La actriz caleña María Helena Doering compartió un doloroso y hasta ahora poco abordado episodio de su vida personal y profesional: el día en que estuvo a escasos metros de morir debido a la detonación de un artefacto explosivo en Bogotá.

El hecho ocurrió a principios de la década de los noventa, en una de las épocas más complejas de la historia reciente de Colombia por cuenta de la ofensiva terrorista de los carteles del narcotráfico.
Durante una entrevista en el formato digital Bravíssimo sin tapujos, conducido por el presentador Marcelo Cezán, la artista rememoró con precisión los momentos de angustia que vivió cuando apenas llevaba dos semanas de haber regresado al país tras una extensa estancia en el exterior.

Doering, con trayectoria internacional como modelo y actriz en Asia y Europa, explicó que su retorno a Colombia coincidió con la guerra declarada por el narcotráfico contra el Estado.
“A mí no me tocó la toma del Palacio de Justicia. A mí no me tocó la tragedia de Armero. Yo vivía en otro mundo (...). Sí llegaban las noticias, pero no con esa importancia que le dan hoy en día ni con esa inmediatez”, contextualizó la actriz, refiriéndose a sus seis meses previos de residencia en Tokio, Japón.
A los pocos días de su arribo, y mientras se alojaba en las instalaciones del Hotel Orquídea Real en el centro de Bogotá para iniciar las grabaciones de un proyecto televisivo, la violencia del país la alcanzó de manera directa.
De acuerdo con el testimonio brindado en el pódcast, la detonación ocurrió aproximadamente a las 8:00 p. m. del 9 de diciembre. Doering se encontraba en la habitación 3606 cuando una carga explosiva fue activada en la habitación 3603 del mismo piso.
“Me estaba bañando en ese momento cuando oigo este estruendo, oigo un segundo estruendo y yo dije: no, yo aquí me voy a morir’. Y se va la luz”, relató la actriz.
El impacto destruyó la totalidad de los ventanales de su habitación. Según su relato, el diseño estructural del cuarto de baño actuó como una especie de protección: “El baño era como un búnker. Si yo no hubiera estado en el baño, probablemente hubiera salido junto con la ropa por la ventana”.

Tras la explosión, Doering logró salir al pasillo en medio de la oscuridad y los escombros, donde constató la gravedad del hecho al cruzarse con las primeras víctimas del atentado, entre ellas un joven bachiller de la Policía que resultó gravemente herido.
La actriz descendió a pie los 36 pisos de la estructura debido a que los sistemas de ascensores y fluidos eléctricos quedaron fuera de servicio.
Al llegar a la recepción del hotel, fue auxiliada por personal de producción de la televisión, quienes acudieron a su rescate. El impacto psicológico del atentado hizo que la actriz evaluara seriamente la posibilidad de cancelar sus compromisos laborales y regresar de inmediato a Europa, donde se encontraba su esposo.

A pesar del temor generalizado y la persistente persecución estatal contra las estructuras criminales de la época, Doering decidió quedarse en el país debido al avanzado estado del proyecto audiovisual en el que participaba.
“Ya estábamos al aire, ya iban a salir los comerciales (...) Pensé seriamente la semana siguiente: ¿Yo qué estoy haciendo aquí? Pero resolví darme otra oportunidad y de ahí en adelante no paré de trabajar” en Colombia, concluyó.
