Para canalizar la energía de las tardes grises que han marcado el ánimo bogotano, hubo un camino anoche. Lo abrió la banda de Nueva Jersey My Chemical Romance con su música y su imponente y elaborada puesta en escena, que mezcló lo análogo, lo digital y el mero fuego en los aires. Luego de ires y venires, de anunciar y posponer, MCR al fin tuvo su esperado encuentro con el público colombiano, en lo que para muchos fue un momento memorable que agitó adolescencias, tempranas adulteces y momentos fundacionales.

Se escuchó decir a alguien, hacia la salida, que, por su entrega total, al cantante de la banda, Gerard Way, “se le quedó debiendo plata”. Esa idea, vale decirlo, aplica para todos los involucrados: los músicos, los actores, el gran crew que conjura ese magno circo itinerante. Y sí, incluidos también The Hives, que abrieron la noche por lo alto. Esos tipos no saben sino rockear.



Volviendo a MRC, en el lapso de sus más de dos horas de concierto, esta banda, que en escena se despliega como un colectivo artístico, dejó el impacto de sus muchísimos himnos dinámicos proyectados al cielo por un gran sonido y una emotiva ejecución. Sus guitarras son magnánimas, su batería marca los tempos con potencia e intención, y sus sintetizadores, sus violines, su chelo arden cuando deben...
Primero, recrearon su icónico LP The Black Parade, luego sumaron éxitos varios (entre ellos ‘I’m Not Okay (I Promise)’, ‘Na Na Na’ y ‘Helena’). Para sus fanáticos, que en gran medida sumaron mucho color desde sus vestimentas y maquillaje, fue el banquete que esperaban y algo más (este fue el setlist de 24 canciones). Y hago énfasis en una parte que dividió el show. La chelista se quedó sola y dejó un interludio atmosférico impresionante. Para muchos, fue una oportunidad de hablar cháchara, procesar lo que acababan de ver; otros lo admiraron más con cada segundo que pasaba.



Innegablemente, esta es una banda capaz de unir a distintas generaciones. Una particular familia al frente nuestro nos mostró orgánicamente cómo una madre enloqueció con una canción, el hijo con otra y el tío con otra... No hace falta mucho más que esa postal para entender cómo los conciertos se hacen momentos imborrables (entre amigos, familia, pero también en soledad). Eso importa.
Y claro, es obligado destacar la dimensión de su puesta en escena. Porque este concierto maneja códigos de vestuario, performance, maquillaje y secuencias de video genialmente realizadas, con una estética muy particular. Los invitados en escena (la cantante de ópera Charlotte Kelso y un particular personaje indomable) y los actores de dichas secuencias también suman una cuota particular, un tono que va de lo reconfortante a lo premeditadamente incómodo. El arte necesita algo de esa mezcla orgánica. Y las canciones de la banda son muestra de lo mismo, ofreciendo introspección en varios momentos y desatando pogos en otras. El rango de sonidos y emociones de MCR es amplio, y fue afortunado sentirlo.



En ese sentido, el espectáculo equipara y supera lo que han ofrecido otras bandas que han estallado este siglo, que borran la línea entre teatro, película, concierto, performance y videojuego. Lo vimos con Bring Me the Horizon, Avenged Sevenfold, entre otras, en cierta medida. Pero lo de anoche fue un escalón más lejos, con un show de estadio que integró fuego: alto fuego hacia los cielos (impactante cómo se sentía el golpe de calor incluso para quienes estábamos a decenas de metros), y en un punto, ¡marcando el escenario!
En un punto de la noche, Gerard Way aceptó que como banda se habían demorado demasiado en venir; en primer lugar, aseguró que “hace unos 18 años” debieron hacerlo; también abordó el hecho de que este concierto estaba pactado para el 22 de enero y, por ellos, tuvo que posponerse. Y pidió disculpas sin pedirlas, anotando ese detalle y dejando con sus colegas de arte lo que tienen para ofrecer, que fue mucho.

Deshielar a Bogotá: The Hives Forever
A las 7:25 de la noche (25 minutos después de lo anunciado en horarios oficiales), la banda sueca The Hives saltó a escena. En el Vive Claro algo ha demostrado ser duro, y es abrir la noche, especialmente entre el viento polar y el amago de lluvia. Pero si alguien podía romper con el frío de los 2.600 metros, eran estos tipos.

Y lo hicieron, claro que sí, escogiendo un repertorio que sumó éxitos conocidos como ‘Come On!’ (qué barbaridad cuando se desata), ‘Tick Tick Boom’ y ‘Hate to Say I Told You So’, y que no pidió permiso para enfocarse en sus dos trabajos más recientes. ¿Extrañé escuchar ‘Main Offender’?, claro, pero no cambiaría nada, porque en su lugar tronó una canción como ‘Legalize Living’. A The Hives se les respeta el envión que escojan.

“Si estás viendo a The Hives por primera vez, no permitas que sea la última vez”, lanzó al público su cantante, recreacionista y humorista Pelle Almqvist. “¡Más tarde en el escenario aquí, My Chemical Romance!”, añadió luego, arengando a las masas, “pero primero, ¡más música de The Hives!”.
La comedia de Almqvist eleva la experiencia de ver a esta genial banda, por su español levemente accidentado, sincero y MUY ENTENDIBLE. Ser chistoso en otro idioma no es fácil, pero este sueco ha hecho la tarea desde siempre para que nos podamos reír con él entre canciones.

Y es claro que esta interacción que propone funciona porque la música arrasa incontestablemente. El cantante recalcó que en este país han dado sus conciertos favoritos, y si bien no alcanzó la épica de lo que dejaron en el FEP 2025 (era imposible, ¡vencieron a una tormenta!), fue una genial noche que ratificó que a The Hives se les debe ver cuando se pueda, porque no tienen manera de decepcionar.



Notas de concierto
*Hacia el frente, muchos seguidores y seguidoras de MCR derramaron lágrimas profusas. Algunas personas se desmayaron al verlos salir a escena. Ojalá hayan podido recuperarse y disfrutar del concierto.
*El índice del agua alcanzó los 12.000 pesos por botella en puestos autorizados (algunos de los vendedores errantes cobran 15.000 durante el concierto).

*Crónica dedicada a Yolanda Parra, colega de mil batallas. Toda la fuerza, toda la vida y la mejor suerte en el camino.
