En un escenario en el que las tasas de interés se mantienen altas, se buscan alternativas para nuevos recursos en los planes de inversión, no solo de las empresas, sino también de las entidades territoriales. La capital de la república vio esta oportunidad en uno de sus activos, considerado la joya de la corona. Mientras la acción del Grupo Energía Bogotá (GEB) ha venido alcanzando niveles récord en volumen y precio, la ciudad empezó a estudiar la venta del 9,4 por ciento de las acciones ordinarias que tiene en este poderoso conglomerado energético, proceso que forma parte de la aprobación que el Concejo le dio hace unos años al Distrito.

De acuerdo con Ana María Cadena, secretaria de Hacienda del Distrito, este ejercicio le da a la ciudad la posibilidad de fortalecer su capital en términos de infraestructura de movilidad. Esta transacción está en periodo de análisis, pero se estima que, dependiendo de factores como el apetito de los inversionistas, la tasa de cambio y el desenlace de la jornada electoral, podría sumar unos 2,5 billones de pesos.

El GEB es una compañía que opera en Colombia, Perú, Brasil y Guatemala. Tiene líneas de negocio en generación, transmisión y distribución de energía, y en transporte y distribución de gas.
Pero detrás de la movida hay varios desafíos. El primero, hacerlo en un escenario de incertidumbre, en medio de un proceso electoral y con anuncios de medidas que incluyen impuestos retroactivos y energía que no se remunera. Sin embargo, estos hechos se han dado en momentos en que la acción ha registrado máximos históricos, y en el que los inversionistas se están montando en lo que se ha llamado el trade electoral, a la expectativa de cambios frente al próximo Gobierno.
El segundo reto es dónde se realizará la operación. Como dijo Juan Ricardo Ortega, presidente del GEB, una de las características que se busca es que sea un mercado con alta liquidez.
Ni el grupo ni el Distrito han confirmado hacia dónde se van a mover con esa venta, pero ya algunos jugadores del mercado anticipan que podría darse un ADR en la bolsa estadounidense.

Eso lleva al tercer gran reto: quién compraría y bajo qué principios. Básicamente, se busca que la acción sea líquida y que los jugadores institucionales puedan participar del volumen de negociaciones, y que la acción llegue a índices globales.

Como explica un analista, hay que buscar respuesta a esta pregunta: “¿Por qué voy a comprar acciones a alguien que se quiere salir de una empresa? Entonces, no solo se trata de vender las acciones; también debe plantear unas inversiones en el futuro. Los inversionistas no solo quieren ver que el accionista principal sale de una participación. Ellos quieren que la empresa esté jugada y siga creciendo y generando dividendos”, dice. Esto hace prever que, tras la movida, el GEB empezaría a buscar oportunidades que podrían sacudir segmentos como la transmisión de energía o el gas. Esto significa que el grupo debe tener una historia de crecimiento y de dividendos, esencial para que la operación sea exitosa.

“No hay una fórmula hoy ni la va a haber hasta el momento en que se haga, porque todo esto va a depender de cómo esté el mercado y cómo evolucione la imagen de Colombia en función de la campaña”, agrega Ortega, quien destaca el manejo del grupo: “Con un gobierno corporativo donde no se nombra gente ni por política ni por favores, donde todos están por mérito y por rendición de cuentas, con una junta directiva de altísimo nivel, muy exigente, esto hace que Bogotá, hoy en día, reciba casi que el doble de dividendos que lo que recibía cuando tenía un poco más del 70 por ciento de participación, en términos reales”.
De hecho, se calcula que el GEB pudo haber alcanzado uno de sus mayores niveles de utilidad el año anterior. Por ahora, el mercado está a la expectativa de los alcances de una decisión clave para la ciudad.
