En 2025, de los 3.897 MW de generación eléctrica previstos en nuevos proyectos en Colombia, solo entró el 10 por ciento. Es una historia que se ha repetido recientemente: en los últimos seis años apenas ha ingresado el 28 por ciento de la nueva energía programada.

Este hecho se da cuando el sector energético colombiano pasa por un momento de alta tensión: enfrenta un desbalance estructural entre una demanda creciente y una oferta que no equipara dicho dinamismo, ni en velocidad ni en confiabilidad, como advierte Bancolombia.
Pero no es la única preocupación y otros frentes se abren: los comercializadores están en dificultades económicas que pueden generar un riesgo sistémico, hay tensiones por los efectos del conflicto en Oriente Medio en los precios de las materias primas, el déficit de gas crece y se acaba de sumar un nuevo factor: para el segundo semestre de 2026 se anticipa un fenómeno de El Niño intenso, que pondrá a prueba el sistema.
Este ‘coctel’ hace recordar el apagón que vivió el país a principios de los noventa y que pasó una costosa factura: restó 1,7 puntos del PIB a un país que no ha crecido más allá del 2,6 por ciento, según Acolgen –gremio que reúne a los generadores–, citando un estudio de Fedesarrollo.

¿Cuáles son las tensiones? Por una parte, hay una gran presión financiera. Según cálculos de Asocodis, que agrupa a las empresas comercializadoras y distribuidoras, se registran saldos por recuperar, con corte a 31 de marzo, por 5,1 billones de pesos, que se concentran en deuda por concepto de subsidios y contribuciones (1,6 billones de pesos); saldos no recuperados por la aplicación de la opción tarifaria (2,1 billones de pesos) y deuda de usuarios constitucionalmente protegidos, clientes oficiales y alumbrado público (1,4 billones de pesos).

Andeg, gremio de los generadores térmicos, pone otra complicación sobre la mesa: la situación de Air-e, la distribuidora que atiende tres departamentos de la costa caribe y que hoy está intervenida por el Gobierno y en una compleja situación financiera. Según este gremio, Air-e le debe al sector eléctrico 2,3 billones de pesos, de los cuales las deudas a la generación térmica suman 1,5 billones de pesos. Los impagos podrían llevar a un apagón.
Por otra parte, en materia de energía en firme –la que está disponible incluso en el momento más crítico–, hace tres años, el país tenía un superávit de entre 3 y 4 por ciento. Hoy, según Andeg, esa energía firme es negativa, es decir, la cantidad de energía que se produce no alcanza para cubrir a todos los usuarios del país y el déficit es de 2,6 por ciento.

Ahora, la probabilidad creciente de un fenómeno de El Niño hacia finales de 2026 plantea un reto significativo para un sistema altamente dependiente de la hidrología. Algunos jugadores del sector han manifestado la necesidad de “cuidar el agua”, como lo señaló Acolgen. Para lograrlo será necesario encender las térmicas y usar un combustible, hoy escaso en el país: el gas.
Precisamente, uno de los frentes de incertidumbre para la seguridad energética en Colombia proviene de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, en particular el potencial choque al mercado de gas natural.
“En la actual coyuntura, la verdadera prueba del sistema energético no será el agua, sino el suministro de gas natural. Colombia enfrenta desde hace varios años señales de estrechez estructural en la oferta doméstica de gas, además de una creciente dependencia de gas importado”, señala Bancolombia.

Para la generación térmica, Colombia cuenta con el suministro que provee la planta de regasificación de SPEC en el Caribe. Ante el déficit creciente en el país, hoy esta planta abastece el 25 por ciento de la demanda nacional. Sin embargo, frente a la llegada del fenómeno de El Niño, tendrá que dedicar esa capacidad a la generación térmica. Por eso es necesario que en el próximo Gobierno se habiliten al menos dos de las plantas de regasificación que se encuentran en el pipeline o, como advierten desde Andeg, de lo contrario no habrá gas.
El panorama en materia de energía eléctrica es complejo porque la demanda, que para 2025 creció 4 por ciento, con la llegada de El Niño puede aumentar a cerca del 7,5 por ciento, en promedio, pero en algunas regiones ese incremento llegaría al 12 por ciento.
La tarea del próximo Gobierno no será fácil: deberá desactivar la posibilidad de un apagón, generar condiciones para atraer más inversión y evitar que el país repita la historia dolorosa y costosa de inicios de los años noventa.

