La posibilidad de establecer un arancel del 0% a la cebada para malteado o producción de cerveza encendió las alertas en el sector agrícola.

Para la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), esta decisión podría tener efectos estructurales sobre la producción nacional, en un momento en el que el cultivo aún lucha por mantenerse en regiones clave del país.
De acuerdo con el análisis técnico del gremio, la eliminación permanente del arancel no solo desincentivaría la producción local, sino que ampliaría la dependencia de importaciones en un mercado donde ya existe una alta presión competitiva por precios.
Las cifras reflejan esa fragilidad. En 2025, la producción nacional de cebada fue de 10.238 toneladas, cultivadas en 4.547 hectáreas, con un rendimiento promedio de 2,25 toneladas por hectárea. Sin embargo, estas cifras representan apenas una fracción del consumo total del país.
Ese mismo año, la demanda nacional alcanzó 365.641 toneladas, de las cuales el 97,2 % fue cubierto con importaciones (355.403 toneladas), mientras que solo el 2,8% correspondió a producción local.

Esto evidencia una fuerte dependencia externa que, según Fenalce, podría profundizarse si se elimina la protección arancelaria vigente.

El problema no es solo de volumen, sino de competitividad. Incluso con un arancel actual del 15 %, el grano importado ya logra posicionarse en varios periodos por debajo del precio nacional, lo que presiona directamente los ingresos de los productores colombianos.
Para el gremio, llevar el arancel a cero ampliaría esa brecha de precios, incentivando la sustitución del producto nacional y debilitando aún más un cultivo que, aunque pequeño en participación, tiene un papel estratégico en regiones como Boyacá, Nariño y Cundinamarca.
“En este contexto, cualquier modificación permanente en los instrumentos de política comercial debe evaluarse no solo desde la perspectiva de competitividad industrial, sino también desde sus efectos estructurales sobre la producción nacional y, la seguridad y soberanía alimentaria”, señaló Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.
Más allá de los números, el impacto es territorial. La cebada genera empleo rural directo e indirecto y hace parte de esquemas de diversificación agrícola que permiten reducir riesgos productivos y sostener ingresos en zonas donde las alternativas de cultivo son limitadas.
En este escenario, Fenalce advierte que la discusión no debe centrarse únicamente en garantizar el abastecimiento de materia prima para la industria cervecera, sino en cómo equilibrar esa necesidad con la sostenibilidad del agro nacional.
El gremio también subraya que Colombia no está obligada, ni por la Constitución ni por acuerdos internacionales, a adoptar un arancel cero permanente para este producto, lo que deja margen para mantener instrumentos de protección dentro del marco legal vigente.
La decisión, entonces, va más allá de un ajuste técnico. En juego está el equilibrio entre competitividad industrial y sostenibilidad agrícola.
Para Fenalce, eliminar la protección arancelaria en este contexto no solo implicaría mayor dependencia externa, sino el riesgo de perder capacidades productivas que, una vez desaparecen, resultan difíciles y costosas de recuperar.
