Pódcast | “La agricultura urbana va a pasar de ser un hábito ocasional a convertirse en un sistema”

Los expertos coinciden en que es imperativo restaurar la relación armónica entre el desarrollo urbano y la naturaleza, no solo porque es lo más estratégico, sino porque la supervivencia de la humanidad dependerá de ello.


Bangkok, Shanghái y Ho Chi Minh son algunas de las ciudades consideradas con mayor riesgo de terminar sumergidas bajo el agua en momentos de marea alta, a mediados de este siglo, de acuerdo con un estudio publicado en octubre por el instituto Climate Central en colaboración con la Universidad de Princeton y el Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam en Alemania.

De hecho, según el mismo documento, las urbes que podrían desaparecer de este modo son habitadas actualmente por alrededor de 150 millones de personas y advierten que 50 grandes ciudades costeras de todo el planeta tendrán que aplicar medidas de adaptación “sin precedentes” para evitar que el mar las borre del mapa.

En Colombia el panorama no será muy distinto. Expertos del país ofrecen su punto de vista sobre el tema en el nuevo episodio de Espacios del futuro, el pódcast sobre el porvenir de las ciudades que realizan Semana Podcast y constructora Amarilo.

Según Brigitte Baptiste, bióloga con doctorado honoris causa en Conservación Ambiental y actual rectora de la universidad EAN, “los ejemplos más críticos provendrán de las ciudades de la Costa Caribe, que serán muy afectadas por la erosión costera y el influjo del mar constantemente sobre las zonas bajas, de la división entre lo terrestre y lo marino (...) Ninguna ciudad va a permanecer sin efectos importantes derivados del cambio climático”.

Para Alejandro Echeverri, director del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales - Urbam de la Universidad Eafit, las ciudades colombianas, como las del mundo, se han construido generalmente dándole la espalda a la naturaleza y basadas en el consumismo. “Estamos influenciados profundamente por la concepción del desarrollo del modelo económico en el que estamos. Entonces, ha imperado la idea del desarrollo en relación con la idea de que el hombre domina el universo o las condiciones que están en el planeta y que los recursos son infinitos”, precisa.

En este contexto, Baptiste cita dos ideas de urbes más amigables con el medio ambiente y tan realistas como necesarias para el futuro, en el sentido de que responden a las necesidades que demandará el entorno de cara al cambio climático. Por un lado, están las infraestructuras anfibias: “Serían aquellas que nos permitan garantizar la movilidad, la prestación de servicios y niveles de bienestar a los ciudadanos, independientemente de qué tanto ha llovido o dejado de llover o cuáles son las características de los eventos extremos que las pudieran afectar”.

Y por el otro habla de una idea más básica, que retoma los valores ancestrales y es la de la ecópolis: “Son ciudades donde predomina menos la infraestructura gris y donde quiera que se pueda aparecen espacios verdes que acogen a las especies propias de la región. La ecópolis es un modelo urbano mucho más diverso en términos biológicos y donde la gente es mucho más consciente de que hace parte de esas relaciones orgánicas que tiene el mundo”.

Sobre este aspecto, Jorge Álvaro Ramírez Fonseca, director del Colectivo Arquitectura Bioclimática, agrega que actualmente ya no es suficiente hablar de cuidar los ecosistemas, sino de regenerarlos, de revertir y recuperar.

“Hace 200 años Bogotá tenía unas cien veces más el área de humedales que tiene actualmente. Si nosotros quisiéramos mejorar nuestra relación, deberíamos pensar en actuar de manera regenerativa”, asegura.

Adicionalmente, Baptiste señala que la autonomía alimentaria de las ciudades puede verse amenazada por los eventos externos, como pasó con la pandemia del Covid-19, “por lo que las urbes van a tener que pensarse como espacios productivos. La agricultura urbana va a evolucionar para pasar de ser un hábito ocasional y divertido a convertirse en un sistema”.

Ramírez coincide con Baptiste y agrega que promover la agricultura urbana hace parte del paquete de recomendaciones que ha hecho la ONU para tener ciudades más saludables, dentro de las que también están “reducir y gestionar mejor el desperdicio de comida, reconectar a las ciudades con sus áreas rurales adyacentes, fortalecer los espacios verdes e incentivar las dietas saludables”.

Con todo lo anterior, los expertos concuerdan en que es imperativo restaurar la relación armónica con la naturaleza, lo cual no es un reto menor, pero al final debe ser visto como lo que es: una cuestión de supervivencia para la humanidad.

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