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| 11/16/2018 2:19:00 AM

Arengas pacíficas, capuchos y otros matices de la marcha por la educación

Por segunda vez la manifestación estudiantil en Bogotá terminó en choques entre la fuerza pública y los estudiantes. Infiltrados que activaron explosivos, un estudiante herido en la cara y varios detenidos fueron algunos saldos que dejó esta movilización. Pese a las agresiones de parte y parte, fueron más los que participaron sin violencia para expresar que no darán su brazo a torcer.

Arengas pacíficas, capuchos y otros matices de la marcha por la educación Piedras, gases lacrimógenos y expresiones pacíficas. tuvo la manifestación del 15 de noviembre. Foto: Fotos: Esteban Vega/ SEMANA.

Desde el monumento a los Héroes, en Bogotá, se veían varios hombres de escudo y casco. Mientras tanto, la vía empezó a llenase de jóvenes con pancartas sostenidas en el aire y disfraces hechos a mano. Los trajes llenaron de color el gris de la avenida Caracas y las voces de los estudiantes hicieron eco por un mensaje que se repite hace un mes: más recursos para la educación superior pública.

De repente: un estallido. Eran las 2:30 de la tarde y mientras los estudiantes de la Universidad Distrital y del Colegio Mayor de Cundinamarca cantaban, corrían y aplaudían, un camión lleno de agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) los seguía detrás. Luego: el humo de los gases lacrimógenos nubló el panorama. Las explosiones sonaron y espantaron. A las 3 de la tarde los uniformados persiguieron, agarraron y atajaron a los estudiantes que podían. Un estudiante tirado el piso, estrujado, y que gritaba incesante “no tengo nada, no tengo nada” era el blanco de los oficiales. Al lado, una mujer les decía que lo soltaran. Tras no encontrar material peligroso en el joven la policía lo soltó y continuó con la manifestación.

Para contexto:

Una hora después y varias cuadras adelante la cara de un estudiante fue cubierta por su propia sangre. “Estábamos marchando en la calle 100 y los policías nos acorralaron. Nos lanzaron gases y aturdidoras. Me pegaron con bolillos y con los puños”, dijo más tarde Daniel González, que en su momento era atendido por los gestores de convivencia y esperaba una ambulancia.

Horas antes los noticieros del mediodía recalcaban el estado positivo de las instalaciones de RCN Radio. En esta ocasión ni sus paredes fueron manchadas, ni los policías que las protegían fueron atacados. Ningún estudiante arremetió en contra de la cadena radial. En efecto, la consigna de las plataformas fue marchar como lo han hecho la mayoría de los estudiantes: cantando y tomando la calle sin violencia.

La quinta marcha de los estudiantes repitió varias situaciones de las del 8 de noviembre: La oleada de manifestantes se movió gran parte de la jornada en relativa calma y sus participantes practicaron la protesta social a través de diversas expresiones culturales. Hasta que se acercaron a la recta final y las bombas dispersaron y aturdieron a los miles que respondieron adelantándose en el recorrido.

Sin embargo en esta reciente versión los enfrentamientos no paralizaron el tránsito vehicular y tampoco causaron conmoción por realizarse de forma repetitiva en un corto periodo de tiempo. Al contrario: los choques la fuerza pública y los participantes de la movilización mantuvieron un constante ‘tire y afloje‘ en el que los estudiantes se alejaban, los agentes del Esmad tomaban distancia y, tras lanzar una bomba u observar a manifestantes con la cara tapada, se lanzaban encima de ellos.

Cada vez los estudiantes gritaban “asesinos” y “cerdos” desde la vía o desde un puente, y otros respondían con pedazos de ladrillo o piedras. Así, cada actividad de los manifestantes significó una respuesta de los agentes del Esmad. La escena se repitió hasta finalizar la movilización y generó agitación e irritación entre el grupo compuesto por miles. Al sonar de cada bomba la marcha se convertía en una estampida humana desordenada que buscaba refugio detrás de los edificios y al interior de las vías aledañas.

Pero en esta confrontación los estudiantes no fueron los únicos atajados. Ante la posible detención de un manifestante por parte de la fuerza pública en la calle 100 y ante la llegada de la tanqueta lanza agua, decenas de personas regresaron y acorralaron a los uniformados. “No se lo lleven, no se lo lleven, asesinos”, gritaban angustiados. A la par, los policías utilizaban sus escudos como armazón protector.

En video se captaron estos choques directos de la jornada. Aunque no solo esos. A la altura de la carrera 13 con 45 las cámaras registraron manifestantes con la cara completamente cubierta. Un grupo de alrededor de cinco encapuchados se deslizaban entre la multitud y, en las orillas de la aglomeración, activaban explosivos.

“Sobre los encapuchados en la movilización la gente que hace parte de ella entiende la protesta de diversas maneras y en esas expresiones también caben ellos. Y así como hay actores estudiantiles que ven esas acciones válidas, hemos identificado que la fuerza pública también infiltra gente. Sin embargo, muchas veces los chicos muchas veces se ponen pañoleta en la cara para protegerse. A cualquiera que se tape la cara no lo consideramos un capucho”, expresó durante la marcha Diego Torres, del colectivo de Derechos Humanos Vladimir Santana de la Universidad Distrital.

En horas de la mañana la Alcaldía de Bogotá comunicó qu respetaba el derecho a la protesta social, pero “también el derecho de millones de ciudadanos a movilizarse”. Para la administración no era válido bloquear las vías ni irrumpir contra el espacio público. Lo mismo expresó la Policía Nacional.

Sin embargo, estudiantes con pañoletas, gafas y máscaras pintaban paredes de los negocios que tienen sus locales en los corredores viales por donde transcurrió la marcha. Y  las instalaciones externas de la línea de TransMilenio que pasa por la Caracas también fueron pintadas y se les adhirieron diversos carteles.

Fuera la explosión de una bomba o rayar con aerosol el espacio público, con cada expresión de los manifestantes no identificados se tejían preguntas: ¿qué es considerado vandalismo? ¿qué es legal y qué no lo es?

Para Torres, la distinción es amplia y en un país diverso estas formas de protesta no se pueden invisibilizar, sino dar la discusión en las universidades: “No es ilegal usar pinpones ni hacer graffitis. Sí lo es utilizar material inflamable o realizar actos que afecten la salud pública. Las bombas molotov no son legales, pero es raro verlas en las marchas porque un estudiante normal no lleva en una marcha tan larga material de ese tipo. Cuando pasa eso siempre sospechamos”.

Por su parte, uno de los manifestantes con la cara tapada y que prefirió no identificarse dijo que el problema con las acciones de personas como él era cómo lo entendía la ciudadanía: “La gente piensa que las expresiones de arte al no ser oficiales y de gente clandestina piensa que está mal. Estamos dando el mismo mensaje que están dando los marchantes. Pero lo que queremos es que nuestro mensaje perdure”.

Una vez iniciaron los enfrentamientos los explosivos, las piedras y los gritos de “violencia no”, no pararon. Aunque la manifestación finalizó alrededor de las seis de la tarde y  la movilidad volvió a la normalidad, los choques entre las partes se prolongaron de forma intermitente hasta aproximadamente las 7 de la noche. Cuando se despejó la calle 100, varios grupos de estudiantes y otros manifestantes se congregaron en la calle 104 con carrera 15, en el Parque Francia.

Los agentes de la fuerza pública llegaron al lugar y mantuvieron plantados al frente de las personas que despedían el atardecer con frases como “parar para avanzar”. De nuevo contados participantes de la marcha salieron de la aglomeración, tomaron piedras y vidrios y los lanzaron a los policías. Otros le prendieron fuego a las canecas de basura repartidas en el espacio público y rayaron una estación de bus de esa zona. Los explosivos y los gases dieron paso a una nueva huída por parte de los manifestantes. Durante ese momento hasta aproximadamente las 7 de la noche el Esmad corretió a quienes iniciaron esos enfrentamientos posteriores a la marcha.

Tras la situación, Jairo García, secretario de Seguridad de Bogotá, dio el balance y las conclusiones de la manifestación estudiantil. “Queremos gradecer a más de 14.000 personas que hoy se movilizaron. La mayoría tuvo la intención de desarrollar una movilización tranquila, respetando el derecho de lo demás colombianos. Hicimos una intervención para sacar a una serie de personas que estaban generando afectaciones. Toda la administración distrital y la Policía Metropolitana hicieron un trabajo efectivo. Teníamos normalidad en la ciudad”.

Las acciones de la fuerza pública dejaron a 35 personas detenidas, de las cuales 14 se encuentran en proceso de judicialización. Según García, este operativo fue posible gracias al helicóptero del ente que monitoreó e identificó a encapuchados desde el aire. “Solo hicimos una intervención de la cola de la marcha cuando identificamos que una serie de individuos estaban generando hechos vandálicos y posteriormente cuando unos grupos pequeños que intentaron bloquear la ciudad. Hay que destacar que marcharon en absoluto orden”, concluyó el funcionario.

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if (AllianceItem.Id == (int)Enumerators.AllianceId.BBC) { Con información de: Semana Educación }

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