El mercado laboral no se está encogiendo, se está reordenando. Esa es la tesis central del más reciente reporte de Future of Jobs del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) y la razón por la que sus cifras no pueden leerse como simples anuncios de reemplazo o pérdida de empleo.
Según los hallazgos, de aquí al 2030 el 22 % de los trabajos actuales cambiará de forma significativa. Y aunque el dato es contundente, también es incompleto si se observa sin contexto. Lo que está en juego no es la desaparición de puestos, sino una transformación profunda de las tareas, las habilidades y la manera de trabajar en un entorno marcado por la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas exigencias productivas.

El reporte, construido a partir de encuestas a más de 1.000 empleadores en 55 economías, proyecta una rotación estructural de 170 millones de nuevos roles y 92 millones de puestos desplazados, con un saldo neto positivo.
Al mismo tiempo, advierte que casi cuatro de cada diez habilidades actuales quedarán obsoletas o deberán transformarse en los próximos cinco años, debido a la tecnología —en especial la IA y el procesamiento avanzado de información— que es el principal motor de este reordenamiento, por encima incluso de factores demográficos o geopolíticos.
Desafíos en Colombia
En Colombia este panorama exige una lectura menos lineal. Para Lope H. Barrero, profesor de la Universidad Javeriana e investigador invitado de Seattle University, el porcentaje global de cambio del 22 % sirve como referencia, pero no refleja las particularidades del mercado laboral local.
“El reporte recoge principalmente expectativas de grandes empleadores, no está diseñado para reflejar el peso de la microempresa y del sector informal, que en Colombia son determinantes para el empleo y para la velocidad real de adopción tecnológica”, señaló. Sin embargo, advirtió que esa diferencia puede generar una sensación engañosa de estabilidad a corto plazo, pues el riesgo mayor puede aparecer más adelante, cuando la falta de adaptación termine pasando factura en competitividad.
Desde esa perspectiva, el Future of Jobs Report insiste en que la transformación vendrá, sobre todo, por tareas: los roles administrativos, de entrada de datos y de funciones repetitivas figuran entre los más expuestos, mientras que ocupaciones manuales o de primera línea —como algunos trabajos del campo, la construcción o los servicios asistenciales de salud— cambiarán con más lentitud.
Aun así, casi ningún oficio quedará intacto. “Incluso si un empleo se conserva en nombre, su contenido se transforma por tareas, por tecnologías y por nuevas exigencias de confiabilidad y seguridad”, explicó Barrero.
En esa lógica, la clave no está en cambiar de sector sino en la forma de trabajar. Daniel Escobar Grisales, profesor del Departamento de Ingeniería Electrónica y de Telecomunicaciones de la Universidad de Antioquia, lo resume desde la experiencia académica: “El riesgo no es permanecer en el mismo sector, el riesgo es no estar dispuesto a reconfigurar la manera en que se hacen las tareas”, destacó.
Así pues, la productividad asociada al uso de herramientas de IA ya ha dibujado una frontera silenciosa: quien no la cruza, queda rezagado.
Capacitarse para no quedar atrás
El WEF identificó en la brecha de habilidades el principal riesgo del mercado laboral global. Y en América Latina ese riesgo se amplifica por la estructura educativa y empresarial, pues como señaló Escobar, buena parte del empleo en Colombia sigue concentrado en actividades administrativas, repetitivas y basadas en reglas. “Habilidades que son fácilmente reemplazadas por una inteligencia artificial”, subrayó el profesor.
A todo esto se suma un modelo educativo que, en su diagnóstico, “privilegia la memorización y la repetición por encima del análisis, el criterio y la creatividad; justamente las capacidades más difíciles de automatizar”, agregó.
Frente a este escenario, la capacitación deja de ser un eslogan y se vuelve una urgencia. El informe Our Life with AI de Google, elaborado con Ipsos en 21 países y 21.000 personas, aporta una pista relevante en este sentido: por primera vez, la principal motivación para usar inteligencia artificial no es el entretenimiento sino el aprendizaje.
El 74 % de los usuarios del estudio afirma emplearla para aprender algo nuevo o comprender temas complejos. Entre estudiantes mayores de 18 años, el uso alcanza el 85 %, y entre docentes llega al 81 %, muy por encima del promedio global.
“El cambio prioritario debería ser acelerar rutas flexibles y modulares de formación en habilidades digitales aplicadas, combinadas con habilidades humanas clave”, afirmó Barrero. No se trata solo de entrenar programadores o especialistas en datos, sino de ofrecer caminos de reconversión laboral accesibles para población adulta y de integrar a empresas y universidades en una estrategia de largo plazo que evite la fuga de talentos.
La transición no será homogénea. Tanto el WEF como los expertos coinciden en que la adopción de IA será desigual entre sectores, territorios y tamaños de empresas Por ejemplo, las pymes que concentran gran parte del empleo en Colombia enfrentan barreras de recursos y conocimiento para invertir en transformación digital, lo cual puede profundizar las brechas existentes.
En ese contexto, el debate ya no se centra en si la inteligencia artificial cambiará el trabajo, sino en quiénes lograrán adaptarse a ese nuevo reparto de tareas y quiénes quedarán rezagados en términos de productividad y competitividad.










