Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente Trump, y Bettina Anderson, exmodelo y socialité de Palm Beach, se dieron el “sí para toda la vida” en una ceremonia pequeña, discreta, íntima y alejada de los reflectores habituales asociados a la familia presidencial, en una pequeña capilla en la isla privada Little Pipe Cay, de 38 acres, ubicada en Exuma, Bahamas, durante el fin de semana del Memorial Day.

Sin embargo, las fotografías de la ceremonia y la fiesta fueron publicadas apenas ayer en las cuentas de Instagram de ambos. En palabras de la novia, la boda “fue simple, sagrada, hermosa y más feliz de lo que jamás pude haber imaginado”.
Anderson, de 39 años, graduada de la Universidad de Columbia y vinculada a actividades filantrópicas relacionadas con la conservación ambiental, estaba radiante con un sencillo pero espectacular vestido de seda de la firma Safiyaa, con tirantes finos, un escote en V pronunciado y la espalda descubierta.
El complemento fue una diadema de gran tamaño en la que se incorporó un velo corto de red. Además, optó por tres pulseras Cartier Love, junto a una pulsera tipo tenis y unos discretos pendientes de diamantes.
Para la fiesta, Anderson cambió su atuendo por un conjunto muy elegante de dos piezas personalizado, también diseñado por Safiyaa, cuya elaboración tomó unas 150 horas, debido a los bordados de cristales, detalles metálicos y cordones de seda.

Ambos looks minimalistas pertenecen a la firma británica, fundada en 2011 por la diseñadora alemana Daniela Karnuts, que se ubica entre la alta costura y el prêt-à-porter de lujo. La marca ofrece prendas elegantes, atemporales y confeccionadas a la medida, que contrastan con la tendencia de vestidos recargados y apuestan por una estética elegante y discreta.
Además, Safiyaa es reconocida por proponer líneas limpias, siluetas estructuradas, capas dramáticas, escotes elegantes, colores sólidos y ausencia de excesos decorativos. De hecho, la elección de Anderson no fue casual: la firma británica se ha convertido en sinónimo de elegancia atemporal y sofisticación moderna entre celebridades, empresarias y miembros de la realeza.
El gran ausente fue el presidente Trump
El novio vistió un traje de lino color beige, sin corbata ni cinturón, pero con un detalle romántico muy comentado: añadió una letra “B” bordada dentro de un corazón rojo en el interior de su chaqueta, en honor a su esposa.
A diferencia de las grandes bodas asociadas al entorno Trump, la ceremonia reunió aproximadamente a 40 invitados, entre los que se encontraban Ivanka, Eric y Tiffany Trump, además de los cinco hijos de Donald Trump Jr., junto con familiares y amigos cercanos de Bettina Anderson.
El presidente Trump no asistió. Días antes había dicho a la prensa que no estaba seguro de poder asistir a la ceremonia debido a que “no era el mejor momento” por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, aunque aseguró que “intentaría estar presente”.
Incluso llegó a especularse que sería una celebración mucho más grande y visible dentro del círculo político de Washington, pero finalmente la pareja optó por una ceremonia más discreta y privada.
Bettina y Donald Trump Jr. se comprometieron en Camp David, Maryland, a finales de 2025, después de un año de relación, y durante la celebración de los 39 años de Anderson. El pasado mes de abril la novia tuvo su despedida de soltera en Mar-a-Lago, Florida, junto a Ivanka Trump y su hija Arabella Kushner, además de Lara y Tiffany Trump. La pareja ya se había casado por lo civil en Palm Beach.
Más que una boda política, fue una declaración de amor marcada por el lujo silencioso, la discreción y la entrada definitiva de Anderson al círculo más cercano de los Trump.
