La obesidad y la salud mental se han convertido en dos desafíos prioritarios para la salud pública que requieren respuestas integrales, tanto desde el sistema de salud como desde las familias, las instituciones educativas y la sociedad. Así se planteó en el panel ‘Obesidad y salud mental: dos desafíos para la salud pública’, realizado en el marco del Foro Salud 2026, organizado por Foros Semana, donde expertos coincidieron en la importancia de fortalecer la prevención, facilitar el diagnóstico temprano y garantizar la continuidad de la atención.

La dimensión del reto es evidente. Según cifras de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI), la atención por trastornos mentales y del comportamiento en Colombia aumentó 166,8 por ciento entre 2015 y 2024. Por su parte, la obesidad, además de ser una enfermedad crónica, incrementa el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, lo que refuerza la necesidad de abordarla de manera temprana y sin estigmas.

Durante la conversación, Fabiola Lozano, directora ejecutiva de la Asociación Colombiana contra la Depresión y el Pánico, advirtió que reconocer la necesidad de ayuda en salud mental no siempre significa tener acceso efectivo a ella. El temor a ser juzgadas puede impedir que las personas busquen atención, mientras que las barreras del sistema, como los trámites y la dificultad para conseguir citas, retrasan la respuesta a sus necesidades.

A estas dificultades se suma la falta de redes de apoyo. Lozano destacó que las familias también necesitan acompañamiento, pues con frecuencia no están preparadas para comprender y manejar las situaciones que atraviesa uno de sus integrantes. Por eso, insistió en que la atención en salud mental debe reconocer el entorno de las personas y evitar que tanto los pacientes como sus familiares se sientan solos o desprotegidos.
La experta también subrayó que la prevención no debe comenzar cuando la enfermedad ya se ha manifestado. Identificar señales de alerta y facilitar el acceso a orientación profesional son pasos fundamentales para evitar que las dificultades se agraven.
Hábitos que se construyen desde la infancia
En materia de obesidad, Claudia Briceño, jefe del Servicio de Nutrición de la Fundación Santa Fe de Bogotá, puso el foco en los hábitos alimentarios que se forman desde los primeros años de vida. Según explicó, los adultos tienen un papel determinante en la orientación de niños y adolescentes, quienes necesitan referentes y acompañamiento para desarrollar una relación saludable con la comida.
La especialista invitó a revisar las prácticas cotidianas: el picoteo constante, las sobreingestas, los ayunos prolongados y las comidas apresuradas pueden favorecer hábitos poco saludables. También planteó una pregunta sobre el entorno familiar: “¿las personas comen con atención o lo hacen de afán, mientras consultan dispositivos digitales?"

En ese sentido, recomendó recuperar espacios de alimentación consciente, promover al menos una comida en familia y privilegiar alimentos básicos y naturales. Asimismo, llamó a dejar de estigmatizar los alimentos, una consideración importante para construir una relación más equilibrada con la comida y evitar que las recomendaciones nutricionales se conviertan en motivo de culpa o señalamiento.

El impacto de las pantallas y el estigma
Diego Vargas Chávez, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, alertó sobre los cambios en los hábitos de niños y adolescentes y la necesidad de prestar atención al tiempo que pasan frente a las pantallas. También llamó la atención sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial como fuente de soporte emocional, un fenómeno que plantea preguntas sobre la soledad, las redes de apoyo y el acceso a orientación profesional.
Para el especialista, estos cambios deben analizarse junto con otros factores, como el sedentarismo y el debilitamiento de los espacios de interacción. Frente a este panorama, destacó la importancia de desarrollar medidas preventivas costoefectivas, entre ellas los programas contra el acoso escolar, la capacitación en primeros auxilios psicológicos y la educación para el uso responsable de las redes sociales.
Vargas Chávez insistió, además, en que combatir el estigma es una condición indispensable para avanzar. Hablar de salud mental de manera abierta, sin prejuicios y con información adecuada permite que las personas reconozcan sus necesidades y busquen ayuda. La conversación debe involucrar a todos los actores: familias, instituciones educativas, profesionales de la salud, organizaciones y responsables de las políticas públicas.

El panel dejó un mensaje común: la obesidad y los trastornos de salud mental no pueden abordarse únicamente cuando aparecen las complicaciones. Se necesitan estrategias sostenidas que combinen educación, prevención, detección temprana y atención integral. Promover hábitos saludables desde la infancia, fortalecer las redes de apoyo y reducir las barreras de acceso son acciones que pueden contribuir a mejorar la calidad de vida y responder de manera más efectiva a estos desafíos de salud pública en Colombia.
