Desde finales de 2020 la rutina de 531 familias en las veredas Chauta y La Punta, en la zona rural del municipio de Madrid, Cundinamarca, empezó a cambiar. Dejaron de cocinar con leña o carbón, de esperar el sonido de las campanas del camión que llegaba a cargar los cilindros. Por fin gozan del servicio de gas domiciliario.
Blanca Flor Cerón, una de las primeras habitantes y líderes de Chauta, una comunidad que ha conseguido avanzar gracias al trabajo en equipo durante los últimos 20 años, recuerda que al comienzo eran 60 personas en casitas de madera y plástico. Hoy ya son 1.400.
Después de conseguir empleo en una productora de flores, Blanca Flor se trasladó de Bogotá a Chauta. “Vivía en Bosa y me tocaba levantarme a las tres de la mañana porque entraba a trabajar a las cinco”. El terreno donde construyó su casa lo pagaron a plazos con su esposo, pero no tenían servicio de luz ni de agua.
“Recuerdo que hace años nos tocó abrir 7 kilómetros de “chamba” para que el agua llegara”, cuenta y advierte que esta no es la única obra que han gestionado como comunidad, pues a medida que la población creció surgieron nuevas necesidades, entre ellas, la del servicio de gas domiciliario.
“Como comunidad trabajamos unidos gestionando y haciendo solicitudes a las autoridades”, asegura Cerón. Particularmente en el caso del gas fueron varias las puertas que tocaron durante años. “No teníamos mucha esperanza, sin embargo, el alcalde Andrés Tovar siempre nos decía: esto va a salir, venimos trabajando y tenemos el pleno respaldo del gobernador Nicolás García, y efectivamente salió”.
La casa de Blanca fue la primera en recibir la conexión al servicio de gas domiciliario. “Aquí les dimos de comer a los trabajadores, les guardamos las herramientas y los materiales. Estamos muy contentos porque con el gas vivimos dignamente”.
A 3 kilómetros de Chauta está La Punta, otra zona rural del municipio de Madrid, en donde José Palacios ha vivido toda su vida en los terrenos que su abuelo dejó. Junto a su esposa, una hija y su nieta pasa sus días en una vereda a la que el tiempo transformó. “Aquí se cultivaba papa, mazorca, habas, frijoles, pero ahora es muy raro ver un sembrado”, asegura.
Su casa fue una de las 148 del sector que desde hace unas semanas cuenta con el servicio de gas. “Hace unos 40 años cocinábamos en fogón de leña. Después llegaron las pipetas que de 15.000 pesos pasaron a costar 70 mil para 20 días”.
José al igual que Blanca Flor reconoce el cambio positivo en su vida cotidiana gracias al gas domiciliario. “Nos dio una felicidad muy grande, porque habíamos sufrido mucho antes” y afirma que ahora cocinar la mazamorra que tanto le gusta será más fácil.

La conexión
Hollman Jovanny Méndez, secretario de Infraestructura del municipio, afirma que son más de 2.130 personas las beneficiadas con las obras de reconexión. “Estas obras comenzaron en la vereda de Chauta en el mes de agosto, habían sido suspendidas por el covid-19. En diciembre ya eran 383 los beneficiados, un logro importante que también se dio gracias al respaldo del Concejo Municipal, la Asamblea Departamental y Juan Carlos Coy. Todos estuvieron de cerca acompañando el proceso”, afirma.
En enero iniciaron las obras en La Punta y tres meses después se conectaron 148 usuarios de esta vereda. “La inversión total del proyecto fue de más de 400 millones de pesos por parte de la Gobernación”, advierte y destaca que “la inversión estimada en expansión de red por parte del operador Keops equivale aproximadamente a 700 millones de pesos”.
Las obras también significaron una inversión para las familias. “Cada usuario dio una cuota inicial de 200.000 pesos. El restante se financió a 36 meses”, señala Méndez, quien calcula que, sumando el consumo, el valor del servicio mensual en cada hogar será de 45.000 pesos, monto que irá decreciendo. “Esto representa una disminución en los gastos, pues una pipeta de gas cuesta entre 60.000 y 70.000 pesos y dura unos 20 días”.
Al entregar la obra en La Punta, el alcalde de Madrid, Andrés Tovar, aseguró que “los tiempos de cocinar con leña o con costosas pipetas de gas quedaron atrás, cuidando la salud y la economía, ahora más madrileños acceden a este servicio que se traduce en dignidad y calidad de vida”.
