Aura Santiz* llega cada mañana al trabajo asustada, “cruzando los dedos”, dice, para que no suceda lo que ella y muchos de sus compañeros temen: que les digan que ya no habrá más trabajo.
Aunque tiene la expectativa de que su billetera estará más abultada al final de mes, también está alerta por las preocupaciones que expresan sus empleadores en las conversaciones de pasillo. Los comensales no llegan con la misma afluencia que antes al restaurante en el que labora como mesera desde hace ocho meses y, en su hogar, su salario mínimo es clave para el sostenimiento de la familia.
Por los pagos salariales con los ajustes fue necesario incrementar los precios del menú y, en el restaurante en el que labora Aura, el cambio de la carta se hizo desde la misma noche en que se conoció un aumento por decreto del 23,7 por ciento en el salario mínimo. Es decir, más del 18 por ciento por encima de la inflación de 2025, que fue de 5,1 por ciento.
Ella es uno de los 2,4 millones de colombianos que, según las estadísticas del Dane, devengan el salario mínimo, cuyo incremento fue establecido siguiendo el concepto de “vital” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de acuerdo con la sustentación que hace el Gobierno de Gustavo Petro.

Cautela inicial
Las empresas, en términos de empleabilidad, se mantienen más cautas que nunca. Algunas aspiran a soportar hasta las elecciones para tomar sus rumbos con el empleo. Aunque desde la perspectiva de algunos analistas el efecto podría venir antes, Andrés Pérez, economista jefe para América Latina del banco Itaú, dice que se daría por etapas. Como ejemplo, expuso lo sucedido en su país, Chile: de 2022 a 2026, dicha remuneración subió un 52 por ciento en términos nominales (sin contar la inflación) y se juntó, como en Colombia, con la reducción de la jornada laboral. “Esto derivó en que la creación de empleo fuera de cero, debido a que son medidas que tienen efecto a lo largo del tiempo”.
Consecuencias similares podrían haberse iniciado ya en el país, pues, según sostiene Pérez, las empresas primero deciden no hacer nuevas contrataciones y el siguiente paso es recortar puestos de trabajo. “En Chile, la migración a empleo informal se sintió desde el primer trimestre y la destrucción de empleo formal se mantiene, en especial en los sectores sensibles al salario mínimo”, aseguró.

A unos les pega más pronto
Unos sectores están más preocupados que otros, no solo por el alza del mínimo, sino por la entrada en vigor de la reforma laboral, con mayores pagos por dominicales y recargos nocturnos, y la reducción de la jornada laboral en Colombia.
Las ramas de la economía que tienen más empleo remunerado con el mínimo son las que están buscando salidas prontamente. Sin embargo, del coletazo no se escapa nadie.
César Prado, presidente del Banco de Bogotá, sostiene que, si bien ellos no tienen empleados que devenguen solo el mínimo, los proveedores de la entidad financiera sí y, por esa vía, el efecto llega también hasta ellos.
En el comercio las cosas son a otro precio. Es una de las actividades que más depende de las decisiones con el mínimo, al igual que la construcción. Leopoldo Vargas, vocero de centros comerciales y dueño de Mall & Retail, confirma que, efectivamente, las marcas presentes en esos puntos de venta están diseñando planes de ajuste. El fin último es no trasladar costos al consumidor para no llegar a espantarlo y afectar aún más los resultados del comercio.

Por ello estudian otros caminos, como reducir personal o reestructurar horarios cambiando las horas de apertura y cierre de los locales. Incluso, no operar algunas tiendas los domingos y festivos. Si los clientes que llegan son pocos, no se justifica, afirma.
Menos empleados atendiendo
Desde ya, agrega Vargas, se sabe de puntos de venta que tenían cuatro empleados y los bajaron a tres, reorganizando turnos para no despedir personal aún.Las maneras de afrontar el desafío son distintas.
En el caso de almacenes de cadena, como los del Grupo Éxito, Carlos Callejas, su presidente, dijo que ya aplicaron el incremento salarial en el mínimo y, por el momento, no tienen pensado hacer recortes de personal por esa razón. Asegura que el impacto no se limita al alza salarial del 23 por ciento, sino que también afecta otros costos de nómina. Para enfrentarlo, la empresa apuesta por crecer y vender más: “Esperamos comprometernos todos para seguir creciendo y absorberlo con tranquilidad”.

Entre quienes esperan los resultados de las elecciones para tomar decisiones está Mauricio Contreras*, jefe de un pequeño negocio que tiene ocho empleados. Cuenta que están haciendo malabares para sostener la planta de personal actual. Sin embargo, en una eventual continuidad de Gobiernos que toman decisiones como la de la generosa alza del mínimo, que, además, considera extralimitada, no tendría más remedio que empezar a recortar o cerrar, inclusive.

En las micro, pequeñas y medianas empresas, según la vocería de Rosmery Quintero, presidenta del capítulo de Acopi en el Atlántico, los aumentos del salario mínimo impactan fuerte y de manera directa. “La estructura de costos en Colombia implica que un incremento del salario mínimo no solo eleva directamente la remuneración básica, sino también una serie de contribuciones asociadas (prestaciones, seguridad social, parafiscales y recargos), lo que amplifica su impacto sobre la nómina total”.

La posición del Gobierno
En este escenario, el Gobierno lanza amenazas para quienes incumplan los pagos del salario mínimo con los incrementos establecidos unilateralmente, que hasta sorprendieron a los sindicatos. Estos pedían una cifra de 16 por ciento, esperando una negociación en la que generalmente logran un porcentaje menor al solicitado.
El Ministerio del Trabajo habilitó un código QR para denuncias por incumplimiento del nuevo incremento del salario mínimo vital, y las centrales obreras, una vez se repusieron de la sorpresa, convocaron a una marcha el 28 de enero para “defender el salario mínimo decretado en 2026”, pues la norma ya fue demandada ante el Consejo de Estado, donde se pide la nulidad del decreto.
Las decisiones alrededor de un mercado laboral que tiene serios problemas para promover empleo son tildadas de populistas, con fines electorales. No en vano, el presidente de la CUT, Fabio Arias, uno de los convocantes de la marcha, aspira a una curul en el Congreso de la República, y el Pacto Histórico quiere continuar en el poder, con Iván Cepeda.

Lo cierto es que las realidades reflejadas por los estudios son innegables. Stéfano Farné y Andrés Escobar, investigadores del Observatorio Laboral de la Universidad Externado, concluyen que, según la evidencia empírica para Colombia, a pesar de que no es completamente contundente sobre los efectos adversos del salario mínimo en el empleo, los resultados sí tienden a mostrar efectos negativos, como una menor probabilidad de estar empleado.
Así, citan a varios autores que llegaron a la conclusión de que, por cada 1 por ciento de alza en el salario mínimo real, sube la destrucción de puestos de trabajo en 0,44 puntos porcentuales y se reduce su creación en 0,56 por ciento.
Los académicos agregan estudios que advierten sobre los efectos nocivos del incremento del salario mínimo en la informalidad y reportan que el alza del 20 por ciento aplicada en 1996 y en 2001 se asoció con un aumento de 2 puntos porcentuales en la tasa de informalidad, uno de los grandes lastres del mercado laboral colombiano. El tiempo dirá quién tiene la razón.
*Nombres cambiados por solicitud de los entrevistados.










