Una carretera no termina en su último kilómetro: continúa en la cosecha que llega a un mercado nuevo, en la empresa que amplía su operación y en el joven que consigue empleo sin tener que irse de su región. Así lo concibe Nicolás Jaramillo, presidente de Conconcreto, quien, desde una compañía que en 65 años ha participado en más de 3.000 proyectos, propone valorar cada obra por las oportunidades que abre y no únicamente por los problemas que resuelve.
La carretera es apenas un ejemplo. Según Jaramillo, lo mismo ocurre con una central de energía que respalda el crecimiento de la industria o con una vivienda que le permite a una familia construir su patrimonio. “La infraestructura deja de ser únicamente una obra para convertirse en una decisión estratégica sobre el futuro del país”, afirmó.
Para llevar esa idea a la práctica, Jaramillo planteó dos cambios. El primero consiste en medir los proyectos por sus resultados, más allá de su tamaño o presupuesto: el tiempo que ahorran a las personas, los empleos que generan, los mercados que conectan y las familias que acceden a vivienda. El segundo es garantizar la continuidad de las iniciativas estratégicas mediante una visión de largo plazo que permita terminarlas y aprovechar sus beneficios.
En ese camino, el directivo asignó un papel central a la inversión privada, cuyo aporte, explicó, “va más allá del capital: incorpora experiencia, innovación y conocimiento especializado”. De la mano del sector público, esa combinación permite sacar adelante proyectos de gran alcance. Su impacto, además, comienza antes de la inauguración: durante la construcción se movilizan proveedores, se crean puestos de trabajo y se dinamizan otros sectores. Una vez en operación, la infraestructura puede atraer nuevas inversiones e impulsar actividades productivas durante generaciones.
Conconcreto conoce de primera mano el valor de llevar estas ideas a la práctica. Sus obras han contribuido a mejorar la movilidad, impulsar la generación de energía, crear espacios para vivir y fortalecer la actividad industrial y comercial. A través de ellas, la compañía ha aprendido que una gran obra necesita, además de una buena idea, conocimiento, recursos y capacidad de ejecución.
En ese contexto, Nicolás considera que el país cuenta con condiciones para avanzar. “Contamos con talento, diversidad económica, experiencia empresarial y territorios con un enorme potencial”, afirmó. La oportunidad, a su juicio, está “en convertir esas fortalezas en proyectos que se hagan realidad y generen beneficios duraderos”.
Sin embargo, este propósito requiere la participación de distintos actores. A las instituciones les corresponde fijar prioridades y dar continuidad a los proyectos; a las empresas, aportar inversión, conocimiento y capacidad de ejecución, y a las comunidades, compartir su conocimiento del territorio, fundamental para que las soluciones respondan a las necesidades de la población.
Para Nicolás, construir el país que se quiere exige algo más que imaginarlo: implica tomar las decisiones y hacer las inversiones necesarias para alcanzarlo. Por eso, con la intención de seguir siendo parte activa de ese propósito, insistió en que la pregunta que hoy debe guiar a Colombia “no es solamente qué construimos, sino para qué”.
*Contenido elaborado con el apoyo de Conconcreto
