Colombia lleva cerca de tres décadas diagnosticando el salto que necesita dar para convertir el conocimiento en desarrollo, pero la pregunta de cómo financiarlo sigue sin resolverse. Las Misiones de Sabios —una iniciativa en la que expertos nacionales e internacionales trazan hojas de ruta para el avance de la ciencia y la educación— han señalado la necesidad de aumentar la inversión en investigación y desarrollo. Pero para Dolly Montoya, exrectora de la Universidad Nacional, el problema no es la falta de diagnósticos, sino que la ciencia continúa fuera de las prioridades reales del Estado.
“La ciencia, la tecnología y la innovación siempre están en la bandera de los gobiernos, pero son como honores a la bandera”, aseguró. La prueba, señaló Montoya, está en el presupuesto: “Las prioridades se definen con dinero”. Y lo cierto es que en el marco fiscal del país la investigación no ha conseguido un lugar estable que le permita pensar más allá de cada gobierno.
Montoya pone el foco en una caída que, según sus cifras, resume buena parte del problema. Colombia pasó de destinar unos 580.000 millones de pesos a investigación y desarrollo a contar con alrededor de 120.000 millones para 2026. “Estamos paralizando investigadores, grupos de investigación y gente que genera conocimiento”, afirmó.
Según Montoya, además, sigue siendo problemático que Colombia incluya en su indicador de I+D actividades que no corresponden estrictamente a la investigación. Por eso, su estimación es que la inversión estricta ronda el 0,1 por ciento del PIB, frente a cerca del 2,7 por ciento en los países de la OCDE. “Tenemos dos problemas: el primero, que contamos mal y decimos mentiras, y el segundo, que ese índice baja cada vez más”, reiteró.
Talento sin destino
Ahora las consecuencias aparecen en otro punto de la cadena: el talento. Colombia ha hecho un esfuerzo por formar investigadores, pero no ha construido un sistema que permita aprovecharlos. Según Montoya, el país forma entre 20 y 25 doctores por millón de habitantes al año, unos 1.200, mientras el promedio de la OCDE llega a 240 por millón y Brasil forma cuatro veces más.
Según Montoya, aún hace falta capital de riesgo, plantas piloto y mecanismos para escalar las tecnologías. “Al principio el Estado tiene que financiar alrededor del 70 por ciento de esos desarrollos y luego la empresa lo va asumiendo”, planteó la exrectora, citando el modelo alemán de los institutos Fraunhofer. La idea no es sustituir al sector privado, sino construir el puente que permita que una investigación llegue a convertirse en una solución comercial o social.
Montoya recuerda una experiencia concreta, cuando una empresa derivada de la Universidad Nacional puso en marcha un proyecto de productos biológicos para el agro. Es justamente ese tránsito el que falta multiplicar: que las universidades no acumulen prototipos mientras las empresas compran afuera tecnologías que también pueden desarrollarse en Colombia.
ALIANZA UNIVERSIDAD-EMPRESA-ESTADO
Para promover la alianza entre Estado, academia y sector privado Montoya ha liderado e impulsado varias Corporaciones, que han sido establecidas por la Ley de Ciencia y Tecnología para realizar actividades de desarrollo e innovación y tender el puente entre los generadores de conocimiento, las comunidades y las empresas, cuyo papel es fundamental. Corporaciones muy ligadas a la academia como Connect Bogotá; Ruta N Medellín, que trabaja con el empresariado antioqueño, y Manizales Más son algunas de ellas.
En cuanto a Rotorr-Motor de Innovación, Montoya argumentó: “Rotorr es una corporación que creamos en la Universidad Nacional, y como somos universidad del Estado, nosotros necesitábamos modernizarlo. En la Contraloría, Rotorr modernizó toda la parte tecnológica que hoy maneja la Diari: una unidad que, junto con Rotorr, hace vigilancia in situ de los recursos públicos en los territorios más alejados del país. Asimismo, ha formado las personas que pueden ayudar a la Contraloría para revisar los recursos públicos”.

Frente a su rol en la sociedad, Montoya recalcó: “Fuera de la tecnología, Rotorr llega a las comunidades en regiones apartadas. Con los recursos que genera, además, ha creado parques en regiones apartadas para fabricar sonrisas en los niños. Rotorr es una corporación que toca el territorio y la tecnología de punta; es un grupo de jóvenes muy entusiastas que se han rodeado de muy buenas empresas nacionales e internacionales para que el conocimiento también nos llegue, porque no somos una isla y estamos en un marco global y tenemos que ser competitivos globalmente”.
“No sé por qué a la gente le duele tanto crecer; nos queremos quedar congelados en la adolescencia. Eso yo nunca lo he podido entender”, afirmó Montoya, explicando la persecución que el Gobierno pasado emprendió contra entidades como Rotorr a pesar del cumplimiento de las metas y los buenos resultados.
AUTONOMÍA UNIVERSITARIA
Otro de los puntos centrales que abordó Montoya fue la autonomía universitaria. A su juicio, la intervención de los gobiernos en la universidad puede afectar su independencia y su capacidad de trabajar en función de las comunidades: “Nosotros no nos podemos alinear ni con partidos políticos ni con tendencias económicas. Tenemos autonomía de pensamiento y nuestra vinculación es mejorar el trabajo en las comunidades”.
Montoya se refirió al papel que desempeñó Rotorr durante la administración del anterior rector de la Universidad Nacional: “Fue el caballito de batalla que cogió el anterior rector para decir que nos robamos la plata”. Montoya describió ese episodio como parte de una política que buscaba cuestionar todo lo ejecutado anteriormente: “Nos querían pintar de negro toditos, tender un marco de que ‘todo lo que se hizo fue malo’, y el producto de esa política crítica fue desbaratar lo que se hizo”.
La exrectora también cuestionó decisiones relacionadas con recursos de la Universidad Nacional. Mencionó un recurso destinado a la interconectividad y un fondo para atender las sedes cuando enfrentaran situaciones de desastre. Sobre este último dijo que “se gastó”, aunque aclaró que no sabía si había sido utilizado “en la Constituyente o en todas las cosas que inventaron”. Luego sostuvo que, aunque “nadie roba nada”, los recursos pueden “invertirlos de otra manera que no es la más conveniente”.
Para Montoya, preservar la autonomía también exige una formación que permita a los estudiantes analizar la información y construir posiciones propias. Su planteamiento es que la universidad forme ciudadanos capaces de cuestionar y proponer sin convertir la diferencia en una descalificación.
Finalmente, tras décadas de diagnósticos, el desafío que describe Montoya consiste en conseguir que las piezas que ya existen dejen de avanzar por separado: investigadores con recursos, doctores con un lugar donde aplicar lo aprendido, empresas capaces de asumir tecnologías nacionales y un Estado que pueda sostener una política más allá del ciclo político. “Es precisamente lo que posibilita Rotorr para propiciar el desarrollo social y económico del país”, finalizó Montoya.
*Contenido elaborado con el apoyo de Rotorr Motor de Innovación.
