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‘El Cucho’ Hernández: la historia detrás del sueño que lo llevó a su primer Mundial

Este logro se lo debe no solo a su carácter y talento, también a su familia que lo apoyó en sus inicios, en medio de la escasez. Quienes compartieron con él recuerdan su difícil camino hacia el fútbol profesional.

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7 de julio de 2026 a las 12:58 p. m.
Juan Camilo Hernández, ahora en su primer Mundial con la Selección Colombia, ha llegado tan lejos en gran parte por todos los que lo apoyaron. La lista es larga, pero su familia la encabeza.
Juan Camilo Hernández, ahora en su primer Mundial con la Selección Colombia, ha llegado tan lejos en gran parte por todos los que lo apoyaron. La lista es larga, pero su familia la encabeza. Foto: FIFA via Getty Images

Era diciembre de 2012. Juan Camilo Hernández, de 13 años y desde hacía un tiempo conocido como ‘El Cucho’, estaba dentro del Hernán Ramírez Villegas cambiándose para disputar la final de la Copa Telecafé, una de las principales vitrinas del fútbol formativo en el Eje Cafetero. Su equipo Indubolsas enfrentaría a las inferiores del Deportivo Pereira. A las afueras del estadio, su papá Néstor Hernández libraba su propia batalla ayudando a parquear los carros y prometiendo cuidarlos a cambio de algunos pesos.

“¿Y no va a ver jugar a su hijo?”, le preguntaron varios en el parqueadero. Juan José Alzate Conde, que disputó esa final para las inferiores del Deportivo Pereira, recuerda muy bien la escena. “Yo fui llegando al estadio normal y me encontré al papá de ‘El Cucho’ ayudando a parquear carros. Le pregunté en mi inocencia si no iba a entrar. Y él dizque: ‘No. ‘El Cucho’ está allá con la mamá. A mí me toca seguir aquí camellando”.

La respuesta lo conmovió, pero no al punto de sorprenderlo. Néstor, más conocido como ‘Chinú’, hacía de todo para sacar adelante a su familia y apoyar el sueño de Juan Camilo de convertirse en futbolista profesional. Por eso, además de árbitro de fútbol aficionado y guadañero en fincas, llegó a vender pulpas de fruta, huevos, electrodomésticos y ropa usada. También trabajó en construcción y llevaba gente, primero en un Renault 4 que muchos recuerdan haber empujado, y luego en un viejo Mazda 323.

“Ellos se mantenían muy varados. Estaban en la mala, a veces sin un peso. Pero el sacrificio de los papás de ‘El Cucho’ fue enorme, hacían de todo. Decían que si el niño jugaba bien había que darle lo que necesitara y hacer el esfuerzo”, recuerda Manuel Ramírez, el primer entrenador de Juan Camilo en Pereira. “A veces uno ayudaba y los padres de otros niños en la escuela también. Por ejemplo, se hacían rifas para los viajes a otras ciudades y todos ponían para que ‘El Cucho’ pudiera ir”.

Juan Camilo Hernández, ahora en su primer Mundial con la Selección Colombia, ha llegado tan lejos en gran parte por todos los que lo apoyaron. La lista es larga, pero su familia la encabeza. “‘Chinú’ era muy recursivo. Un todoterreno. Es muy admirable todo lo que hacía por su hijo”, añadió Juan José Alzate Conde. “Si había que bajar unos mangos, él iba y los bajaba. Lo que fuera por ganarse unos pesitos. Por eso, ese día de la final (de la Copa Telecafé] vio la oportunidad. Él no hacía ese trabajo, pero me imagino que pensó: ‘Venga yo ayudo que necesito llevar la papita a la mesa’”.

Aquel día el equipo de ‘El Cucho’ perdió la final. Al menos Néstor volvió a casa con los bolsillos un poco más llenos. Apenas para la fecha, cuatro días antes de Navidad. Ese fue uno de los pocos partidos que se perdió de su hijo mientras este vivió en Pereira, desde que nació en abril de 1999 hasta que se fue a América en enero de 2017. Lo común fue su constancia para apoyarlo en entrenamientos y partidos. A la mayoría acudía en compañía de su esposa Janeth Suárez y hasta del perro de la casa que llamaban Tapete.

Ni siquiera un accidente en carro le impidió llegar a Manizales a alentar durante un Campeonato Nacional en 2013. El Valle era protagonista por contar en sus filas con grandes jugadores como John Lucumí, hoy en día en el Mundial con la Selección. A pesar del dolor por los golpes, Néstor no podía perderse la oportunidad de ver jugar a su hijo en un evento tan importante. Además, ‘El Cucho’, con la 10 en su espalda, era uno de los líderes de la selección Risaralda aun siendo un año menor que el resto.

“Es verdad que el sacrificio de los papás fue enorme. Pero ‘El Cucho’ también se sacrificó”, dijo Manuel, quien entrenó a Juan Camilo desde los seis años en la escuela Talentos Dunga Fútbol Club.
“Es verdad que el sacrificio de los papás fue enorme. Pero ‘El Cucho’ también se sacrificó”, dijo Manuel, quien entrenó a Juan Camilo desde los seis años en la escuela Talentos Dunga Fútbol Club. Foto: Getty Images

“Una vez había un torneo nacional en Manizales. Al papá de ‘El Cucho’ se le varó el carro y no pudo emprender viaje desde Pereira, entonces otro papá de un niño lo llevó. Pero en el camino se accidentaron”, recordó Diego Mauricio Sánchez, cuyo hijo, Juan José Sánchez, hacía parte de esa selección Risaralda. “Pero el accidente no fue impedimento para que aparecieran. El papá de ‘El Cucho’ llegó con contusiones, adolorido. No era grave, pero estaba aporreado. Él tuvo que pasar por mucho para que su hijo llegara tan lejos. Es digno de admiración porque se las arreglaba para estar al pie de su niño siempre”.

Y ‘El Cucho’ siempre honró los esfuerzos de su familia. Primero, con su talento como extremo, volante creativo o delantero. Era tan notable que lo hizo famoso en Pereira desde muy temprano: jugando descalzo en el barrio Las Mercedes de Cuba, representando al Inem en Intercolegiados o compitiendo a nivel regional y nacional con los equipos de Talentos Dunga, Indubolsas y las selecciones Risaralda. Muchos años antes de convertirse en profesional, ya contaba con hinchas en las gradas de sus partidos. Por la habilidad y porque su estilo representaba el fútbol de calle y de potrero, esa mezcla de magia y picardía.

“La primera vez que lo conocí fue particular porque nos hizo un gol de rabona. Nos enfrentamos antes de coincidir en selección Risaralda. Fue en la cancha de una finca que prestaron para el partido. Yo estaba en las inferiores del Pereira. Teníamos diez u once años. Él era más bajito en estatura y un año menor. Era completamente rapado, por eso le decían ‘El Cucho’, porque se parecía a ‘El Cuchu’ Cambiasso, el exjugador argentino”, recordó Juan José Alzate Conde.

“El caso es que en una jugada agarró el balón por banda derecha. Nosotros estábamos un poco confiados porque no lo conocíamos bien. Como yo era lateral izquierdo, me tocaba marcarlo a mí. Entonces lo fui temporizando para ver qué iba a hacer. Él se fue yendo hacia dentro, como hacia la media luna del área. Poco a poco dejó correr el balón y de la nada hizo una rabona y la metió rastrera. ¡Golazo! Yo quedé impresionado.: ‘¿Cómo nos va a hacer algo así un peladito más pequeño que nosotros’?”.

Pero ‘El Cucho’ también respondía al esfuerzo en su casa con disciplina, porque desde niño entendió que el talento no bastaba para cumplir su sueño. “Él siempre marcaba la diferencia. Cuando era ‘10’, tiraba unos pases increíbles para dejar al delantero listo para definir. Era muy claro, muy técnico. Pero lo que más destaco es que nunca faltaba a un entrenamiento. Era cumplido, puntual, entregado. También era un líder. Incluso muchas veces era el capitán en el equipo en el que coincidimos. Y eso que éramos todos mayores que él”, recordó Juan José Sánchez, otro compañero de ‘El Cucho’ en la selección Risaralda.

“Ese liderazgo se lo daba el talento, pero también la disciplina. Me acuerdo que entrenábamos de lunes a sábado, casi siempre en las tardes y en una cancha de tierra y llena de desniveles. No era un lugar apto. Todo jugaba en contra de nosotros. Pero yo creo que eso ayudó a forjarle el carácter. Él tenía un compromiso muy grande con el deporte porque sabía lo que quería y la diferencia que marcaba”, añadió Sánchez.

Manuel Ramírez también puede dar fe de ese compromiso. Antes de ser el primer entrenador de ‘El Cucho’ fue compañero del papá en equipos de fútbol aficionado. El primero era volante de marca y el segundo, extremo por izquierda. Y desde siempre admiró el deseo tan grande de Juan Camilo de ganarse la vida como futbolista, incluso desde que era un niño.

“Es verdad que el sacrificio de los papás fue enorme. Pero ‘El Cucho’ también se sacrificó”, dijo Manuel, quien entrenó a Juan Camilo desde los seis años en la escuela Talentos Dunga Fútbol Club, que ha formado diez jugadores que terminaron como profesionales, incluido Juan Camilo. “Además de puntual, era de los que me preguntaba: ‘¿Qué puedo hacer para corregir, para mejorar?’. En ese sentido, yo le pulí mucho la pegada, por ejemplo. Pero él también ayudaba a corregir a sus compañeros. Tenía un liderazgo el berraco. Aportaba mucho. Preguntaba en las charlas técnicas, proponía. Y siendo un niño se trazó una meta y un día me dijo: ‘Yo quiero ser jugador profesional, ayúdeme’”.

Todas las recomendaciones las siguió al pie de la letra, y las ha aplicado en todos los equipos profesionales: Pereira, América, Huesca, Mallorca, Getafe, Wattford, Columbus Crew, Real Betis y la Selección Colombia. El mayor aprendizaje: la actitud.

“Lo que aprendió conmigo fue la berraquera. Él era bajito. Entonces le decía que le iba a tocar más duro porque se iba a enfrentar a centrales grandes y que por eso tenía que ser fuerte. Si lo tumbaban, tenía que pararse rápido. La asistencia que hizo para el gol de [Jáminton] Campaz en el Mundial muestra ese trabajo. Chocó, eludió y tiró el centro. Ahí se ve reflejada esa berraquera y lo que aprendió en Pereira. Aquí tuvo muy buenos formadores”, añadió Manuel.

“Crecí en un barrio popular. Un barrio un poco complicado. Tuve que ver muchas cosas. Pero siempre tuve la mente fija en el fútbol”, dijo el 'Cucho' en el canal de YouTube del Betis.
“Crecí en un barrio popular. Un barrio un poco complicado. Tuve que ver muchas cosas. Pero siempre tuve la mente fija en el fútbol”, dijo el 'Cucho' en el canal de YouTube del Betis. Foto: Getty Images

Y la otra manera de ‘El Cucho’ de recompensar el esfuerzo de sus padres fue mantenerse alejado de tantas tentaciones en su entorno. “Mi infancia fue un poco complicada por la violencia y las drogas”, dijo él mismo para el canal de YouTube de su club, el Real Betis. “Crecí en un barrio popular. Un barrio un poco complicado. Tuve que ver muchas cosas. Pero siempre tuve la mente fija en el fútbol”.

Y las recompensas no se demoraron en llegar. En 2015, días antes de cumplir 16 años y mientras cursaba décimo en el colegio, debutó como profesional con el Deportivo Pereira. Y ese mismo año anotó por primera vez ante Real Santander como visitante.

Néstor lo festejó a la distancia y de afán gracias a la transmisión del radio escondido en su bolsillo mientras pitaba un partido de fútbol aficionado en Pereira. Para ese momento, a pesar de la llegada de su hijo al profesionalismo, aún no había dinero suficiente para dejar de rebuscarse la vida.

La escasez se iría pronto. Y lleva mucho tiempo sin volver a aparecer en sus vidas. El debut de su hijo en un Mundial, Néstor lo vivió en las gradas del Azteca en Ciudad de México. Las lágrimas no faltaron. Esa noche, los tiempos de tener que quedarse afuera del estadio por necesidad parecieron más lejanos que nunca.