Inversión social

Aunque se contrae, la inversión privada sigue fortaleciendo el desarrollo local: “Es más significativa donde el Estado es débil”

Jaime Arteaga, director ejecutivo de Arteaga Latam y responsable del Índice de Inversión Social Privada, analiza el momento de tensión que enfrenta la inversión privada en el país: menos recursos, mayor presión regulatoria y decisiones que privilegian el corto plazo.

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22 de diciembre de 2025, 7:14 p. m.
Jaime Arteaga, director de JA&A Jaime Arteaga Y Asociados.
Jaime Arteaga, director de JA&A Jaime Arteaga Y Asociados. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

La inversión social y ambiental privada, que en 2024 movilizó cerca de 19 billones de pesos, empieza a mostrar señales de contracción. Jaime Arteaga, fundador y director ejecutivo de Arteaga Latam y responsable del Índice de Inversión Social Privada, advirtió que las dificultades en los sectores estratégicos, una percepción de inestabilidad normativa y la falta de apuestas a largo plazo están reconfigurando la forma en que las empresas se relacionan con los territorios.

SEMANA: ¿Qué revela el último Índice de Inversión Social Privada sobre el estado de la inversión en el último año?

JAIME ARTEAGA: Hay una contracción en la inversión social y ambiental privada en Colombia por dos razones: primero, los sectores como el de hidrocarburos, minería e infraestructura han tenido una contracción significativa, y segundo, la inversión social y ambiental privada está asociada con una visión de largo plazo que se ha visto afectada por la percepción de inestabilidad normativa.

SEMANA: El índice calcula que las mil empresas más grandes del país invirtieron cerca de 19 billones de pesos en 2024. ¿Qué le dice esta cifra sobre el rol de las empresas?

J.A.: La inversión social y ambiental empresarial ayuda, en parte, a que los territorios avancen. Además de que es más significativa donde el Estado es débil, especialmente fuera de los centros urbanos del país. Por otro lado, está dentro de las funciones del Estado fortalecer las capacidades productivas de los territorios. Así las cosas, la inversión social y ambiental empresarial hace parte de un círculo virtuoso, en el cual las comunidades avanzan hacia mejores condiciones de desarrollo gracias a que hay una mayor actividad empresarial.

SEMANA: La inversión privada para el desarrollo creció 17 %, pero con una brecha importante entre lo ambiental y lo social. ¿Por qué la inversión ambiental va más rápido?

J.A.: Además de la reducción de la inversión social voluntaria, afectada por la contracción de sectores estratégicos y la falta de nuevos proyectos de inversión empresarial a largo plazo, en los últimos años algunos esfuerzos migraron hacia la reducción de gases de efecto invernadero. Esto representa una paradoja, pues Colombia no es un gran emisor, pero sí necesitado una mayor financiación para la adaptación.

SEMANA: ¿Cuáles son las mejores prácticas de las empresas para generar valor en los territorios?

J.A.: Es difícil establecer cuáles son mejores que otras. Sin embargo, puedo afirmar que la mejor práctica es que las empresas cuenten con portafolios de inversión social y ambiental que sepan combinar proyectos tangibles, como infraestructura, con otros que tengan alto valor simbólico y social, como la democracia. El éxito está en la consistencia a largo plazo: tiene un mayor efecto invertir pequeños montos durante años que invertir millonadas en pocos meses.

SEMANA: ¿Qué sectores están liderando hoy la inversión social y ambiental voluntaria?

J.A.: Los sectores con mayor inversión social y ambiental voluntaria son los de minería, hidrocarburos e infraestructura. Sin embargo, dado que están pasando por un momento difícil, esta inversión se ha contraído de manera significativa.

SEMANA: Dos de cada tres pesos en compras se quedan en proveedores locales o nacionales, todo un impulso para el tejido empresarial…

J.A.: No creo que sea baja la inclusión de proveedores comunitarios y vulnerables. Lo que está faltando es un contexto que favorezca la creación de empresa formal, pero hasta ahora los incentivos estatales se han dirigido a todo lo contrario: promover actividades económicas y trabajo informal.

SEMANA: Muchas empresas ya tienen políticas de sostenibilidad, pero pocas miden el retorno social. ¿Por qué sigue siendo tan difícil medir ese impacto?

J.A.: La evaluación de la inversión social es uno de los grandes retos que enfrentan las empresas y es una manera de traducir los resultados al lenguaje de quienes toman las decisiones desde una perspectiva financiera. No es que los financieros sean los malos de la película, sino que hablan otro idioma y es nuestra responsabilidad traducir los proyectos a términos que sean entendibles para ellos. El retorno social de la inversión es una forma de hacer esa traducción.

SEMANA: ¿Cuál es el principal reto que deja este último índice?

J.A.: Además de la importancia de contar con un monitoreo del desarrollo territorial, que usualmente es aburridísimo para las áreas responsables de la inversión social y ambiental, el principal reto es la consistencia: planes quinquenales y, ojalá, decenales que comprometan al menos un porcentaje a iniciativas que transformen los territorios a largo plazo.


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