El terremoto que sacudió al país el pasado 10 de agosto se registró en una de las zonas más importantes en materia de producción agrícola: el Eje Cafetero.
Como hace 27 años, esa región sufrió serias afectaciones en su infraestructura con más de 293.000 familias afectadas, 331 fallecidos, una cifra superior a los 4.500 heridos, 201.000 viviendas averiadas y 36.300 destruidas.

En medio de este panorama, el sector cafetero vive su propio drama: más de 11.000 caficultores en los departamentos del Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío, Antioquia y Chocó resultaron afectados, con daños en unas 8.000 fincas, mientras que 4.400 infraestructuras del sector sufrieron fallas estructurales. También se registraron daños en maquinaria de secado y beneficiaderos de café, y miles de hogares de caficultores sufrieron destrozos, requiriendo demoliciones en varios municipios rurales.
Según la Federación Nacional de Cafeteros, citada por un análisis de Corficolombiana, cerca del 44 % del área cultivada de café se concentra en Antioquia, Cauca, Caldas, Valle del Cauca y Quindío, mientras que solo en el Eje Cafetero alrededor de 57.000 familias dependen directamente de esta actividad. “Aunque el impacto económico del sismo aún está por determinarse, estos datos recuerdan la importancia que tiene la caficultura para el ingreso y el bienestar de miles de hogares rurales en varias de las regiones afectadas”, agrega la firma.
Pero esta tragedia llegó en uno de los momentos más críticos para el sector, luego de haber alcanzado cifras históricas el año anterior.
De acuerdo con el informe de Corficolombiana, en los años recientes, el café ha sido uno de los grandes protagonistas de la economía colombiana. Según el estudio, la producción alcanzó 14,87 millones de sacos en el año cafetero 2024-2025, su nivel más alto en 33 años, mientras los elevados precios internacionales impulsaron el valor de la cosecha de 2025 hasta 24,4 billones de pesos, 52 % más que en 2024.

El café aporta cerca del 13 % del PIB agropecuario, constituye el cuarto producto de exportación del país y, de acuerdo con la Federación Nacional de Cafeteros, cita la entidad en su análisis, sostiene el ingreso de cerca de 550.000 familias en alrededor de 603 municipios. Además, sigue siendo el cultivo agrícola con mayor extensión del territorio nacional, con cerca de 839.000 hectáreas sembradas.
El precio interno alcanzó un máximo histórico de 3.118.571 pesos por carga de 125 kilogramos en febrero de 2025 y se mantuvo por encima de los tres millones de pesos hasta junio del mismo año.
Según el informe, la combinación de mayores volúmenes de producción y mejores precios impulsó el valor de la cosecha cafetera en un 52 %, fortaleció los ingresos de los productores y convirtió al sector en uno de los principales motores del consumo privado, dinamizando la demanda por bienes y servicios en las economías regionales.
“Como resultado, la caficultura se convirtió en uno de los principales motores del consumo privado. Su importancia resulta aún más evidente hoy, cuando varias regiones cafeteras enfrentan los efectos del reciente sismo ocurrido en el occidente del país”, afirma el análisis.

Sin embargo, tras varios años de condiciones favorables, la caficultura comenzó a enfrentar un cambio de tendencia que ya se refleja en sus principales indicadores: en lo corrido del año a julio, la producción acumuló una caída de 12,5 %, el valor real estimado de la cosecha registra una reducción cercana al 35 %, los productores recibieron cerca de 700.000 pesos menos por carga comercializada y el valor exportado cayó 9,7 % en junio, advierte el estudio.
Añade que los precios internacionales atraviesan una fase de corrección luego de los máximos observados en 2025. Este cambio de tendencia no solo implica menores ingresos para las familias cafeteras, sino también la pérdida gradual de uno de los impulsos que contribuyó al dinamismo reciente de la economía colombiana.
Los mismos factores que impulsaron una de las mayores bonanzas cafeteras de las últimas décadas comenzaron a operar en sentido contrario, asegura Corficolombiana. El exceso de lluvias, el aumento del 41 % en el precio de la urea, la corrección de los precios internacionales y la apreciación del peso colombiano revirtieron parte de las ganancias recientes del sector y pusieron de manifiesto su elevada dependencia del entorno internacional y del clima.
Según la firma, entre noviembre de 2025 y abril de 2026, la actividad cafetera registró caídas consecutivas de dos dígitos y, en lo corrido del año a julio, la producción se redujo el 12,5 %. Detrás de este resultado confluyeron factores biológicos y climáticos.
A ello se suman mayores costos de producción. El precio de la urea acumula un incremento del 41 % en lo corrido del año a julio, como consecuencia de las restricciones sobre las principales rutas comerciales de fertilizantes derivadas del conflicto en Oriente Medio. Este aumento afecta especialmente a la caficultura, ya que entre el 18 % y el 20 % del costo de producción de una carga corresponde a la nutrición del cultivo. Además, un cafetal en condiciones óptimas requiere cerca de 1,3 toneladas de fertilizante al año y la urea representa aproximadamente la mitad de ese volumen.
“Al mismo tiempo, el entorno internacional dejó de ser tan favorable como el observado durante la bonanza. Después de un ciclo de precios excepcionalmente altos, el mercado mundial del café inició una fase de corrección. En lo corrido del año a julio, la cotización del café arábica acumula una caída del 13 %”, advierte el análisis.

Y agrega: “En Colombia, esta corrección se ha visto amplificada por la apreciación del peso. En lo corrido del año, la tasa de cambio acumula una apreciación del 16,5 %, lo que ha contribuido a que el precio interno del café pasara de 2,9 millones de pesos por carga, en promedio durante el primer semestre de 2025, a 2,3 millones de pesos en igual periodo de 2026. En consecuencia, un caficultor recibe hoy cerca de 700.000 pesos menos por cada carga comercializada”.
Además, hay expectativa por la llegada del fenómeno de El Niño, cuya probabilidad de que sea muy fuerte es del 90 % durante el último trimestre de 2026. Aunque en condiciones normales este evento climático no suele afectar negativamente la producción cafetera e incluso puede favorecer el cultivo cuando las sequías son moderadas, un evento de alta intensidad o de duración prolongada podría generar estrés hídrico y afectar la floración y el llenado del grano, asegura el estudio.
“La próxima bonanza no resolverá los desafíos estructurales del sector. Mientras la competitividad de la caficultura dependa principalmente del clima y de la evolución de los precios internacionales, seguirá expuesta a ciclos de auge y desaceleración. Instrumentos como el Fondo de Estabilización de Precios del Café, junto con mayores avances en productividad, resiliencia y generación de valor agregado, serán fundamentales para construir una caficultura menos vulnerable”, puntualiza Corficolombiana.
