Después de ver este tremendo documental de dos horas, que llega este jueves 5 de febrero a cines del país, se hizo inevitable pensar en que, al menos, hace noventa años, cuando el cine era el hechizo novedoso de la época, fue un inmejorable vehículo de afirmación y propaganda. Hoy, ni siquiera hace falta el arte elevado; quienes tienen en su interés hacerlo ejercen su acción, aplican su control, logran sus dividendos, perpetúan la división desde las redes sociales, pagando por dirigir un algoritmo y también acceder nuestros datos.

En vida, Leni Riesfenstahl dijo muchas veces que ella hizo lo que millones más hicieron en la etapa de ascenso del Führer, incluido Winston Churchill, “estar fascinada por él y su magnetismo”. Explicó que jamás imaginó las atrocidades que se cometerían bajo sus órdenes. Y fue absuelta, pero ¿qué tan cercana estuvo a dichas atrocidades? ¿Realmente no sabía nada? Todo entra en cuestión en este documental que, como es de esperarse, no la deja bien parada. Y sucede especialmente porque le da a ella la primordial voz: frente a las cámaras, detrás de las cámaras y en el teléfono incluso (en conversaciones que nos hacen sentir voyeristas). Todo esto va dejando la huella de l persona pero también de la megalomanía, de la narrativa auto impulsada por necesidad o fuerza de los hechos que vivió.
Algo es cierto. Riefenstahl pudo haberse recluido, pero se expuso a las cámaras y a varias entrevistas. Quiso instaurar su narrativa y se puso en la línea de la opinión pública para hacerlo. ¿Cómo aborda esta producción a la más famosa cineasta del régimen nazi, que en Triumph des Willens (1935) y Olympia (1938) dejó producciones del régimen para el régimen y también lecciones históricas de propaganda visualmente impactante?

El documental ofrece acceso a miles de fotos, a minutos y minutos de pietaje y de su voz, sus entrevistas y conversaciones telefónicas privadas, así como vasta documentación y testimonios de terceros. No sorprende que las varias realidades que refleja Andres Veiel de su personaje de estudio sean totalmente contrastantes. Para sobrevivir en tiempos tan brutales, había que manipularlo todo, siguiendo el paso del manipulador mayor, Hitler. Riefenstahl lo fue hasta el final de sus días. Hay que aceptar que, para sobrevivir, día a día, muchos hacemos eso mismo.

Viéndolo, uno se pregunta cómo actuaría si la figura prominente de su país, que propaga valores de “supremacía, pureza y belleza”, lo adoptara como su cineasta oficial. Mucha gente hubiera dicho que no; o mejor, mucha gente quiere pensar que se hubiera rehusado, exponiéndose a ser expulsada del círculo de poder y, probablemente, siendo desaparecida al poco tiempo, como lo fueron más de seis millones de personas. Mucha gente se rehusó a muchas cosas y pagó el precio con su vida y la de su familia. Es incómodo mirar a los rincones humanos de seres tan automáticamente condenables. Y eso hace parte del ejercicio en el cine documental, en el arte. ¿Es todo un engaño?

El material: el reto
Al respecto de la producción, que llega este jueves 5 de febrero a salas de Colombia, entramos en contacto con su editor, el mexicano Alfredo Castro. Le preguntamos sobre el reto de ir armando temáticamente estas dos horas, partiendo de una inmensa cantidad de archivo. Esto nos respondió, dándonos una mirada al engranaje de hechos que sucedieron para tener acceso al material y lo que implicó catalogarlo y contar esta historia.

“Implicó un proceso de edición que duró 18 meses, un proceso de producción e investigación que comenzó en 2017 (año en que el archivo de Riefenstahl fue enviado a Berlín) y concluyó con su estreno en la 81. Muestra Internacional de Cine de Venecia. También implicó la formación de un elaborado equipo de investigadores y ‘archiv producers’ que trabajaron en coordinación con Andres y su equipo de edición, compuesto por tres editores y dos asistente, que se dieron a la tarea de navegar en el vasto archivo de la cineasta y propagandista nazi", explica.

¿Cuanto material había y cómo se sortéo? Castro cuenta que se enfrentaron a “700 cajas de material, en gran parte inédito: películas, fotos, grabaciones de audio, llamadas telefónicas y un sin número de documentos que Riefenstahl fue minuciosamente archivando a lo largo de sus 101 años de vida, por lo que en él se encuentran un gran número de formatos que atraviesan la era del mundo análogo (Celuloide, 16 y 35mm, Super 8, etc.) hasta la era digital”.
El editor añade: “La periodista y moderadora de televisión Sandra Maischberger tuvo oportunidad de entrevistar en vida en 2001 a Leni Riefenstahl con motivo de su 100 aniversario y se quedo interesada en su figura principalmente porque tuvo la impresión de que algo ocultaba o que mentía deliberadamente. Y se pregunta por el mecanismo de la mentira y la negación - que alguien se repite tantas veces una mentira o versión distorsionada de su realidad, hasta que lo toma por verdad: El principio Riefenstahl”. Este, claro, es vertiente de lo que Goebbels expresaba sobre cómo pronunciar una mentira x-veces hasta hacerla verdad.



Castro cuenta que, “cuando el esposo de Riefenstahl, Horst Kettner (40 años menor que ella), fallece en 2016, el archivo es mandado a Berlín en 2017 porque así lo había estipulado antes de su muerte la misma Riefenstahl”.
Maischberger fue la primera en organizar a un equipo de archivistas e investigadores para escudriñar el archivo, que llegó a la Fundación de Patrimonio Cultural Prusiano en Berlín (Stiftung Preußischer Kulturbesitz) y de ahí se distribuyó en tres instituciones en la capital alemana: La Cinemateca Alemana (Deutsche Kinemathek), El Museo de la Foto (Fotomuseum) y la Biblioteca Estatal (Staatsbibliothek).
Por eso, cuenta Castro, “el equipo interno de la producción trabajó en conjunto con los equipos de investigadores de cada una de estas instituciones”. Andres Veiel y su equipo se anexaron al proyecto en 2018 y en 2021, cuando tuvieron una primera fase de prueba de edición para ver las posibilidades del material y probar acercamientos formales.

“A lo largo de todo el proceso de edición se realizaron cuatro versiones diferentes en las que se fue determinando la estructura y enfoque temático hasta tomar su forma final”, comparte Castro.
Para Castro, Riefenstahl "no es solo un retrato de un personaje y su contexto histórico, sino que busca resignificar el pasado para poder entender mejor nuestro presente y los problemas que afrontamos. Habla sobre los mecanismos de la negación, la mentira y la propaganda. Se pregunta sobre la relación intrínseca e indisociable entre estética e ideología en la obra de Riefenstahl, así como de su involucramiento con la ideología nazi y su complicidad con el régimen y su co-responsabilidad con las consecuencias de un régimen totalitario y de los horrores de la guerra. Sea esta por participación o por omisión", sentencia. La película apoya esta intención desde una extraña ambigüedad, que a todo le da tensión...

Por último, Castro comparte que Riefenstahl ha tenido una impresionante recepción a nivel nacional en internacional. "En Alemania, es el documental con más visitantes a las salas de cine de los últimos seis años y fue nominada para el premio a Mejor Documental de la Academia Alemana de cine. Recientemente, también fue nominada como Mejor Documental por los European Film Awards", concluye.

Resta ver ahora cómo se la recibe en Colombia, donde los amantes del gran documental sabrán encontrarla y comentarla, pero donde ojalá encuentre un público mayor. La megalomanía y las narrativas extremistas que no se hacen ciertas por más que un tipo loco las repita una y otra vez no son cosa del pasado. Como Leni Riefenstahl, en 2026 estamos viviendo la elección sobre de qué lado estar, en tiempo real, en tiempo real, y esta solo se responde con hechos.











