Si el cine lo atrapa y no se ha cruzado con Paweł Pawlikowski (Varsovia, 1957), nunca es tarde. Menos ahora, que el polaco regresa tras años de inactividad. Su cine ya nos ha presentado la complejidad humana de la posguerra en la Segunda Guerra Mundial con una mirada de autor depurada y despojada, que afinó luego de dirigir documentales. La desplegó en Ida (2013) y en Cold War (2018), y ahora la ratifica con Fatherland, que el 22 de octubre se estrena en salas del país. Pawlikowski apela a un blanco y negro poético, hermoso y doloroso. Se sirve de una fotografía cautivante y locaciones increíbles, y parte de un guion que sitúa a sus pocos personajes en situaciones que deben atravesar. Situaciones y fronteras, entre países, entre campos ideológicos, entre familias…

La fantástica Cold War le mereció una nominación a mejor dirección en los Premios Óscar. En esa película (hoy en Prime Video), el director mira a Polonia y a Europa en la Guerra Fría, de los años cuarenta a los sesenta, siguiendo a una pareja que se conoce en un grupo musical de danza y canto tradicional. En este, la influencia del estalinismo se hace implacable, y esto causa separaciones. Entre amor, distancia y reencuentros, marcados por el amor, pero también por cómo actúan en el mundo comunista y el “mundo libre” de París, con sus apariencias, afloran decisiones que marcan sus destinos.

En ese entonces, Pawlikowski jugó con el ir y venir entre un bloque y otro, entre países comunistas y capitalistas, a lo largo de décadas. Ahora, en la brillante y puntual Fatherland, cuenta una historia que tiene lugar en un lapso de días, en 1949, en un mismo pero muy particular país: Alemania, dividida entre bloques, con sus fronteras internas recientemente marcadas entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, tras derrotar al nazismo.
Para esta ocasión, reclutó como sus protagonistas a la actriz de mayor presencia y resonancia en el mundo actual, en Hollywood y por fuera de Hollywood: Sandra Hüller, quien interpreta a Erika Mann, hija del célebre escritor Thomas Mann, interpretado magistralmente por Hanns Zischler. La historia nos ve acompañar a Mann y a su hija en esta road movie contemplativa, pero de alta turbulencia interna, por la tierra que los nazis lo forzaron a abandonar. Mann vuelve a su madre patria a recibir el premio Goethe, que le darán de ambos lados de la cortina de hierro, y que acepta recibir en ambos lados, para disgusto de ambos. Fronteras y decisiones, siempre.


En la historia real, quien viajó con el escritor fue su esposa. En la película, eso cambia, dando pie a una dinámica entre padre e hija marcada por los códigos familiares, las diferencias generacionales y también cruzada por un duelo que procesan de manera distinta. “Cambié la historia porque esta era la que yo quería contar”, explica Pawlikowski en rueda de medios de la que Arcadia formó parte. “No quería relatar lo que sucedió en la realidad, que fue un viaje mucho más largo y poco estructurado con su esposa y un chofer; esto es una ficción. El título Fatherland aborda la patria y la pertenencia, pero también la tierra del padre y la influencia paternal. En cuanto a Sandra Hüller y Hanns Zischler, son actores fantásticos que encajaron a la perfección y lograron una gran química. Ambos entendían a fondo el subtexto de las escenas y lo que no se decía verbalmente, por lo que fue un auténtico placer trabajar con ellos”.

¿Le fue difícil reclutar a Sandra Hüller? “No fue difícil porque era un gran papel; ella conocía mis películas y yo su trabajo. La conocí un año antes del rodaje y supe que era perfecta”, explica Paweł. “Analizamos cómo este personaje ama y tiene una relación simbiótica con su hermano, a la vez que ama a su padre de una manera distinta y busca ayudarlo en su misión aunque mantenga dudas internas. Todo estaba muy claro en la historia. Una vez que aceptó, supe que estaba en terreno firme, pues no hay mejor actriz en el mundo para interpretar ese papel”.
Más que analizar, prefiero que experimenten mi cine. No busco que la gente intente descifrar una tesis rígida; la película debe funcionar en múltiples niveles y sentirse de manera intuitiva. A mí me gusta ese tipo de cine y de literatura, y así es como veo el mundo: nada es simple, las cosas siempre son algo ambiguas y paradójicas.
A Pawlikowski también le preguntamos si el ambiente de guerra que prima en el mundo actual alimenta su trabajo. “No hago películas de guerra, sino de posguerra”, aclara el cineasta, que seguramente será nominado al Óscar de nuevo. “Fatherland trata sobre una sociedad rota. Ida aborda las sombras de esa época años después, y Cold War también es un relato de posguerra. Más que la guerra en sí, lo que alimenta estas películas es la sensación de que el suelo se quiebra bajo nuestros pies. En Fatherland nos enfrentamos a un paisaje roto y a una mentalidad quebrantada; la cultura humanista europea colapsó tras el nazismo y la guerra. Y refleja esa incertidumbre de qué hacer ante utopías políticas que terminan siendo implementadas por la policía estatal o ante un capitalismo materialista que reintegra a antiguos nazis”.

Nacida en 1978, Hüller tiene un presente imparable. La alemana se dio a conocer globalmente desde Toni Erdmann (2016) y fue nominada al Óscar en 2024 por un tremendo rol en Anatomía de una caída. Ese mismo año nos dejó fríos en La zona de interés, y este año pareciera que está en todo lo que vale la pena, jamás encasillada, en proyectos tan diversos como Fatherland, Project Hail Mary y Digger.
Arcadia le pregunta sobre Pawlikowski y lo que lo separa de otros grandes cineastas con los que ha trabajado, como, por ejemplo, Alejandro González Iñárritu: “Es un gran director y un ser humano notable. Y ese es un rasgo común a los directores con los que he trabajado recientemente, así que soy afortunada en haberlos conocido a todos”, le contesta a esta revista. “No pienso en qué lo separa de otros. Lo que me gusta de Paweł es que no necesita muchas palabras para hacer que las cosas sucedan en el set. Trabaja con un equipo al que conoce profundamente, así que todo está muy preparado; con su director de fotografía trabajan hace años y operan casi como una sola persona. Está totalmente inmerso en el proceso cuando compartimos espacios, y no olvida nada. Además, cuida el trasfondo, la luz, el ritmo de la película, porque todo está en su cabeza. Editaba a medida que rodábamos, y por eso la película se terminó pocos meses después de rodarla, en la edición más rápida que he vivido en mi carrera. Además, tiene un gran sentido del humor y se le notaba entusiasmado por volver a rodar. Eso me hizo estimarlo aún más. Es un maestro, pero hacía un tiempo que no dirigía, y se podía sentir ese sentimiento de ‘volver a empezar’. Adoré que no ocultaba que esto le importa”.



En una era de películas de autor que superan las tres horas con frecuencia, Pawlikowski ofrece una grandeza puntual con 75 minutos en Fatherland. “Intento escribir guiones sencillos, y suelen ser bastante cortos. El de esta película tenía 61 páginas”, revela el polaco. “Pero necesito tener un comienzo claro, saber de qué trata, tener escenas ricas e importantes y definir el final”. En sus películas, cuenta, suele tener solo dos personajes (y medio), “así puedo enfocarme en escenas fuertes que se cuenten de forma visual. Así sé que el resultado será concentrado. Evito escenas que solo explican, ilustran o dan información, porque no son divertidas de rodar ni de ver. Busco elementos potentes y resonantes”, sentencia, con dos adjetivos que bien encapsulan la imperdible experiencia de ver su cine.
No olvide buscar las charlas individuales con Pawlikowski y Hüller en esta web la próxima semana.
