practicar cuando tenía 13 años me abrió la puerta a aprender por mi cuenta.
Unos años después, con el primer cheque que me gané trabajando en Los Ángeles fui donde un luthier al que Steve Vai le había encargado una guitarra y le pedí que me hiciera una. Y fue una terrible. Otro fracaso absoluto, porque malgasté mi dinero. Sonaba mal, se veía horrible y tocarla se sentía raro. Y me quedé enganchado con esta guitarra horrible. En mi cabeza yo tenía un sonido que quería tocar, y no lo logré. Así que me rendí. Fracasé, pero me dije: “Estoy pasando demasiado tiempo preocupándome por cómo sueno y muy poco tiempo creando”.
Y bueno, el sonido de esa guitarra ha estado presente en todos los discos de Rage Against the Machine, en todos los discos de Audioslave, y en los 21 álbumes que he grabado... “ese sonido fallido”. Y vino otro fracaso que fue crucial para desbloquear mis habilidades como guitarrista.
Antes de armar Rage Against the Machine estuve en una banda llamada Lockup, con la que hicimos un disco desastroso para Geffen Records. Ahí fracasé como artista discográfico. Tenía 27 años y era “un viejo” que había malgastado su oportunidad de ser una estrella de rock…
Pero, como todavía era músico, me hice un voto solemne de nunca volver a tocar una nota de música en la que no creyera. Y fue ahí que empecé a escribir las canciones de Rage Against the Machine. Y ahí que decidí “ser el DJ” de la banda y me dejó de importar lo que el resto pensara de mi sonido. No había ninguna guitarra que sonara así en la radio, y la gente me decía: “¡No hagas eso, para sonar en la radio!”. Y yo mandé todo al carajo! “Nunca voy a sonar en la radio de todos modos, así que más me vale ser yo mismo”...

ARCADIA: Sus riffs sacuden suelos, cambian estados de ánimo, interfieren con geografías, pero quería preguntarle sobre sus versátiles solos. Usted nos regala un solo legendario y elaborado en “Like a Stone”, nos regala otro en “Vietnow” que con dos notas mueve el piso. ¿Qué solo suyo le significa más que el resto?
T.M.: Hay varios, pero probablemente diría el solo de “Know Your Enemy” porque combina la técnica que acumulé practicando 20,000 horas y maquinando con el interruptor de palanca de la guitarra de manera muy poco convencional.
Yo recuerdo que Rage Against the Machine alcanzó la mayoría de edad en una época donde no había solos de guitarra en las canciones, sonaban Nirvana, Tool, Alice in Chains (con solos poco convencionales). Y en mi primera entrevista para la revista Guitar World, el entrevistador, desdeñoso y suspicaz, me preguntó si había ralentizado la cinta para tocar tan rápido, y casi le pego. Le dije: “¡Amigo, no me conoces! ¡Tengo todo el kilometraje de Steve Vai y Randy Rhoads en mi haber, solo que decidí tocar como R2-D2!”.


ARCADIA: El fascismo está cómodo, en aumento y si bien Rage como banda no está junta, ciertamente usted se planta contra una maquinaria abiertamente perversa, ¿alguna vez pensó que llegaría a este punto?
T.M.: Soy un estudiante de la historia. La historia es una maestra. Y ha habido épocas más oscuras que esta, pero soy realista en reconocer los peligros de una teocracia fascista en Estados Unidos, que es muy peligrosa para millones. Pero también soy optimista, porque hay una resistencia que está surgiendo para enfrentarla, como siempre la ha habido en la historia de la humanidad.
No sé cuál será el resultado de esta lucha, pero sí sé que el mundo no va a cambiar solo y que eso depende de nosotros: usted, yo, la gente que leerá esto, mi audiencia en el concierto, los niños en el evento del Mes de la Historia Afroamericana al que voy a ir en 15 minutos...
La historia no es algo que sucede. La historia es algo que hacemos. Yo no elegí ser guitarrista, esto me eligió a mí, y para bien o para mal estoy atrapado en esta vocación. Pero debo tejer mis convicciones en todo lo que hago dentro de esa vocación. Y esto no es algo exclusivo de las artes. Si usted es periodista, carpintero, estudiante, no puede dejar atrás lo que usted es en lo que hace.
Ahora, literalmente, no hay partes neutrales. Si usted está al margen viendo cómo este tren se dirige hacia el fascismo, está del lado equivocado de la historia. Si está tratando de detenerlo, está del lado correcto. Hay tres acciones posibles, luchar contra él, unirse a él u observarlo desde la barrera, pero solo hay dos resultados...

ARCADIA: Predica y aplica. Fue a Minnesota en días oscuros, tocando junto con Bruce Springsteen y marchando con la gente. ¿Cómo se sintió?
T.M.: Hago esto desde que tenía 17 años, así que para mí se siente como un martes cualquiera. Pero es un hecho que el terror de Estado y los asesinatos estilo “Gestapo” de ciudadanos y no ciudadanos por igual, en las calles, es algo que se debe confrontar.
Así que lo único que yo podía hacer era ir y expresar mi solidaridad, en ese gélido frío, y dar un poco de viento a las velas de las personas que están haciendo el verdadero trabajo de organización. Los héroes no son los músicos que aparecen y tocan 45 minutos. Los héroes son las personas que viven en territorio ocupado, que defienden a sus vecinos y que resisten como pueden. Si yo puedo poner la luz sobre esa lucha y concebir un momento de celebración de la resistencia tocando un concierto de rock and roll, es lo que haré, es mi trabajo.
Así inicia la entrevista con el químico loco de la guitarra, Tom Morello, que viene a Colombia a dar dos conciertos: uno en solitario, el 19 de marzo en el Teatro JEG y otro en el Festival Estéreo Picnic, el sábado 21. Lea la entrevista en https://t.co/if1kX8q65f pic.twitter.com/ICZtumnf9K
— Revista Semana (@RevistaSemana) February 26, 2026

ARCADIA: Usted también es un puente hacia una nueva generación de músicos, colaborando con muchos artistas jóvenes. ¿Qué les ha enseñado y qué le han enseñado ellos a usted?
T.M.: Me encanta hacer colaboraciones fuera de mi zona de confort. He tocado con todo el mundo, desde Pete Seeger hasta Wu-Tang Clan, y de cada una de esas experiencias he aprendido algo. Sé que me encanta escuchar mi música a través del caleidoscopio de la visión de otros artistas. El último sencillo que hice fue “Everything Burns” con Beartooth, de quien era fan. Y hasta que trabajamos juntos yo no me di cuenta de que él era un gran fan de Rage y Audioslave.
Ahí pienso: sobre qué tipo de canción podemos crear juntos, y propongo algunos riffs. Y cuando eso que propongo es igualado por el talento de alguien más, dispara la música hacia direcciones sorprendentes. Eso es muy emocionante. He hecho 21 discos (y estoy trabajando en mi vigésimo segundo), y aparte de estos trabajos tengo cientos de colaboraciones individuales. El alma de mi trabajo es mantener un sentido del yo artístico pero reflejado (cual un espejo roto picassiano) en colaboraciones muy variadas.
ARCADIA: Se despidió de Ozzy Osbourne curando un show increíble (un honor bastante grande) y ahora arroja luz sobre Rob Halford y Judas Priest en un documental que codirigió y estrenó en Berlín. ¿Cómo le han impactado estos esfuerzos?
T.M.: El heavy metal es la música que me hizo amar a la música. Así que tengo una gran deuda con Ozzy Osbourne y Black Sabbath. Cuando Ozzy y Sharon se comunicaron conmigo para preguntarme si sería el director musical y curador del último concierto de Black Sabbath en Birmingham, pensé sobre qué significaba eso, y me lo tomé muy en serio. Quería hacer todo lo posible para que fuera el día más grande en la historia del heavy metal (*nota del editor: lo consiguió); quería que las bandas que Black Sabbath creó estuvieran presentes ese día, en ese recinto, para rendirle homenaje a sus héroes mientras estaban vivos.

James Hetfield (Metallica) y Axl Rose (Guns n’ Roses) pudieron besar la mejilla de Ozzy y decirle antes de ese show cuánto lo amaban y lo importante que fue para su música. Y todas las bandas del cartel tocaron su propia música (que tiene el ADN de Black Sabbath) y tocaron una canción o de Sabbath o de Ozzy, a manera de saludo. Y tuvo lugar en el Villa Park, un estadio que está a 20 minutos a pie de casa donde creció Ozzy. Fue hermoso y único, una gran despedida para Ozzy (*el astro murió dos semanas después).

Sobre Judas Priest, también de Birmingham, estuvieron atrás de Black Sabbath solo un par de semanas en la creación del heavy metal. Para mí, fueron una de las bandas más importantes de la historia, más allá del metal. Los riffs de Judas Priest están en cada riff que he creado (no se lo digan a los otros integrantes de Rage Against the Machine, puede que no les guste, pero es cierta).

La historia de Judas Priest, creo, es mucho más grande, porque Black Sabbath creó la música del heavy metal, pero Judas Priest creó la idea y la comunidad del heavy metal, autoidentificándose como metal. Y también tenían algo en común con el punk rock: porque hasta la llegada de Judas Priest, las bandas estaban en un pedestal y uno iba a adorarlas. Y Judas dijo: “Somos la comunidad del metal, ustedes son nosotros y nosotros somos ustedes”, y establecieron un parentesco y una humildad desconocida en el mundo de bandas como Led Zeppelin o Kiss o Aerosmith, etc. En el documental The Ballad of Judas Priest exalto el viaje de Rob Halford, su cantante, como un hombre gay que, durante 27 años siendo una estrella de rock, estuvo en el armario. Y cuando salió, fue un hecho muy significativo para las personas que se sienten diferentes. El hecho que fuera aceptado así por la comunidad metalera global escribe una gran historia de redención: significa que hay esperanza en este mundo.


ARCADIA: Somos fanáticos de su madre y del hecho de que una maestra lo formó. ¿Cómo influye ese tipo de crianza en su propia paternidad hoy?
T.M.: Tengo la gran ventaja de tener una madre única. Mary Morello (tiene 102 años, cenaré con ella más tarde, vive aquí cerca) no leyó ningún manual de crianza. Fue una madre soltera criando al único niño negro del barrio, un hecho altamente desafiante. Ante mí, haciéndolo lucir sin esfuerzo, me mostró cosas que ahora yo intento mostrarle a mis hijos: por ejemplo, el profesar un amor inquebrantable. No había nada que yo pudiera hacer que cambiara el hecho de que ella me amaba y me apoyaba. Siempre abogó por mí con vehemencia, y estaba en cada partido de la Little League (béisbol) y en cada obra de teatro. No lo hacía porque alguien se lo recomendaba, le nacía del corazón.
Además, presencié su firmeza y su búsqueda feroz por la justicia. En una comunidad étnicamente homogénea y muy conservadora, fue una maestra radical en una preparatoria (conservadora). Se opuso a la Guerra de Vietnam y defendió a Palestina... Y es irlandesa-italiana, pero se auto identificó como mujer negra para que yo no fuera la única persona negra en el barrio. En ese entonces, yo veía estos hechos como algo normal, “Así es mi mamá”. Ahora, de adulto, reflexiono y pienso que tuve la mejor madre del mundo. Por mi parte, intento ser solo un pequeño porcentaje de eso para mis hijos, dándoles mi apoyo y la idea de que se puede modelar el cambio en el mundo.

ARCADIA: Si tuviera que elegir una de sus canciones para poner en una cápsula del tiempo, ¿cuál elegiría y por qué?
T.M.: No puedo tomar esa decisión porque el mundo ya la tomó por mí. Es “Killing in the Name”. Y no solo porque es una canción que rockea y tiene un solo genial, sino porque incorpora la tesis de la autobiografía de Frederick Douglas, un esclavo liberado que se convirtió en el gran orador del abolicionismo. Douglas dijo: “El momento en que me convertí en un hombre libre no fue cuando me quitaron las cadenas. Fue cuando el amo dijo Sí y yo dije No”. Y eso es lo que significa “Fuck you, I won’t do what you tell me”. Es el rechazo a la autoridad ilegítima, que está en el corazón de la búsqueda de la justicia.










