¿Quién dijo yo?. Es a partir de esa pregunta que se puede lograr tender ese puente que lleva al encuentro entre un inversionista y un emprendedor que tiene una idea de negocio creativa e innovadora.
Y es ese el espacio que propicia el South Summit 2026 que se realiza por estos días en Porto Alegre (Brasil), donde hay 3.000 emprendedores de diversas latitudes reunidos para mostrar lo que hacen y tratar de conquistar a uno o varios de los 1.000 inversionistas que buscan poner sus recursos, ya sea para apalancar financieramente una propuesta novedosa o para impulsar un negocio ya existente que nació como startups.
Cada vez son más grandes los números que surgen en el contexto del evento que se realiza por quinta vez en la ciudad brasileña, bajo la batuta de María Benjumea, fundadora y presidenta de South Summit, que cuenta con la co-organización de IE University, una institución formativa con un fuerte carácter emprendedor, al punto de que el 30 % de sus graduados se va por la ruta del emprendedurismo.

Aunque en el lugar se vive un ambiente de feria, lleno de muestras y participantes animados por conocer las innovaciones, Nacho Mateo, Ceo de la Cumbre Sur, afirma que el South Summit es más que un evento de emprendimientos, “es todo un movimiento para potenciar la economía”.
De hecho, alrededor de esas empresas jóvenes, como llama Juan José Güemes, presidente del Centro Internacional de emprendedurismo de IE University, a las startups, hay muchas historias de compañías que hoy son gigantes y que surgieron justamente de una idea que se planteó a un inversor en el South Summit, cumbre que además tiene también su versión en España, donde se originó, y en Corea, como plataformas para acercar a los mercados de los tres continentes.
Es el caso de empresas que se crearon como startups y luego crecieron su músculo financiero y se volvieron unicornios (que alcanzan valoración de 1.000 millones de dólares o más). Allí figuran, por ejemplo, Cabify, de transporte público; Glovo, de envíos a domicilio; Wallbox, empresa de carga de vehículos eléctricos. Todas nacieron del South Summit, según confirmaron los fundadores de la cumbre.
Se requiere alineación con el gobierno
Aunque la dupla necesaria para la creación y el impulso de una startups incluye el capital, que es aportado por un fondo, y el innovador con su idea, se requiere la alineación con la política pública. El South Summit, por ejemplo, para la región de América Latina, se realiza en Brasil como país elegido en el continente, porque sus organizadores encontraron en Porto Alegre las condiciones propicias de un gobierno que quería apostar por el emprendimiento. “La apuesta de ellos era fortalecer la región sur y posicionarla como el Silicon Valley Nacional”, recordó Mateo.

Pero además, ese destino de América ya tenía cierta madurez de sus ecosistemas de emprendimiento. Implica un tejido empresarial con énfasis en la innovación.
Y la innovación no es solo la idea creativa y disruptiva. También se trata de lo que Nacho Mateo menciona como pivotear, es decir, estar dispuesto a cambios estratégicos a partir de los datos que se analizan para migrar a negocios de diversos sectores. Sucedió por ejemplo con la startups Ubuu, que originalmente nació para hacer mantenimiento de aviones, con el fin de abaratar el costo de ese servicio. Luego, la idea fue adaptada al sistema ferroviario y posteriormente pasó a ser desarrolladora de software e ingeniería enfocada en el sector de la industria aeroespacial y militar. “Se adaptan a distintos sectores”, señala Mateo.
Esas son las startups que están poniendo la mayor parte del empleo a nivel global. Arrancan con capitales fondeados por inversores, a veces desde 50.000 dólares en sus inicios. Pero como el ingrediente principal es la innovación, buscan internacionalizarse y crecen, algunas rápidamente, según las políticas que aplique la nación a la que pertenecen. Lo cierto es que las startups están pisando firme
