Población

La plata no lo es todo: Colombia mejora la calidad de vida, pero los hogares sienten que están peor

Cada vez más colombianos tienen celular, computador e internet. En salud, mejoran las cifras, pero no la percepción. Las estadísticas del Dane revelan un nuevo retrato de los hogares del país.

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24 de abril de 2026 a las 11:05 p. m.
Así ha cambiado la calidad de vida de los colombianos
Así ha cambiado la calidad de vida de los colombianos Foto: Fotos SEMANA

Las familias colombianas se encogen, pues ya no tienen tantos hijos como hace unos lustros, y aumentan los hogares uniparentales. El acceso a internet crece, incluso en zonas rurales, aunque persisten brechas. El celular domina el uso digital —sobre todo entre las mujeres— y desplaza computadores y tabletas.

Esas son las realidades que muestra la Encuesta de Calidad de Vida 2025, revelada esta semana por el Dane, y considerada como una de las más completas investigaciones sobre la situación de la población. En esta ocasión, el estudio se vuelve relevante, porque mientras el Gobierno intenta sustentar que vamos bien y vivimos mejor, la gente tiene la percepción de que todo o casi todo ha empeorado.

De puertas para adentro

La calidad de vida se balancea en una cuerda floja, pues para su evaluación incluye estadísticas y percepciones. El estudio tiene la misión de mostrar la realidad que viven los hogares de puertas para adentro, independientemente de si la economía crece o no, o de si la inflación está alta o controlada, o si a los miembros de la familia les aumentaron el sueldo. Para ello, se utilizan variables que tienen que ver con el bienestar, como la tenencia de vivienda, el avance logrado en educación, el acceso a la tecnología y conectividad o la posibilidad de adquirir bienes y servicios.

Las aguas en las que actualmente se mueven los colombianos no han estado tan tranquilas. Hay un incremento del salario mínimo, pero las familias ya están percibiendo el efecto de algo que nació como beneficio y hoy impacta los costos de bienes y servicios. “Al final, le sacan de la billetera a los hogares el aumento que les llegó”, sostuvo una fuente consultada.

Las tasas de interés incrementadas por el Banco de la República para controlar la inflación conducen al encarecimiento de los créditos, lo que deja maniatados a los ciudadanos para emprender, mejorar su vivienda o adquirirla. También suelen verse a gatas para invertir en algo tan esencial como es la educación de los hijos. Aunque buena parte de las cifras presentadas por el Dane evidencian una mejora en la calidad de vida de los colombianos en 2025, los números no son como para sacar pecho. El 40,8 por ciento de la población vive en arriendo y los que tienen vivienda propia, ya libre de deudas, son solo el 34,8 por ciento, con amplias diferencias entre regiones.

En departamentos rezagados del progreso, como Vichada, la estadística es de solo 12 por ciento. Bogotá, por ejemplo, donde la tierra escasea y por lo tanto se encarece, tiene una cobertura de propietarios de 36,2 por ciento, contando con los que ya pagaron el crédito y los que lo tienen vigente.

El estudio evidencia mejoras en el acceso a servicios básicos como el agua, la energía y las comunicaciones, aunque con hondas brechas entre lo urbano y lo rural. El celular es un dispositivo utilizado por el 91,9 por ciento de los mayores de 5 años, aunque el acceso a internet es de 82,3 por ciento. De nuevo Vichada se queda lejos, con una conectividad de apenas 31,3 por ciento.

Una de las variables de gran trascendencia y de coyuntura actual, que forma parte del concepto de calidad de vida, es la salud, y en esta ocasión merece especial atención, pues lleva ya un par de años en medio de una crisis del sistema y una reforma que no se logra acordar. Las soluciones en ese sentido son urgentes, pues se trata de un servicio ligado a un derecho y, además, toca el delgado hilo entre la vida y la muerte.

Recientemente, el ministro de Salud, Guillermo Jaramillo, manifestó que los recursos públicos han fluido, pero les achaca las fallas estructurales a la administración de los mismos, es decir, a las EPS.

Entretanto, Augusto Galán, director del observatorio Así vamos en salud, estima que las estadísticas sobre calidad van por un lado y la percepción de la gente por el otro, porque una cosa es tener un carné y otra muy distinta acceder a un servicio. Y si la evaluación se basa en la cobertura, esta había caído de un 99 por ciento a un 97,8 por ciento, pero ahora se recuperó levemente, en 0,4 por ciento.

No obstante, “no se puede perder de vista que cada punto porcentual representa 500.000 personas. Si la contracción había sido de casi dos puntos, es una cifra significativa”, dijo el exministro.

Afirma también que, al escudriñar lo que hay debajo de los números generales, se evidencia una reducción de personas en el régimen contributivo, lo que no solo generará una mayor presión sobre las finanzas públicas (hay más en el régimen subsidiado), sino que tiene una relación con la calidad del empleo que se está generando. “Quiere decir que no se está formalizando a la población. No hay protección social para esas personas”.

En medio de una precaria prestación del servicio de salud que, en la Encuesta de Calidad de Vida no le fue tan mal: 81,9 por ciento de colombianos lo calificaron como bueno, Galán afirma que, en la realidad, las peticiones, quejas y reclamos siguen incrementándose, al igual que las tutelas. Y no es para menos; según sus cifras, más de 4.100 Instituciones Prestadoras de Salud han cerrado puertas en cinco años, y Bogotá, con la mayor población del país, lidera los cierres, evidenciando una reducción crítica de la capacidad instalada en las zonas de más demanda.

La salud de cada colombiano depende mucho de las condiciones del hogar, de si los integrantes de una familia viven o no en hacinamiento, de si tienen servicios de agua potable y alcantarillado, pues muchas enfermedades provienen de esas precariedades. Incluso, la salud mental también tiene que ver con esa sensación de protección que ofrece una vivienda digna.

Baja la pobreza

El país avanza más lento de lo que debería en materia de generación de bienestar. Si bien en días pasados se conoció una disminución en la pobreza multidimensional, que pasó de 11,5 por ciento en 2024 a 9,9 por ciento en 2025, según datos oficiales, no es como para hacer fiestas. Ese indicador toma el pulso a componentes que son abordados en la Encuesta de Calidad de Vida, como son las carencias simultáneas en educación, salud, vivienda, servicios básicos y empleo.

En la investigación del Dane, el 37,6 por ciento de los colombianos dijo percibirse como pobre, estadística que en el área rural asciende a 60,1 por ciento. El sentir de los ciudadanos es que no hay un avance en bienestar, lo que parece indicar que la plata no lo es todo. El salario mínimo puso más dinero a unos 2 o 3 millones de individuos que, sin embargo, califican como regular la tenencia de tiempo libre. Y eso, que se aplicaron medidas para reducir la jornada laboral y promover así un equilibrio entre trabajo y familia.

Lo cierto es que los investigadores que revisan la calidad de vida se están planteando interrogantes. Uno de ellos es el exministro de Salud Alejandro Gaviria, quien elaboró un documento académico en el que comparó lo sucedido entre 2018 y 2025, periodo en el que los colombianos han sido salpicados por tres choques sucesivos que produjeron deterioro en la percepción de bienestar: la pandemia de covid-19, que no solo fue una crisis sanitaria, sino económica.

También el país atravesó un paro nacional que ocurrió en 2021, lo que prolongó la crisis económica. Y el choque más reciente es el de la inflación global, que empezó en 2022 y ha venido afectando el poder adquisitivo de los hogares, justo cuando empezaban a recuperarse, dijo el investigador. “En 2025, las percepciones de los hogares sobre su condición económica y la situación general de seguridad han mejorado sustancialmente. Pero esta mejoría es en gran medida un rebote natural después de choques excepcionalmente severos”.

La conclusión de Gaviria es que “un gobierno que hereda el pico de una crisis severa y administra el periodo de recuperación tiende a recibir un rédito electoral por una mejoría que es, en buena medida, independiente de su gestión”.