EMPRESAS

IA empresarial: el contexto es la ventaja

Por Claudia Boeri, presidenta de SAP Multi Country Latinoamérica y el Caribe.

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2 de octubre de 2026 a las 11:30 a. m.
Imagen de referencia, no corresponde al caso en mención.
Imagen de referencia, no corresponde al caso en mención. Foto: Getty Images

Durante los últimos años, buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial se centró en una pregunta: ¿qué tan potente es el modelo?

Es una pregunta comprensible. La velocidad a la que evolucionan los modelos de IA es extraordinaria y cada nueva generación amplía lo que estas tecnologías pueden hacer.

Pero para las empresas, creo que estamos entrando en una etapa en la que la pregunta más importante es otra: ¿qué puede hacer la inteligencia artificial cuando realmente entienda nuestro negocio?

La diferencia parece sutil, pero es enorme. Hoy existe un acceso creciente a modelos capaces de generar texto, analizar información, crear imágenes, escribir código y resolver problemas cada vez más complejos. Esa democratización es positiva y está acelerando la experimentación en organizaciones de todos los tamaños y sectores.

Pero si muchas empresas pueden acceder a capacidades de IA similares, la tecnología por sí sola deja de ser el principal elemento de diferenciación. La ventaja empieza a estar en otro lugar: en aquello que cada organización ha construido y conoce mejor que nadie. Sus datos. Sus procesos. Sus clientes. Sus reglas de negocio. Sus particularidades operativas. Su conocimiento acumulado.

En otras palabras, el contexto.

Una IA puede saber muchísimo sobre una industria y, al mismo tiempo, no saber qué implica una decisión concreta para una empresa específica. Asimismo, puede identificar una tendencia en el mercado, pero no necesariamente entender cómo esa tendencia afecta los márgenes de una compañía, sus inventarios, sus proveedores o sus compromisos. Puede responder qué está ocurriendo, pero una organización necesita ir un paso más allá: entender qué significa para ella y qué debería hacer al respecto.

Ese es uno de los cambios más importantes que estamos viendo. Durante la primera etapa de adopción de la IA, las empresas se concentraron en experimentar: probar asistentes, automatizar tareas, generar contenidos, analizar información. La siguiente etapa exige conectar esas capacidades con la realidad de cada negocio.

Y esto tiene una consecuencia estratégica: los datos y procesos que durante años fueron considerados principalmente como activos operativos están adquiriendo una nueva dimensión competitiva.

El conocimiento empresarial deja de ser solo algo que almacenamos. Puede convertirse en el contexto para sistemas capaces de interpretar, recomendar y ejecutar.

Por eso, la pregunta para los líderes no debería limitarse a qué modelo utilizar.

También deberíamos preguntarnos: ¿qué tan preparada está nuestra organización para proporcionar contexto a la inteligencia artificial?

¿Nuestros datos son confiables? ¿Nuestros procesos están suficientemente claros? ¿Nuestras reglas de negocio están definidas? ¿Sabemos quién puede tomar qué decisiones? ¿Podemos explicar cómo llegamos a una recomendación en particular?

Estas preguntas pueden parecer menos atractivas que hablar del próximo modelo de IA, pero son fundamentales para convertir la experimentación en valor. Porque una organización no compite únicamente por acceder a la mejor tecnología disponible. Compite por su capacidad de usarla de una manera que otros no puedan replicar fácilmente.

Y ahí aparece una paradoja interesante. La inteligencia artificial puede hacer que ciertas capacidades tecnológicas sean cada vez más accesibles y, al mismo tiempo, hacer más valioso aquello que es propio de cada empresa.

Cuanto más parecidos sean los modelos disponibles, más importante será el contexto que cada organización sea capaz de aportar. Por eso, quizá la próxima ventaja competitiva de la IA no esté en quien tenga el modelo más inteligente. Estará en quien conozca mejor su propio negocio y sepa convertir ese conocimiento en inteligencia accionable. El modelo puede ser cada vez más accesible. El contexto sigue siendo nuestro.