Las mujeres han inspirado y transformado el mundo desde siempre. Durante siglos, cambiaron su entorno desde espacios considerados “privados o secundarios”: la familia, la comunidad, las redes de cuidado y la transmisión de conocimientos y valores, dice Mara Viveros, economista, doctora en Antropología y cofundadora de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional.
Hoy, por el contrario, tienen una presencia cada vez mayor en la política, la academia, la alta dirección o la tecnología. Lo que ha cambiado, a juicio de la experta, son las condiciones sociales en las que se ejerce y reconoce su aporte. “Da la impresión de que recién ahora estamos inspirando, pero, en realidad, se ampliaron los escenarios desde donde las mujeres pueden ejercer esa influencia. Ha sido el resultado de una lucha histórica para que sus aportes sean valorados”.
La transformación comenzó a gestarse a finales del siglo XVIII, durante la Revolución Industrial, cuando las mujeres accedieron masivamente al mercado laboral. Sin embargo, lo hicieron como mano de obra barata de minas y fábricas, sin derechos laborales básicos y con doble jornada porque nunca abandonaron las tareas del hogar. Un siglo después, se registraron las primeras huelgas importantes de trabajadoras textiles. Dos siglos después, llegaron las grandes protestas masivas, como la de Pan y Rosas, en Lawrence, Massachusetts (Estados Unidos), en 1912, en la que participaron 20.000 trabajadores, en su mayoría mujeres e hijas de inmigrantes, y la lucha frontal para conquistar el derecho al voto, en la que sobresalieron mujeres como la sufragista británica Emmeline Pankhurst.
Según registros históricos del Banco de la República, en 1951 la tasa global de participación laboral de las mujeres en Colombia se situaba apenas en el 18 por ciento. En esa década, las mujeres aún no entraban masivamente a la universidad porque solo a partir de 1934, el país les permitió el ingreso a la Educación Superior.
De aquel fenómeno da cuenta Rocío Londoño, socióloga, doctora en Historia, directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá durante la alcaldía de Antanas Mockus y cofundadora del medio de comunicación independiente Razón Pública. “Empecé mi carrera en una empresa de seguros muy reconocida y entonces, en plenos 70, era un fenómeno que una mujer pudiera hablar de corrido; ahora, imagínese, dirigir una empresa”.
Los avances científicos del siglo XX, como el de la píldora anticonceptiva, permitieron que muchas mujeres pudieran planificar la maternidad y dedicaran más tiempo a sus carreras. “En los años 60 y 70, empezaron a surgir referentes: mujeres que se destacaron en distintos ámbitos y que abrieron el camino para las generaciones que vinieron después. Ellas dieron lugar a una mayor conciencia sobre la inequidad de género prevalente”, dice Carolina Soto, economista y excodirectora del Banco de la República.
En Colombia, el cambio llegó progresivamente. Londoño lo vio reflejado en sus estudiantes durante los 36 años que fue profesora de la Universidad Nacional, a la que entró cuando tenía 25 y donde llegó a ser decana de la facultad de Ciencias Humanas. “A través del estudiantado veía las transformaciones que tenía la universidad, reflejo de los cambios sociales del país. Nunca dejó de impresionarme el desparpajo y la libertad con la que empezaron a expresarse las mujeres”. Para ella, las diferenciaciones de género se han ido rompiendo en términos profesionales e intelectuales. Como resultado, cada vez hay más mujeres inspirando desde distintos escenarios.
Lo ha hecho Soto desde lo económico e institucional. Según recuerda, durante gran parte de su carrera no fue consciente de la discriminación ni de la inequidad. Para la economista, que ha sido Alta Consejera para la Competitividad y el Sector Privado de la Presidencia de la República, la brecha de género solo fue evidente cuando escaló y empezó a romper techos de cristal. “Fue en las posiciones de mayor jerarquía en las que me di cuenta de que las mujeres éramos cada vez menos. En la Presidencia, por ejemplo, cada vez que necesitaban nombrar a un ministro o al director de una empresa pública, las listas eran solo masculinas”. La ausencia de mujeres en estos espacios, explica, y la falta de una respuesta clara que le permitiera entender el porqué, la llevaron a profundizar en el tema. “Empecé a preguntarme cómo podía contribuir a cambiar esa realidad, a identificar barreras, reconocer sesgos, entender por qué existen y, desde allí, a buscar que cada vez hubiera más mujeres en posiciones de liderazgo”.
¿Desde donde inspiran hoy las mujeres? Desde el deporte, desde la ciencia, desde la política, desde los medios de comunicación, y lo amplifican a través del mundo digital.
Lo hace Yolanda Ruiz, exdirectora de Servicios Informativos de RCN y cofundadora del exitoso pódcast Las Menopáusicas. Sostiene que desde el periodismo las mujeres han contribuido a poner sobre la mesa temas y debates que históricamente habían permanecido al margen de la agenda pública. Ahora, por medio de su pódcast, busca seguir visibilizando discusiones que fueron consideradas exclusivas de la esfera privada. “Ahí es donde radica el desafío. Por un lado, ir quebrando los techos de cristal para que no haya ningún lugar vedado para las mujeres, pero, adicionalmente, que podamos seguir abriendo discusiones importantes para el país”.
Lo hace Pamela Estrada, directora general de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, una organización sin ánimo de lucro dedicada a llevar servicios de salud y atención médica gratuita a poblaciones vulnerables. La misión de su liderazgo, dice, va más allá de realizar brigadas médicas en comunidades afectadas por el aislamiento geográfico, la pobreza, las catástrofes o la exclusión social. “Si mi trabajo logra que una niña crea más en sus capacidades, o que una mujer asuma retos que veía imposibles, estaremos generando una transformación que va más allá de nuestra misión humanitaria”.
Las redes como plataforma de inspiración
La inspiración también se ejerce desde el deporte. Así lo hace, por ejemplo, Eileen Gu, de 22 años y origen chino-estadounidense, la esquiadora de estilo libre más galardonada de la historia, un récord que también contempla a los hombres, y estudiante de Física Cuántica en la Universidad de Stanford. En una reciente entrevista con la revista Time, contó que uno de sus amigos, que es constructor de parques de esquí, bautizó como “efecto Eileen” al fenómeno demográfico que ha visto en el parque que administra desde hace más de una década. “Antes yo era la única niña en el parque. Ahora está lleno de niñas pequeñas y todas están esquiando”.
Con una audiencia de casi cinco millones de seguidores en Instagram y más de 260 millones de reproducciones en sus videos, la medallista olímpica es un ejemplo de cómo la tecnología y, en particular, las redes sociales, se han convertido en una herramienta para amplificar el liderazgo femenino. En su caso, ha aprovechado ese alcance para promover la participación de niñas y jóvenes en el deporte, hablar sobre lo importante que es la constancia para superar las adversidades y alcanzar grandes resultados. “Parte de las razones por las que las medallas y los rankings significan tanto para mí es porque, en un deporte dominado por los hombres, hoy esos récords están en poder de una mujer”.
Según WomenTech Network, una comunidad global de liderazgo femenino en el sector tecnológico, que reúne a más de 9.000 embajadoras en 179 países, las redes sociales han contribuido a aumentar la visibilidad y la representación de las mujeres. Además de convertirse en espacios para compartir historias y desafiar estereotipos, estas plataformas facilitan el acceso a redes de apoyo, oportunidades educativas, amplifican voces en el activismo, promueven la participación en política y las acercan a referentes femeninos que inspiran a nuevas generaciones. Aunque también advierten sobre los riesgos y desafíos asociados a su uso, como el ciberacoso, la desinformación o las amenazas a la privacidad, sostienen que promover la alfabetización digital y las prácticas seguras en línea es clave para aprovechar su potencial como una herramienta capaz de amplificar y fortalecer su liderazgo.
“Ninguna de nosotras ha llegado sola a los lugares que ocupa. Todas hemos tenido personas, muchas de ellas mujeres, que nos abrieron puertas y nos hicieron sentir que nuestros sueños eran posibles”, señala la economista Viveros para explicar la importancia de tener mujeres referentes en distintos ámbitos. Desde su rol como docente universitaria, y por los temas que enseña e investiga, se ha convertido en mentora de algunas de sus estudiantes, lo que implica dedicar tiempo, saber escuchar y respaldar la búsqueda de los propios deseos de quien es acompañada. “Las mentoras permiten que el conocimiento y las oportunidades circulen entre generaciones. No solo apoyan una trayectoria individual, sino que contribuyen a ampliar las posibilidades de las mujeres que vendrán después”, sostiene.
Diferentes estudios concluyen que ver a otras mujeres en posiciones de liderazgo tiene un efecto catalizador. El Women’s Leadership Study, de la consultora KPMG, una de las redes globales de auditoría y consultoría más grandes del mundo, encuestó a más de 3.000 mujeres de entre 18 y 64 años en Estados Unidos, tanto profesionales en ejercicio como estudiantes universitarias. Sus hallazgos fueron contundentes: el 67 por ciento afirmó haber aprendido las lecciones más importantes sobre liderazgo de otras mujeres y el 86 por ciento aseguró que ver a mujeres en posiciones de liderazgo las impulsó a aspirar a esos mismos cargos.
“La mentoría es muy importante porque nos facilita ese trasegar”, reconoce la economista Soto. Hacer parte de una industria específica, construir una carrera profesional exitosa, tener una proyección de crecimiento, son aspiraciones que se vuelven más alcanzables al recorrerlas en compañía. “Podemos hacerlo solas, pero juntas aprendemos de otras mujeres, conocemos experiencias, afianzamos percepciones e incluso nos deshacemos del miedo”.
Desde el ejemplo, las mujeres siguen abriendo caminos para que cada vez sean más quienes puedan aspirar a roles de liderazgo. Viveros advierte que hay que evitar idealizarlas: “Las mujeres son diversas, y siguen existiendo muchas desigualdades sociales que las separan”. Sin embargo, explica, “es precisamente su experiencia en sociedades enmarcadas por la desigualdad, lo que las ha hecho desarollar una mayor conciencia y sensibilidad hacia las relaciones, el cuidado, el bienestar colectivo y el impacto de sus decisiones en la vida de otras personas”, lo que puede traducirse en un liderazgo mucho más transformador. Yolanda Ruiz, por su parte, asegura que es necesario seguir derribando los techos de cristal, mantener el aprendizaje entre generaciones y tejer procesos colectivos alrededor de estos temas. “Es importante hacer visibles a las mujeres inspiradoras, porque pueden conectarnos con lo que somos individual y colectivamente”.
