En la década de los noventa, varios economistas estadounidenses comenzaron a analizar por qué los precios de la gasolina reaccionaban de manera distinta cuando el petróleo subía frente a cuando bajaba. De allí surgió el concepto conocido como “efecto cohete y pluma” (rockets and feathers): cuando el crudo se encarece, la gasolina aumenta con rapidez, como un cohete; pero cuando el petróleo se abarata, el precio del combustible desciende lentamente, como una pluma al caer.
Ese mismo fenómeno se estaría presentando hoy en Colombia con el precio del dólar, que es fundamental para la canasta familiar. Claramente, en los periodos de devaluación, casi todos los precios suben, dada la alta dependencia de importados. Sin embargo, el país completa un año y dos meses de descensos en la tasa de cambio y los productos del exterior no solo no han bajado de precio, sino que en algunos casos se han encarecido.

En la consultora Sectorial explican que los importados no han bajado a causa del fenómeno de “precios pegajosos” —cuando los precios no se ajustan rápidamente ante cambios en la oferta o la demanda— y por el rezago de los inventarios, ya que los productos en venta fueron adquiridos con un dólar más caro meses atrás. “Además, factores como la inflación en el país de origen, el aumento en costos logísticos y la incertidumbre sobre la estabilidad de la moneda llevan a los comercios a mantener un ‘colchón’ de seguridad en lugar de trasladar el ahorro al consumidor”, explica Alejandro Escobar, gerente de Sectorial. Este comportamiento es más marcado en licores, vehículos, tecnología (celulares y computadores), electrodomésticos e insumos agrícolas, donde los ciclos de importación son largos y los costos fijos locales no ceden.
El más reciente reporte de inflación del Dane indica que, en el año terminado en enero de 2026, después de alimentos afectados por el ciclo de las cosechas (como la yuca) y de varios servicios (impactados por el alza del salario mínimo), unos de los productos que más subieron son vino, champaña, jerez y aperitivos a base de vino para consumo en el hogar, cuyos precios en conjunto tuvieron un alza de 10,64 por ciento, frente a una inflación total de 5,35 por ciento.

Gremios del sector, como Prolicores, que reúne a los importadores de dichas bebidas, se abstuvieron de dar una explicación sobre el encarecimiento de estos productos, que fue del doble del costo de vida, mientras que whisky, ron, brandy, vodka, ginebra, coñac, tequila, cremas de licor y aperitivos subieron 7,56 por ciento, también por encima del nivel promedio de precios de la economía.
Sin duda, en ese ajuste influyen las actualizaciones de precios de todos los inicios de año, pero en 2026 se suman los aumentos del IVA y del impuesto al consumo para licores, decretados con la emergencia económica, la cual por ahora se encuentra suspendida por decisión de la Corte Constitucional. Falta ver si eso llevará a alguna corrección en los precios de los licores.
Dispuestos a esperar
Uno de los productos más sensibles al dólar son los vehículos, los cuales son mayoritariamente importados, pues solo hay una ensambladora en el país y esta, a su vez, usa materia prima traída del exterior.
Es usual que los carros suban con cada nuevo modelo por factores como novedad, menor depreciación futura, mejoras y el ajuste anual de precios, pero mientras en los países del vecindario, que también tienen mayoritariamente vehículos importados, los precios han venido bajando (10 por ciento en Perú y 12 por ciento en Chile), en Colombia subieron 16 por ciento entre enero de 2025 y el mismo mes de 2026, incluyendo la apreciación del peso frente al dólar. Entre enero de 2025 y el 12 de febrero de 2026, la tasa de cambio ha perdido 743 pesos.
La explicación para que los carros no bajen en Colombia, al menos no en la misma proporción que el dólar, es que hay una alta demanda, que permite incluso subir precios. Prueba de ello es que muchos compradores están dispuestos a esperar varios meses para que les entreguen sus vehículos nuevos.
Cambio en las proyecciones
Javier Díaz Molina, presidente ejecutivo de Analdex —gremio que reúne a exportadores e importadores—, señala que, a comienzos del año pasado, los importadores proyectaban una tasa de cambio entre 4.200 y 4.300 pesos. Aunque hoy el dólar se ubica por debajo de los 4.000 pesos, lo que en principio los beneficia, parte de esa ganancia cambiaria debe destinarse a compensar el impacto de las altas tasas de interés, que siguen siendo un factor determinante para el comercio exterior. De hecho, estas podrían frenar en 2026 las compras externas de bienes de consumo y de bienes de capital.

Entre enero y noviembre de 2025, el país importó 64.451 millones de dólares, 10,3 por ciento más que un año atrás, y lo que más trajo del exterior fueron vehículos, petróleo y medicamentos. Precisamente, los productos farmacéuticos y dermatológicos también registraron en enero una inflación anual superior a la de toda la canasta familiar, con 7,81 por ciento.
Ignacio Gaitán, presidente ejecutivo de Afidro —gremio que agrupa a las farmacéuticas internacionales establecidas en Colombia—, señala que el país cuenta con una estricta regulación de precios, que compara los medicamentos con 19 naciones de referencia, con el objetivo de garantizar que en Colombia se ubiquen entre los tres más bajos de ese grupo.

Añade que el precio de los medicamentos no depende exclusivamente del comportamiento del dólar; de hecho, al hacer la comparación con los 19 países de referencia, ya se incorpora la información cambiaria. “Además, en la estructura de costos intervienen múltiples factores, como contratos de compra suscritos con anterioridad, costos logísticos, transporte, seguros, materias primas, almacenamiento y distribución, entre otros. Por ello, una reducción puntual del dólar no necesariamente se traduce en una disminución inmediata del precio al usuario”, explica Gaitán.
El impacto del mínimo
Betty Franco, gerente de la Asociación de Electrodomésticos de Colombia (Asodelco) —gremio que reúne a tiendas especializadas como las de la carrera 13 en Bogotá, la 11 de Cali, la 36 de Bucaramanga o la 38 en Barranquilla—, explica que estos productos han estado muy afectados por el alza del salario mínimo, el cual subió más de lo que ha bajado el dólar. En el caso de los fabricantes nacionales, que usan bastante materia prima importada, el impacto está en que son intensivos en mano de obra y el alza salarial los afecta mucho; eso los ha llevado a tener que subir su lista de precios.
Lo mismo ocurre con los fabricantes del exterior, que también tienen un costo alto de nómina, dado que cuentan con un ejército de promotores que ofrecen sus productos en los supermercados y que también devengan el mínimo.

Otros productos que no están en la canasta familiar, pero que sí influyen en los precios de los alimentos, son los fertilizantes, también muy atados al dólar. María Helena Latorre, directora de Procultivos de la Andi, aclara que Colombia importa materia prima (urea, potasio, fósforo) para producir sus propios fertilizantes y también importa. En esos procesos no solo influye el dólar, sino también otros elementos como el ‘costo país’, con problemas en los puertos como el de Buenaventura, lo que termina impactando en los precios finales. “Sin embargo, la ventaja del país es que tiene plantas de producción propias y no depende totalmente de la importación de producto terminado”, reitera.
Finalmente, el sector de la tecnología es la gran excepción, pues allí los precios sí han bajado, incluso más de lo que lo ha hecho el dólar. Según el Dane, en el año terminado en enero de 2026, los computadores bajaron 15 por ciento y los celulares casi 19 por ciento.

Diana Pérez, gerente general de Motorola Colombia y Ecuador, explica que, en su caso, fijan una tasa de cambio por cada trimestre, lo que hace que el efecto del precio del dólar no impacte directamente al consumidor.
Así, aunque según los expertos el dólar se mantendría este año por debajo del promedio de 2025, muchos productos de la canasta no bajarán al mismo ritmo, sino de forma lenta, como una pluma al caer.
