La derechista Keiko Fujimori asumirá este martes la presidencia de Perú con la promesa de combatir con mano dura la creciente criminalidad y preparar al país para enfrentar el fenómeno climático de El Niño, que podría convertirse en el más devastador de las últimas décadas.

La administradora, de 51 años, ganó las elecciones de junio por un estrecho margen de menos de 50.000 votos frente al izquierdista Roberto Sánchez, tras haber perdido tres balotajes presidenciales consecutivos.
Hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), su llegada al poder marca el regreso del fujimorismo al Ejecutivo. Este movimiento político, de corte populista y ubicado entre el conservadurismo y el liberalismo, continúa dividiendo profundamente a la sociedad peruana.
“Es un partido que tiene un arraigo popular y que ha tenido una presencia dinámica en la política peruana, incluso cuando perdía las elecciones (presidenciales), por su presencia ininterrumpida en el Parlamento”, dijo a AFP el analista Jeffrey Radzinsky, director de la consultora política GFP.

La líder de Fuerza Popular ha prometido gobernar con firmeza, siguiendo el estilo de su padre, especialmente para enfrentar la peor crisis de inseguridad que vive el país andino desde el conflicto armado interno (1980-2000).
Entre sus principales propuestas figuran allanamientos en las zonas más peligrosas, la expulsión de migrantes indocumentados, la creación de tribunales anónimos y el retiro de Perú de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“Estoy muy de acuerdo” con sus promesas, dice Nelly Vega, ama de casa de 68 años. “Nos va a llevar a algo mejor. Estamos en un país con mucho terror”, agrega.
Las cifras reflejan el deterioro de la seguridad. En Perú, los homicidios pasaron de 1.000 en 2018 a 2.600 en 2025, mientras que las denuncias por extorsión aumentaron de 3.200 a 26.500 durante el mismo periodo.

Sin embargo, la presidenta electa enfrentará un escenario político complejo. Aunque Fuerza Popular cuenta con la bancada más numerosa del Congreso, los partidos de derecha no reúnen los votos suficientes para garantizar la aprobación de todas las iniciativas del nuevo Gobierno.
Este panorama obligará a Fujimori a negociar con otras fuerzas políticas si quiere sacar adelante las principales reformas de su programa.

A ello se suma el escepticismo de parte de la población, que responsabiliza al fujimorismo de la inestabilidad política que ha marcado al país durante la última década.
“Hay muchas expectativas de que se ilumine y haga un buen gobierno, pero con su accionar como opositora”; en los últimos años “las esperanzas no son buenas”, dijo a AFP Marcia Ángeles, una trabajadora independiente de 31 años.

Desde 2016, Perú, un país de 34 millones de habitantes, ha tenido ocho presidentes, la mayoría destituidos o forzados a renunciar por un Congreso en el que el fujimorismo ha mantenido una influencia decisiva.
Fujimori reemplazará al mandatario interino José María Balcázar y gobernará hasta 2031.
Con su llegada al poder, Perú se sumará a la tendencia de gobiernos de derecha que ha ganado fuerza en América Latina y que mantienen una relación cercana con el presidente estadounidense, Donald Trump.
A la ceremonia de investidura, prevista para las 12:15 p. m., asistirán, entre otros mandatarios, Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador) y Yamandú Orsi (Uruguay).
*Con información de AFP.
