La Marina de Estados Unidos incorporó a su plan de construcción naval a 30 años un nuevo programa de acorazados nucleares denominado clase Trump BBG(X), una iniciativa que marcaría el regreso de los grandes combatientes de superficie de propulsión nuclear por primera vez desde la retirada de los históricos cruceros nucleares estadounidenses.

El proyecto reemplazaría la línea prevista para los destructores DDG(X) y apunta a desarrollar una plataforma de gran tamaño diseñada para escenarios de guerra de alta intensidad, especialmente en el Indo-Pacífico.
Según el plan presentado para el FY2027, la Marina estadounidense prevé adquirir 15 buques hasta 2055. El cronograma financiero contempla una inversión inicial de USD 1.000 millones en 2027 para adquisición anticipada, seguida por USD 16.970 millones destinados al primer buque en 2028.
El segundo casco recibiría USD 13.028 millones en 2030 y el tercero USD 11.528 millones en 2031. La construcción de la primera unidad comenzaría en agosto de 2028 y su entrega estaría prevista para 2036.

El costo promedio de adquisición de las tres primeras embarcaciones rondaría los USD 14.500 millones por unidad, mientras que el primer barco podría superar los USD 17.000 millones antes de sumar gastos de sostenimiento, infraestructura y modernización.
Aunque la Marina no ha publicado un costo total oficial del programa, estimaciones analíticas proyectan que la iniciativa podría terminar costando entre 500.000 y 700.000 millones de dólares a lo largo de varias décadas.

El diseño conceptual del BBG(X) contempla un buque de entre 35.000 y 41.000 toneladas, considerablemente más grande que los destructores Arleigh Burke y Zumwalt.
La Marina justifica esas dimensiones por la necesidad de integrar sistemas de armas y sensores de próxima generación, que demandan mayores niveles de potencia eléctrica, refrigeración y espacio interno.

Entre las capacidades previstas figuran misiles hipersónicos, sistemas de energía dirigida, cañones electromagnéticos, guerra electrónica avanzada y sensores de gran alcance.
Además, el buque estaría concebido como un centro de mando flotante capaz de coordinar operaciones navales complejas incluso en escenarios donde las comunicaciones satelitales o las redes de combate resulten degradadas.

El proyecto surge en medio de crecientes preocupaciones sobre la capacidad de la flota estadounidense para sostener conflictos prolongados con alto consumo de misiles, como los escenarios evaluados en el Indo-Pacífico y las recientes operaciones de defensa antimisiles en el mar Rojo.
Sin embargo, el programa enfrenta importantes desafíos industriales y tecnológicos. La construcción de grandes buques nucleares compite por recursos con submarinos clase Virginia, Columbia y portaaviones clase Ford, mientras persisten dudas sobre la madurez real de tecnologías como los cañones de riel y las armas láser de alta potencia.
