El sector de viajes y turismo no solo define innumerables experiencias humanas; hoy, más que nunca, es un pilar de la economía global y un motor de desarrollo social y comunitario. Las cifras más recientes del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por su sigla en inglés) muestran la magnitud de esta industria: al cierre de 2025 el sector representó 11,7 billones de dólares, equivalentes al 10,3 por ciento del PIB global.
Además, las empresas que participan en esta industria generaron más de 371 millones de empleos en todo el mundo, consolidándose como uno de los sectores con mayor capacidad para generar oportunidades laborales.
La proyección para la próxima década es aún más reveladora, pues se estima que el turismo inyectará hasta 16,5 billones de dólares a la economía global, representando cerca del 11,5 por ciento del PIB mundial, y sosteniendo más de 460 millones de empleos, es decir, uno de cada ocho trabajos a nivel mundial.
Pocas industrias tienen un impacto tan significativo y amplio en el bienestar económico de países y comunidades. Sin embargo, las empresas del sector tienen desafíos por superar y contextos locales y mundiales que ponen a prueba su capacidad de adaptación.
Un turismo más amigable
Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es el del desarrollo sostenible. El turismo, como todas las industrias, debe equilibrar su crecimiento económico con protección ambiental, preservación cultural y bienestar comunitario. El aumento en la demanda turística se traduce frecuentemente en presión sobre recursos naturales, infraestructura y calidad de vida local, lo que puede generar conflictos si no se gestiona con visión responsable.
Actualmente, ya se visualizan algunos avances. De acuerdo con nuestra reciente Investigación Ambiental y Social, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero del sector de viajes en 2024 disminuyeron 9,3 por ciento con respecto a 2019, es decir, que ahora representan el 7,3 por ciento del total global de emisiones.
La mayor parte de esta disminución en la intensidad se debe a mejoras en eficiencia, incluyendo un aumento del 16,6 por ciento en la adopción de energía baja en carbono en todo el sector y una reducción del 5,7 por ciento en el uso de combustibles fósiles. Esto es prueba de que el sector puede crecer mientras reduce su impacto ambiental. Pero debemos seguir acelerando la acción y redoblar los esfuerzos en combustibles sostenibles, energías renovables e infraestructura baja en carbono.
La innovación es vital
Nuestros informes más recientes sobre tecnología demuestran que la innovación será el elemento que marcará la diferencia en la próxima década. A través del informe ‘Technology Game Changers: Future Trends in Travel & Tourism’, identificamos 16 tecnologías disruptivas agrupadas en cuatro grandes ejes: digitalización, Fintech, nuevas formas de movilidad e innovaciones avanzadas, que están redefiniendo la forma en que se planifica, opera y experimenta el turismo.
Entre las tendencias más relevantes se destaca el crecimiento acelerado de la Inteligencia Artificial, cuyo uso en asistentes de viaje aumentó 200 por ciento en 2024, permitiendo reservas más ágiles, experiencias personalizadas y atención inmediata al cliente.
Así mismo, la digitalización de procesos, la automatización inteligente, el uso de datos para una mejor toma de decisiones y las soluciones biométricas en fronteras y aeropuertos no solo facilitarán los viajes, sino que elevarán la competitividad de las empresas y permitirán a los destinos gestionar mejor sus recursos.
Estas herramientas, cuando se implementan de forma responsable y con enfoque humano, ofrecen una oportunidad única para impulsar la sostenibilidad, fortalecer la resiliencia y garantizar que el crecimiento del sector beneficie tanto a viajeros como a comunidades. La tecnología, por lo tanto, no es un fin en sí mismo, sino un catalizador para construir un turismo más inteligente, más integrado y, sobre todo, más inclusivo.
Finalmente, la industria debe prepararse para incertidumbres globales como crisis económicas, cambios en patrones de movilidad, desafíos sanitarios o variaciones en las regulaciones internacionales. Sin embargo, eso exige resiliencia, adaptabilidad e innovación constante.
