Música y arte

“Swing Heil”: jazz y resistencia en tiempos del nazismo

Los nazis calificaron el jazz como “arte degenerado”, pese a su popularidad en Alemania. En medio de la represión, jóvenes aficionados al swing formaron un movimiento de resistencia cultural.

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25 de mayo de 2026 a las 10:20 a. m.
Josephine Baker actuando en la inauguración de su propio bar en Berlín en 1928, apenas unos años antes de que los nazis tomaran el poder.
Josephine Baker actuando en la inauguración de su propio bar en Berlín en 1928, apenas unos años antes de que los nazis tomaran el poder. Foto: TT/IMAGO

El periodo de la República de Weimar, entre las dos guerras mundiales, se conoce como la “edad de oro” de la cultura y la creatividad en Alemania. Fue una época en la que florecieron movimientos revolucionarios, desde la arquitectura de la Bauhaus y el cine experimental hasta el arte y el teatro de vanguardia, en un contexto de catástrofe económica y polarización política extrema.

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En grandes ciudades como Berlín, repletas de bares clandestinos, cabarets y una vida nocturna hedonista, un género musical radicalmente nuevo alcanzó una inmensa popularidad. El jazz, surgido de las comunidades afroamericanas, fue introducido por primera vez en Alemania por artistas pioneros procedentes de Estados Unidos, Londres y París tras la Primera Guerra Mundial.

Josephine Baker, la bailarina, actriz y artista de jazz nacida en Estados Unidos que alcanzó la fama en el París de los años veinte, se convirtió en una gran estrella en Alemania tras su sensacional debut como la “Venus Negra” en Berlín en 1926. Hacia la década de 1930, los discos de íconos del jazz como Louis Armstrong y Duke Ellington sonaban por todo el país.

Pero, tras la llegada al poder de los nazis, en 1933, las formas de arte modernas como el jazz se vieron sometidas a una presión extrema. Los nazis, defensores de la supremacía blanca, que creían que los pueblos germánicos pertenecían a una “raza aria superior”, trataron de uniformizar la sociedad alemana mediante un proceso conocido como “Gleichschaltung” (homogeneización o uniformización).

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Este fue el proceso de nazificación mediante el cual todos los aspectos de la sociedad, desde la política y el derecho hasta el arte, la música y la vida cotidiana, quedaron sumergidos en un sistema totalitario de control. La Cámara de Cultura del Reich sometió la música, las artes, la literatura, el teatro, la radio, el cine y la prensa a la supervisión del Estado, permitiendo trabajar únicamente a los artistas pertenecientes a organismos afiliados al nazismo.

En 1937 y 1938, los nazis introdujeron las etiquetas “arte degenerado” y “música degenerada” para perseguir a los artistas y las obras de arte que no se ajustaban al ideal nazi de arte y belleza, ni a la cosmovisión racial de los nazis.

En 1935, se prohibió la emisión de jazz, que, con sus raíces afroamericanas, los nazis denunciaban como inferior. Muchos promotores y músicos de jazz eran también judíos, y los nazis difundieron propaganda antisemita y racista sobre sus orígenes.

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Con el tiempo, se prohibió a artistas concretos, así como escuchar emisoras de radio extranjeras. Sin embargo, los nazis nunca prohibieron por completo la música jazz. Debido a su gran popularidad, incluso hubo intentos de crear una forma más “germánica” de jazz.

Así surgió la “Swing-Jugend” (Juventud Swing), un movimiento contracultural entre los adolescentes acomodados de la ciudad norteña de Hamburgo en 1939, que se extendió rápidamente a otras ciudades como Berlín.

Cartel propagandístico de la exposición nazi de 1938 "Entartete Musik" (Música degenerada), con una caricatura racista de un músico de jazz que lleva una estrella de David.
Cartel propagandístico de la exposición nazi de 1938 "Entartete Musik" (Música degenerada), con una caricatura racista de un músico de jazz que lleva una estrella de David. Foto: Fine Art Images/Heritage Images/IMAGO

La juventud bajo el régimen nazi: de la represión a la resistencia

La juventud alemana fue blanco de la propaganda nazi desde la década de 1920. A partir de 1933, escapar del adoctrinamiento se volvió casi imposible, ya que las organizaciones juveniles convirtieron en una herramienta clave para el control ideológico.

Tras restringir la libertad de asociación y disolver los grupos juveniles independientes, el régimen nacionalsocialista creó organizaciones como las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend) y la Liga de Muchachas Alemanas (Bund Deutscher Mädel). Su objetivo era moldear a los jóvenes alemanes para convertirlos en miembros leales y disciplinados de la “comunidad del pueblo” (Volksgemeinschaft), desde una edad temprana.

Pero no todos los jóvenes de la Alemania nazi apoyaban la ideología del régimen y, para algunos, la música jazz se convirtió en un vehículo de rebelión. Los miembros de la Juventud Swing intentaban distinguirse de los movimientos juveniles nazis apropiándose de las tendencias de moda y los nombres estadounidenses. Llevaban el pelo largo y vestían chaquetas a cuadros para reunirse en cafés y clubes donde se tocaba swing, un subgénero del jazz. También se dice que se saludaban entre ellos con la frase: “¡Swing Heil!”.

Es probable que el término “Juventud Swing” tuviera su origen en las autoridades que los perseguían, como etiqueta para los jóvenes que se distanciaban del régimen nazi principalmente a través de su preferencia por el swing. “Defendían una cierta forma de libertad, resistiéndose a la idea de ser iguales a todos los demás”, explica a DW la historiadora Mascha Wilke, de la Fundación para la Memoria, la Responsabilidad y el Futuro (EVZ por sus siglas en alemán).

Aunque la resistencia de la Juventud Swing a la ideología nazi era más cultural que política, no por ello dejó de ser objeto de represión. Sus seguidores fueron incluso vigilados por los servicios de seguridad nazis, que, según el musicólogo Ralph Willett, los acusaban de “anhelar la libertad democrática y la desenfadada informalidad estadounidense”.

Algunos fueron detenidos e incluso enviados a campos de concentración. Wilke también se refiere a un incidente en el que, los presos supuestamente cantaron y bailaron “Jeepers Creepers”, de Louis Armstrong, dentro de un campo, un acto que ella describe como “increíblemente valiente”.

(FILES) In this file photo taken on August 19, 1961 US-born singer-entertainer Joséphine Baker (C left) receives the Legion of Honor and the Croix de Guerre with palm in her Milandes Castle. - The Franco-American artist Josephine Baker will become the sixth woman to enter the Pantheon on November 30, 2021. (Photo by - / AFP)
El 19 de agosto de 1961, la cantante y artista estadounidense Joséphine Baker recibió la Legión de Honor y la Cruz de Guerra con palma en su Castillo de Milandes. El 30 de noviembre de 2021, la artista se convirtió en la sexta mujer en ingresar al Panteón. Foto: AFP
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Entusiastas del jazz y el swing de todas las generaciones se reunieron en el Besselpark de Berlín el 8 de mayo de 2026 para celebrar el 81 aniversario del Día de la Liberación, que conmemora la rendición incondicional de la Wehrmacht, el entonces ejército de Alemania, y para honrar a quienes fueron perseguidos por su amor por el jazz y el swing.

Organizado por la Fundación Memoria, Responsabilidad y Futuro (EVZ), se invitó a los participantes a bailar swing. Los principiantes también recibieron orientación de Natalie Reinsch, historiadora y bailarina profesional de swing que trabaja para la Alianza de Bremen para la Cooperación Germano-Checa, invitada por la EVZ. “Los regímenes totalitarios siempre han reprimido formas artísticas como el swing y el jazz, porque representan la individualidad”, subraya Reinsch.