Industria Cultural

La revolución de las mujeres en la industria audiovisual

Las mujeres nunca habían tenido tanta presencia en los espacios de decisión del sector audiovisual colombiano. Ejecutivas, directoras y productoras lideran iniciativas en las principales plataformas de streaming y ganan terreno en grandes proyectos. Al menos en las convocatorias del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico ya se alcanza la paridad. Las brechas de género persisten, pero el mapa ha cambiado.

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Ana María Mena Lobo
14 de agosto de 2026 a las 11:47 a. m.

“Uno de los mayores retos ha sido hacernos visibles”. Esa frase de la colombiana Ana María Londoño, nueva directora de Contenido de Netflix Colombia, podría resumir el recorrido de toda una generación femenina en la industria audiovisual del país. Ella, al igual que al menos una decena de mujeres que hoy ocupan cargos de decisión, son la muestra de cómo un sector masculinizado empezó, hasta hace poco, a pensar la participación de manera distinta.

En Colombia, de acuerdo con cifras de Killary Cinelab —Laboratorio virtual cinematográfico con perspectiva de género— la presencia de las mujeres en la industria a través de la historia (desde 1960 hasta 2018) ha sido de un 28 por ciento, frente a un 72 por ciento de los hombres. Además, según datos de Proimagenes Colombia publicados en 2021, el 48 por ciento de las películas colombianas estrenadas en los últimos 20 años habían sido producidas por mujeres y solo el 19 por ciento había sido dirigidas por ellas.

La buena noticia es que, aunque persiste el rezago, las cifras están dando la vuelta. “Estamos casi en un 50/50 en las últimas convocatorias del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC). El mundo se ha dado cuenta de la capacidad y el profesionalismo que existe en la mujer en Colombia”, dice Claudia Triana, directora de Proimágenes Colombia. Ahora bien, el FDC es solo una parte de la industria audiovisual en el país. Ningún otro fondo reporta públicamente cuántos proyectos son dirigidos por mujeres.

Aún así, la percepción es que las mujeres están dando un salto significativo en esta industria, pero con matices. No hay un auge per sé, sino una apuesta por visibilizar las brechas de género existentes. “La baja participación de las mujeres es un problema histórico y estructural de desigualdad”, dice Gerylee Polanco, directora de Killary Cinelab.

A ello se suman los estereotipos que empujan a las mujeres en esta industria hacia lugares cómodos. “A ellas las relegan a unos campos específicos en los que su opinión no incomoda y su voz es suavecita”, dice Diana Bustamante, cineasta, directora y productora de películas como Los viajes del viento y La sirga. Y añade: “Hay muchas productoras, pero muy pocas directoras, que es el cargo donde justamente se concentra la decisión creativa, y donde todavía no tenemos una representación suficiente”.

Laura Mora, directora y una de las cabezas detrás de Cien años de soledad en Netflix, lo aterriza a su experiencia: “Lo más difícil es entrar a la industria y una vez se logra, el entorno nos exige mucho más y nos perdona mucho menos. Hay una suerte de tratado diario de convencer al otro de que soy apta”, cuenta.

Mora, sin embargo, no describe una industria estancada. Por el contrario, nombra varias de las próximas producciones encabezadas por mujeres: Daniela Abad, con su primera película de ficción, de la cual Mora es productora; Catalina Arroyave, con su segundo largometraje; Mariana Saffon, con su ópera prima; y otros nombres como Victoria Rivera, Mónica Juanita Hernández y Sara Nanclares.

El límite no está en el talento, sino en las oportunidades: “Muchas veces se nos pide una experiencia que es imposible de tener más allá de nuestros propios proyectos”, dice Mora. Y también se refiere a los formatos, pues afirma que las directoras dominan el largometraje de autor, pero rara vez se les confía dirigir series, que es donde hoy se concentra buena parte de la inversión de la industria.

Las plataformas digitales: ¿un acelerador?

El ascenso de Ana María Londoño, la nueva directora de Contenido de Netflix Colombia, no es un caso aislado. En los últimos años, compañías como Netflix y Amazon Prime han incorporado mujeres en cargos en los que antes predominaban los hombres. Son ellas quienes, en palabras de Juliana Flórez, productora y Country Manager de México para la productora Dynamo, “estamos definiendo el futuro de la industria en las plataformas y eso es muy valioso”.

La llegada de las plataformas digitales, en buena medida, ha marcado la diferencia para las mujeres. “Cuando empecé, hace 20 años, hubo momentos en los que no había ni una mujer”, dice Flórez. Camila Misas, directora de Contenidos Originales para México de Amazon MGM Studios, lo describe así: “Hubo una transformación en los últimos años y muchas han entrado a participar en la toma de decisiones. Ahora su voz tiene más peso”.

En Latinoamérica, destaca Juliana Moreno, colombiana y directora de Contenido de Netflix para Argentina y Chile, hay una conversación valiosa sobre el liderazgo femenino. “Las plataformas han ampliado las posibilidades y eso ha permitido que cada vez más mujeres participen en decisiones creativas y de contenido. Pero ninguna de nosotras ha llegado sola”, dice.

Ganarse ese lugar no solo se refleja en la cuota de participación, sino también en el tipo de contenidos y las audiencias que lo reciben. “Hoy tenemos un público femenino que busca verse reflejado en la pantalla, y eso ha abierto oportunidades para contar otras historias”, afirma Londoño. Y sobre por qué importa quién decide qué se financia, es clara: “Tener mujeres en esos espacios permite ampliar la mirada y asegurar que existan historias que representen distintas realidades”.

Pero, pese a ese auge de las plataformas, es inevitable aceptar que esta discusión de género se da en una industria colombiana que, en números, todavía pelea por espacio. Según el boletín Cine en cifras, de abril de 2026 de Proimágenes, que recoge los resultados de 2025, las películas colombianas representaron el 19 por ciento de los 408 estrenos en salas del país; sin embargo, apenas reunieron el 1,5 por ciento de los espectadores y su recaudo en taquilla cayó 31,6 por ciento frente a 2024.

El terreno que las audiovisuales colombianas están disputando es pequeño. Y sin embargo, la esperanza está puesta en las nuevas generaciones de cineastas y en las mujeres que encabezan las grandes plataformas. El cambio es real, aunque no sea completo, y las cifras y las historias cuentan una curva que sube y que invita al optimismo.