Educación

Mucho más que calidad. Así funciona el innovador modelo educativo de Comfama en Antioquia

La Caja de Compensación Familiar de Antioquia ofrece educación de calidad a través de un modelo que prioriza no sólo la calidad, sino también el aprendizaje activo y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

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3 de noviembre de 2026 a las 10:23 a. m.
Cesde es una institución colombiana de educación para el trabajo y el desarrollo humano.
Cesde es una institución colombiana de educación para el trabajo y el desarrollo humano. Foto: Cesde / API

Eran las 12:30 de la noche cuando Juliet López recogió a Alejandro, su hijo mayor, que volvía por tierra de Ibagué a Medellín después de participar en un torneo de waterpolo que había terminado al mediodía. Llegó con hambre, así que le preparó comida a esa hora, y mucho después, cuando el reloj marcó las cinco de la mañana, lo despertó para que se alistara y se fuera al colegio.

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“Se levantó sin quejarse, sin molestarse, sin nada, y se fue a recibir clases. Eso a mí me dice mucho de un joven que está en una edad en la que todo le choca, todo le molesta, todo lo contradice”, contó Juliet, tranquila de ver que su hijo asume con madurez sus responsabilidades.

Y es que en el hogar de los López la vida se resume en tres palabras: colegio, casa y deporte, porque sus cuatro hijos, además de ser niños y adolescentes, son waterpolistas de alto rendimiento.

Alejandro, de 16 años, juega en las selecciones de Antioquia y de Colombia; Julieta, de 12, pertenece a la selección Antioquia, y los mellizos Diego y Juana, de 7, entrenan en un semillero. Todos salen de clases a la una de la tarde y a las seis ya están en el agua. Y todos estudian en Cosmo Schools.

Su historia es una de las muchas que caben en la ruta que Comfama, la caja de compensación familiar de Antioquia, ha trazado para acompañar a las personas desde la primera infancia hasta la educación técnica, de modo que el trayecto no se rompa entre un nivel y otro.

Una ruta que parte de su red de preescolares y jardines infantiles y del programa Los primeros 1.000 días, que llegan a cerca de 9.000 niñas y niños; que pasa por los colegios Cosmo Schools y desemboca en el Cesde, su institución de formación para el trabajo y el desarrollo humano.

“Creemos que la educación es el principal motor de movilidad social ascendente, siempre y cuando la oferta educativa no se fragmente y funcione como un puente: desde la primera infancia y la primaria hasta un acompañamiento pertinente en la secundaria y, en la media, un acompañamiento enfocado en el desarrollo de la mentalidad y en el descubrimiento de las pasiones, los gustos, los intereses y la vocación”, explicó Laura Flórez, responsable de Educación y Aprendizaje de Comfama.

¿Y cómo se cruza ese puente? Con calidad y acceso. Por eso, la atención en primera infancia es ciento por ciento subsidiada para las familias afiliadas A y B, y los fondos de becas permiten que quienes cumplen los requisitos de afiliación e ingresos puedan seguir la ruta completa.

Comfama
Educación continua. Foto: Comfama / API

“Tratamos de que el costo educativo no supere el 30 por ciento de los ingresos de las familias que nos usan, porque sabemos que cuando supera este porcentaje hace que la familia tenga que renunciar al acceso a otros bienes y servicios”, detalló.

El modelo educativo está basado en pedagogías activas, habilidades socioemocionales y en una idea del maestro que se aleja del dictado de instrucciones, pues en Comfama los docentes son mentores que propician preguntas, conversaciones, soluciones a problemas a través de proyectos de aula y ciudad, que le dan vida a una escuela expandida. Flórez asegura que trabajan para que los estudiantes continúen su trayectoria hasta la educación tecnológica y superior.

Un colegio para despertar el propósito

Cosmo Schools abrió sus puertas en 2020, en el municipio de Bello, con 19 estudiantes. Seis años después tiene más de 6.000 alumnos en 11 centros, y su origen está en una inquietud que Comfama arrastraba tras más de 25 años de trabajo con la primera infancia: cómo darle continuidad a esa etapa del desarrollo.

Para Melissa Álvarez, directora de Cosmo Schools y una de las artífices del proyecto desde 2017, la diferencia está en que estudiantes, mentores y familias funcionan como una tribu donde cada uno tiene claro su alcance y nivel de corresponsabilidad.

“Este es un colegio de calidad, asequible y diferente que promueve el bienestar, el cuidado y la capacidad de sus estudiantes de tomar decisiones y hacerse cargo”.

¿Cómo es un día en Cosmo Schools? Álvarez explicó que “empieza con un momento de conexión donde reconocemos cómo estamos y reconocemos al otro. Buscamos que todos identifiquemos nuestras emociones”.

En lugar de las materias de siempre, la jornada se reparte en siete momentos de aprendizaje que mezclan las áreas: el científico, donde se encuentran la matemática, la física y la química; el de vida en sociedad; el artístico; el del cuerpo, que pasa por la alimentación y el autocuidado; el del inglés, y el de exploración, en el que los proyectos surgen de las preguntas de los propios estudiantes.

Y, si bien el camino es otro, la meta es la misma de cualquier colegio colombiano: garantizar los derechos básicos de aprendizaje.

“Estamos en un momento en el que la salud mental es un reto muy grande, pues tenemos jóvenes con ansiedad, depresión, con un gran desinterés y una gran desconexión. Y el colegio tiene que ser el lugar donde se conecten con aprender y con lo más íntimo y propio del ser humano”, afirmó. Por eso, la relación entre el mentor y el estudiante está pensada para acompañarlo desde lo cognitivo, lo emocional y social.

A ese camino llegó la familia López casi por urgencia, porque Julieta estudiaba en una institución educativa pública a la que nunca pudo adaptarse, por lo que Juliet, que se define como una de esas mamás que investigan, visitan y preguntan, la inscribió en Cosmo Schools el mismo año en que abrió.

Esperó varios meses una respuesta, y en febrero, unas semanas después de que empezaran las clases, la niña entró a segundo grado. Hoy cursa sexto. Más adelante entraron Alejandro, a octavo, y los mellizos, a primero.

En Cosmo Schools la historia fue distinta, en especial para Julieta. “Cuando entró aquí se sintió incluida, escuchada. Aprendió a su ritmo y, gracias a eso, más rápido. Tiene que cumplir parámetros, tiempos y pruebas, solo que el acompañamiento es tan cercano y ameno que ha logrado alcanzar todos sus procesos muy bien”, aseguró.

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Cosmo Schools. Foto: Comfama / API

Parte de esa cercanía, dijo Juliet, empieza por la forma de nombrar las cosas: “Acá no hay profesores, hay mentores. No hay coordinadores ni directores, hay líderes. Y no hay psicólogos, sino orientadores del cuidado. Desde el vocabulario le empiezan a cambiar a uno el chip con el que fuimos educados”.

Además, los más pequeños se sientan en pupitres con forma de panal y tienen un mentor principal y un auxiliar, y el refuerzo se adapta a cada niño. Juana lee y escribe con soltura, mientras Diego trabaja la lectura a su propio ritmo. Él es fuerte en matemáticas y ella practica más ejercicios en una plataforma especializada.

Ahora, nada de esto sería posible para ellos sin la beca de Comfama, que en Cosmo Schools puede cubrir hasta el 90 por ciento dependiendo de los ingresos de los afiliados. “Con un hijo, uno dice: ‘Bien, yo cubro sus gastos’. Nosotros tenemos cuatro, y para nuestro nivel económico, sin la beca no podríamos pagarles este colegio a todos”, resumió.

Entre sus cuatro hijos, la familia López recorre buena parte del camino educativo de Cosmo Schools, una propuesta organizada en cinco escuelas que acompañan a los estudiantes en distintas etapas de su desarrollo: Imagina, para niños de 2 a 5 años; Explora, de 5 a 8 años; Crea, de 8 a 11 años; Construye, de 11 a 14 años, e Inspira, de 14 a 17 años.

Cada escuela propone experiencias de aprendizaje acordes con la etapa de desarrollo de los estudiantes y los acompaña en su ruta de propósito y potencial. Y al final de ese camino aparece el puente con la siguiente etapa, porque desde noveno los estudiantes pueden cursar en el Cesde una técnica laboral en desarrollo de software, diseño gráfico o gastronomía, y graduarse con doble titulación. Este año la red completará 293 egresados, y en cada promoción más del 93 por ciento ha seguido estudiando.

Educación técnica para el empleo

Julián Ramírez administra un minimercado y estudia para ser auxiliar contable en el Cesde gracias a una beca de Comfama. Llegó por recomendación de su hermano, que estudió allí, aunque ni él ni su familia habían tenido antes ningún vínculo con la caja. “Nosotros siempre hemos estudiado en instituciones públicas”, contó.

Su perfil se parece al de muchos de sus compañeros: en el Cesde el 63 por ciento de los estudiantes son mujeres, la mayoría vive en estrato 2, la edad promedio es de 26 años y dos de cada tres son la primera persona de su familia que accede a estudios posteriores al bachillerato.

Muchos ya trabajan cuando se matriculan, así que los horarios más pedidos son los de la noche, los de muy temprano en la mañana y los sábados. Y al igual que en Cosmo Schools, quienes están afiliados a Comfama pueden acceder a becas, que en el Cesde cubren hasta el 70 por ciento de la matrícula, según su categoría de afiliación.

“La mayoría de los estudiantes son personas mayores que ya hicieron su vida laboral y que no tuvieron la oportunidad de estudiar cuando salieron del colegio. Una vez trabajando, la encuentran. Y lo que buscan es una oportunidad de progreso o un cambio de empleo”, explicó María Isabel Palomino, rectora del Cesde.

Según Palomino, la educación técnica es la vía más rápida hacia el mercado laboral y, cada vez más, el primer paso. Según el Ministerio de Educación, en 2024 apenas el 45,9 por ciento de los bachilleres pasó de inmediato a la educación superior.

“Es la puerta de entrada. No necesariamente el punto final”, comentó la rectora. De hecho, el 31 por ciento de los egresados del Cesde del año pasado siguió estudiando.

¿Y qué estudian quienes llegan allí? El Cesde tiene cuatro escuelas: administración y tecnología, gastronomía y turismo, salud e industrias creativas. Las técnicas que tienen mayor demanda son arte culinario, desarrollo de software, enfermería, diseño gráfico y producción de contenidos, pues responden a sectores con alta demanda en la región.

Para no perder ese vínculo con el mercado, la institución trabaja con cerca de 1.500 empresas, algunas de ellas forman consejos empresariales que se reúnen periódicamente a revisar la oferta y a contar qué está cambiando en cada sector. Además de participar en la definición del pénsum, las empresas llegan hasta el salón de clases.

“En nuestros programas tenemos algo que llamamos el proyecto integrador, que es una forma de traer al aula retos empresariales para que los estudiantes los resuelvan aplicando diferentes saberes. Por eso se llama integrador, y lo van desarrollando a lo largo del ciclo educativo”, detalló Palomino.

A lo anterior se suman prácticas obligatorias en algunas técnicas, contratos de aprendizaje, formación con metodología dual con empresas y un curso de inteligencia artificial de Platzi, que hoy es obligatorio para todos. Los resultados se ven después de que se gradúan. Según la encuesta anual del Cesde, más de la mitad de sus egresados consigue un empleo formal en los primeros tres meses.

Julián aplica lo aprendido donde trabaja. “Me veo llevando la contabilidad de mi propio negocio. Por eso no he buscado otro trabajo ni he intentado ampliar mi experiencia laboral. Lo que sí he visto es que puedo aplicar ahí todo lo que he estudiado”, dijo. Eso sí, sabe que el día de mañana quizá ya no esté en el minimercado.