Educación

El juego de la vida: la película que pone en duda el mito de “salir adelante” en Colombia

Un documental basado en una investigación académica sigue durante 14 años a varias familias y expone las barreras invisibles de la desigualdad.

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25 de abril de 2026 a las 5:15 p. m.
Escena de El juego de la vida, documental de la Universidad de los Andes que lleva al cine más de una década de investigación sobre pobreza y desigualdad en Colombia.
Escena de El juego de la vida, documental de la Universidad de los Andes que lleva al cine más de una década de investigación sobre pobreza y desigualdad en Colombia. Foto: Foto cortesía Uniandes

Lo que empezó como un estudio de la Universidad de los Andes terminó en una película que muestra por qué el esfuerzo no siempre cambia el destino.

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Las revelaciones de la película

En Colombia, la idea de que “el que quiere puede” vuelve a ponerse bajo la lupa. Esta vez no desde un informe académico lleno de cifras, sino desde la pantalla grande.

El juego de la vida, el primer largometraje documental basado en una investigación de la Universidad de los Andes, llega a los cines el 7 de mayo de 2026.

Trae una apuesta poco común que es la de contar la desigualdad a través de historias reales que se siguieron durante más de una década.

Detrás del proyecto hay 14 años de trabajo que empezaron con la Encuesta Longitudinal Colombiana (ELCA), un estudio de la Facultad de Economía que ha seguido a miles de hogares para entender cómo se mueve, o se estanca, la pobreza en el país.

Pero lo que comenzó como datos terminó convirtiéndose en una narrativa íntima.

Un equipo de filmación acompañó durante ese tiempo a varias familias, registrando sus avances, retrocesos y, sobre todo, los límites invisibles que muchas veces frenan cualquier intento de cambio.

El documental, dirigido por Andrés Ruiz Zuluaga y producido por Séptima Films en alianza con la universidad, sigue de cerca la vida de cinco familias en distintas regiones del país.

A través de sus trayectorias, la película pone sobre la mesa una realidad incómoda: no todos parten del mismo lugar, y eso pesa más de lo que suele admitirse.

El acceso a la educación, el entorno en el que se crece y hasta el territorio terminan marcando caminos que no siempre dependen del esfuerzo individual.

El juego de la vida, la apuesta de la Universidad de los Andes por convertir su investigación sobre movilidad social en una experiencia cinematográfica.
El juego de la vida, la apuesta de la Universidad de los Andes por convertir su investigación sobre movilidad social en una experiencia cinematográfica. Foto: Cortesía Universidad de los Andes

Lo que cuestiona el documental

A medida que avanza la historia, la película desmonta una de las creencias más arraigadas sobre la pobreza.

La idea de que trabajar duro basta para salir adelante se va diluyendo frente a experiencias concretas que muestran lo contrario.

No se trata de falta de ganas, sino de condiciones que se arrastran y que, muchas veces, pasan de una generación a otra.

“Durante 14 años medimos datos; hoy entendemos vidas. Este documental revela que la pobreza y la desigualdad no son solo condiciones, sino experiencias humanas complejas”, explica Raquel Bernal, quien resume el giro que da la investigación al convertirse en cine.

El proceso de rodaje también tuvo su propio giro narrativo.

Aunque inicialmente se siguieron múltiples historias, el equipo se centró en cuatro familias y dejó un espacio inesperado para el propio director, que terminó incorporando su experiencia personal como una quinta historia dentro del relato.

Esa decisión le da al documental un tono más cercano, menos distante, como si la frontera entre observador y protagonista se desdibujara.

Más allá de los números, El juego de la vida apuesta por algo más simple y a la vez más potente: que el espectador se vea reflejado.

“Esta es una película del colombiano de a pie; la gente siempre ve su propia historia ahí, o la de un tío, la mamá o la del hermano”, dice Ruiz Zuluaga, dejando claro que no se trata de una historia ajena, sino de algo que atraviesa a buena parte del país.

Con este estreno, la universidad también marca un precedente sobre cómo llevar el conocimiento fuera de los salones de clase.

La investigación deja de ser solo un documento técnico y se convierte en una experiencia que busca conectar con públicos más amplios, sin perder el rigor de lo que la respalda.

Al final, la película deja una pregunta incómoda flotando en el aire, de esas que se quedan después de que se apagan las luces del cine, cuánto de lo que se llama destino en Colombia es, en realidad, desigualdad que muchos prefieren no cuestionar.