Adolfo Zableh, periodista y cronista colombiano especializado en no ficción, dio un giro audaz este 2026 con su debut narrativo en el género de la novela. Nunca nosotros llega a los lectores con una carga de sensibilidad, precisión y humor frente a aquellos amores posibles e imposibles marcados por el paso del tiempo y los encuentros que llegan tarde, pero dejan huella para siempre.
La novela surge en una coyuntura clave para las letras colombianas, impulsadas por el pulso renovado de la Filbo 2026, donde el autor presentará la obra ante un público ávido de historias íntimas en tiempos de prisa colectiva. La novela, editada por Ediciones B, de Penguin Random House, condensa dos décadas de “casis” entre dos personas en tres continentes, invitando a reflexionar sobre sincronías fallidas en el amor.

Frankenstein romántico

La llegada de Nunca nosotros responde a un plan ambicioso de Zableh: siete novelas en cinco años. Aunque Paraísos en el mar fue un embrión de la historia con “flashazos ensayísticos de su adolescencia en la Barranquilla de los noventa, con fiestas, mar y amigos”, la idea de su primera novela surge al final de la pandemia, en agosto de 2021, tras armar un archivo de historias posibles. Se concretó en mayo de 2024, cuando priorizó esta historia por su claridad, detalla Zableh a SEMANA.
La trama sigue a Natalia y Nicolás, que “se conocen en la adolescencia en una fiesta y no pueden estar juntos porque la noche en que se conocen ella está saliendo con el que después es su esposo. Pero se quedan como orbitando el uno al otro, como fijándose en qué andará el otro; se encuentran, se pierden. Son 20 años de la vida de ambos y en esos 20 años hay como seis o siete encuentros”, explica el barranquillero.
Para lograr transportar al lector a esa historia, Zableh crea un “Frankenstein” de anécdotas. “Tuve que juntar muchas historias mías con otras personas. Fue como un Frankenstein de cosas que me pasaron con otra gente y en otra época, o amigos míos o amigas mías que yo vi o que me contaron. Era como que cada cosa que yo he oído en mi vida, sea directamente o por chisme o incluso en música o en cine, me servía para acomodarlo en la novela”, relata.

Pero la idea detrás de Nunca nosotros también se gesta desde el deseo de crear una historia que el autor y los lectores sintieran como refugio cotidiano. “Yo quería ver una película de amor y las que me gustaban ya las había visto, y las que tanteaba para ver y para conocer se me hacían malísimas. Entonces dije: ‘Pues si no encuentro una película de amor que me guste, la voy a hacer yo’. Y eso fue lo que hice”, afirma el autor. “Es una novela rosa, cursi, light; sin embargo, está muy bien hecha, nada está contado al azar, todo está pensado”, defiende.

Sobre el momento de escritura de una novela romántica, Adolfo revela que se dio estando soltero: “Estuve soltero ocho años precisamente porque me costaba mucho dar con alguien que yo dijera ‘Esa persona me interesa’ y de decir que estoy dispuesto a darme la pela en una relación con todas las de la ley.
Escribir soltero una historia de amor también era una forma de decir: ‘Si ya no me vuelvo a enamorar, por lo menos que quede la constancia de que yo sí amé alguna vez’”.

Antagonista y aliado

El antagonista no es humano, es un “villano silencioso” que impide que se sincronicen las vidas de sus protagonistas. Con la sabiduría de quien ha aprendido a esperar, Zableh explica que “cuando uno es niño o adolescente y tiene más tiempo, se es más ansioso y se cree que el tiempo es una barrera, que es un obstáculo, un impedimento, que es el enemigo y es el culpable de nuestros males”. Pero ese “villano” termina convirtiéndose en un aliado.
“En la novela se ve claramente: son 20 años de espera a ver si, al fin, ellos se reencuentran y no se sabe. Hay unos momentos mal sincronizados, como que al final todo se trata de la sincronía. Muchas veces en el amor y en la vida en general se trata de coincidir, de saber esperar y de saber esperar la oportunidad”, explica Zableh.


La novela celebra las vivencias y la madurez que solo se consigue con el tiempo, pero especialmente las conexiones humanas. “Con los años, uno entiende que la forma de conectar cambia y que conectar con las personas realmente es muy difícil y que la gente cambia con los años: la gente se casa, la gente se va, la gente se muere. La gente se aburre de la otra gente”, narra el autor, quien rememora sus propios recuerdos de juventud.
“Antes no me la pasaba en la casa nunca, salía en la mañana a clases y después me iba a estudiar a la casa de otra gente. Pero era una excusa para socializar”. Una vez más, el tiempo aparece como protagonista y villano en medio de cómo las personas se relacionan, se enamoran; orbita en la vida de los otros, confirmando que la vida y el amor se rigen por las sincronías.

Musicalizar el amor
Adentrarse en Nunca nosotros implica no solo entender el tiempo, sino también adentrarse en una banda sonora cautivante, como la de las películas románticas más famosas. Cada capítulo está dividido por canciones que van tejiendo el entramado de historias de los protagonistas. Cat Power, The Cardigans, The Breeders, The Cranberries, Frank Sinatra, George Harrison, Supertramp, Charly García y Pedro Aznar son solo algunos de los artistas que acompañan al lector.
No es sorpresa que Zableh lo haya hecho así. “Yo oigo las mismas 2.000 canciones hace 25 años. Voy sumando a mi vida cinco o diez canciones al año. Yo antes era superrockero, solamente oía rock. Ahora te oigo lo que sea y me encanta. Oigo música clásica, me encantan las rancheras, escucho más géneros que antes”.
Ese gusto musical hace que, en su debut como novelista, las canciones sean un camino narrativo para el desarrollo de la historia de Nicolás y Natalia, que, como revela el mismo autor, espera algún día “se convierta en película o en serie”.


El mensaje final es optimista: todos los enamorados tendrán su oportunidad si esperan sin forzar. “En el amor, yo creo que mientras uno más desesperadamente busca, menos lo encuentra; o lo encuentra más complicado. Si uno está fresco, sin meterse desesperadamente en alguna relación o encontrando el amor de la vida semanalmente en cualquier esquina o en cualquier lado, yo creo que le va mejor. Si uno va fresco, puede seguir esperando que la vida haga lo suyo. La vida también separa gente, pero así como separa, la vida también la junta”. Nunca nosotros trata de eso: de dos personas que se enamoran muy temprano en la vida y entienden que las cosas que valen la pena toman su tiempo y, quieran o no, les toca esperar su momento y que, como lo dice emotivamente Zableh: “Tuvieron que aprender el don de la paciencia”.
Nunca nosotros promete resonar como un himno a esas historias de amor en las que el azar sigue cruzando a sus protagonistas, pero las decisiones, la paciencia y la madurez que traen los años desenredan las consecuencias de lo que pasa cuando la persona que puede cambiar nuestra vida llega en el momento equivocado.
