La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán volvió a encender una alerta que Colombia conoce bien: cuando aumenta la tensión global en Medio Oriente, se mueven rápidamente la energía y la tasa de cambio. Aunque el conflicto ocurre lejos, sus efectos pueden sentirse pronto en las importaciones, los viajes, los costos empresariales y las decisiones de gasto de los hogares.


De acuerdo con el informe desarrollado por Claudia Ximena Flórez, docente de Economía de la Universidad de San Buenaventura, el Brent llegó a subir hasta 13 % y tocó un pico de 82,37 dólares por barril, mientras la moneda estadounidense se fortaleció en los mercados por la búsqueda de refugio.
Entre los impactos para el bolsillo que se deberían analizar y tener presentes por esta coyuntura sobresalen los siguientes:
Volatilidad: En este caso, el Brent llegó a tocar un pico de 82,37 dólares por barril y luego moderó parte del alza (alrededor de 77,79 dólares), tras subir hasta 13 % en la reacción inicial del mercado. Ese comportamiento muestra que, más que un nivel fijo, lo que se presenta primero son movimientos bruscos en pocas horas, lo que complica las decisiones de compra, importación, transporte y presupuesto.
Petróleo y dólar pueden subir al mismo tiempo: una de las señales que más confunde en Colombia es ver el crudo y el dólar al alza. En episodios de tensión geopolítica, los inversionistas suelen buscar refugio en la moneda estadounidense. Precisamente, el análisis reporta un fortalecimiento del dólar junto con la subida del petróleo y la caída de las bolsas. En el país, esa reacción se reflejó en una TRM de 3.766,30 pesos, vigente para hoy 2 de marzo, certificada por la Superfinanciera.
Transporte y logística empiezan a sentir presión en costos: Si el petróleo se mantiene elevado por varios días o semanas, uno de los primeros canales de transmisión a la economía real es el transporte. El análisis de la Universidad de San Buenaventura confirma que la escalada afectó la producción y la navegación en Medio Oriente, incluidas disrupciones en el tráfico de tanqueros en el estrecho de Ormuz, una ruta crítica del comercio energético global. “Cuando se encarece o retrasa esa logística internacional, aumenta la probabilidad de ajustes en fletes y costos de distribución que terminan presionando a comercios y pymes”, explica Flórez.
Importaciones más caras: El impacto también llega por la tasa de cambio. Cuando el dólar sube, en el país se siente rápidamente el efecto en bienes y servicios con componentes importados. La TRM vigente fue de 3.766,30 pesos (Superfinanciera), y medios económicos locales reportaron una jornada con presión alcista del mercado cambiario en medio de la aversión global al riesgo. Esto puede encarecer nuevas cotizaciones de tecnología, repuestos, maquinaria y materias primas para empresas y consumidores.
Se frena el alivio en precios internos: una tensión prolongada con petróleo alto y dólar fuerte puede dificultar la moderación de los precios que esperan hogares y negocios.
El análisis advierte que el shock energético reaviva temores de inflación global, especialmente si se prolongan las disrupciones en la producción y el transporte. “En la práctica, eso puede retrasar el alivio en algunos bienes y servicios en Colombia por la vía de costos de importación, logística y energía, aunque el traslado no sea automático ni uniforme”, indica Flórez.

Otro impacto visible es el cambio de comportamiento en la economía, pues cuando aumenta la incertidumbre externa, hogares y empresas tienden a aplazar decisiones y cuidar caja.
En este punto, el análisis reporta que, junto con el repunte del petróleo y del dólar, las bolsas globales cayeron en la primera reacción al conflicto, una señal típica de mayor aversión al riesgo. Ese entorno suele llevar a revisar inventarios, compras de gran valor y pagos en dólares antes de asumir nuevos compromisos.

No todos pierden por igual: aparecen ganadores y sectores más expuestos. Algunos actores vinculados al sector energético pueden beneficiarse temporalmente de mejores precios internacionales del crudo, mientras que importadores, aerolíneas y negocios con costos dolarizados enfrentan mayor presión.
Según Flórez, “pese al shock, el mercado sigue mirando factores de oferta global (inventarios equivalentes a 74 días de demanda, según el reporte citado) y posibles respuestas de producción, lo que refuerza una idea clave para Colombia: más que una ‘bonanza’ inmediata, lo que hay es un ajuste desigual entre sectores”, concluye.









