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“Lo que traería al mundo moderno es la fe romana”: Edward Watts, historiador estadounidense

El escritor habló sobre los 2000 años de historia de los romanos e hizo un paralelo con las transformaciones políticas en la actualidad.

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28 de agosto de 2026 a las 11:40 p. m.
Edward J. Watts, historiador  y escritor estadounidense. Bogotá, agosto 24 del 2026.
Edward J. Watts, historiador y escritor estadounidense. Bogotá, agosto 24 del 2026. Foto: Guillermo Torres Reina - SEMANA.

Edward J. Watts, historiador estadounidense especializado en la historia de Roma, la Antigüedad tardía y el Imperio bizantino temprano, habló con SEMANA sobre como logró Roma convertirse en uno de los imperios más longevos de la historia.

Watts es profesor de Historia en la University of California, San Diego, donde también ocupa una cátedra dedicada a la historia griega y bizantina.

Se formó en Brown University y obtuvo su doctorado en Historia en Yale University en 2002. Su investigación se centra especialmente en los cambios políticos, religiosos e intelectuales que transformaron el mundo romano entre la Antigüedad clásica y el cristianismo.

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Edward J. Watts historiador y escritor estadounidense Foto: Guillermo Torres / Semana

SEMANA: Después de estudiar Roma durante tantos años, ¿qué es lo que todavía le sorprende hoy de los romanos?

E.W.: Creo que cada vez que uno mira algo del mundo romano, le sorprende el hecho de que los romanos están constantemente involucrados en esta conversación sobre de dónde vienen, dónde están ahora y a dónde quieren llegar en el futuro.

Ese origen les ayuda a entender el mundo en el que están ahora, pero también les ayuda a entender las posibilidades para el futuro, por eso el pasado es algo que, para los romanos, está muy vivo, de una manera que creo que a nosotros nos costaría mucho entender, porque los romanos creían que era su obligación entender por qué la gente decía y hacía lo que hacía en el pasado, hasta el punto de que se entrenaban para permitir que la gente del pasado casi los encarnara y hablara en el presente como si fueran esa persona del pasado, por eso creo que lo que muestra Roma es esta dinámica increíble entre lo que había antes, lo que hay ahora, y cómo se crea un futuro mejor que el presente, pero conectado con lo que se tuvo entonces.

SEMANA: ¿Por qué sobrevivió Roma tantos años, tanto tiempo, mientras tantos otros estados desaparecieron?

E.W.: Creo que el mayor secreto del éxito de Roma, creo que en realidad son dos cosas. La primera es esta idea de que debemos cambiar, pero debemos cambiar de una manera que sea sostenible y conectada con lo que fuimos antes. Así que tenemos tradiciones, y esas tradiciones son increíblemente valiosas, pero no pueden impedirnos volvernos diferentes y mejores.

Pero lo otro es que Roma es una sociedad de instituciones. Y los romanos creían firmemente que las leyes, las reglas y las formas de comportarse que habían heredado de sus antepasados eran buenas y que podían cambiar y evolucionar, pero debían preservarse.

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SEMANA: ¿Cuál fue la mayor fortaleza de Roma en esa época?

E.W.: Creo que la mayor fortaleza que tuvieron los romanos fue una clase dirigente que entendía que estas instituciones eran importantes, y que comprendía ese fenómeno. No es algo artificial.

Entendían que si vas a hacer algo nuevo, hay que hacerlo de una manera que los romanos, que entienden el mundo tal como era, también puedan aceptar.

Así que creo que el mejor ejemplo de esto es el emperador Constantino, quien se convierte al cristianismo, y cuando se convierte, el 10 por ciento de la población romana es cristiana, ¿verdad? es una religión muy pequeña.

Lo que Constantino comprende es que es poderoso, si hubiera querido, podría haber obligado a la gente a adoptar el cristianismo, pero no lo habrían aceptado. Es decir, tal vez lo habrían hecho, pero no lo habrían aceptado de verdad.

Lo que él entiende es que puede llevar a Roma gradualmente hacia el cristianismo si lo hace dentro del marco de las instituciones del mundo romano y por eso Constantino es un político muy inteligente, porque logra este cambio tan drástico en cómo funciona la religión romana. Pero lo hace de una manera que en realidad no es disruptiva.

Roma era una sociedad de instituciones y los romanos creían firmemente en preservar las leyes, las reglas y las formas de comportarse que habían heredado.
Roma era una sociedad de instituciones y los romanos creían firmemente en preservar las leyes, las reglas y las formas de comportarse que habían heredado. Foto: Guillermo Torres Reina / Getty Images / Montaje Semana

SEMANA: ¿Cómo podemos aprender, a partir de lo que usted acaba de decir, sobre la sociedad de hoy?

E.W.: Creo que, alrededor del mundo, estamos en un momento realmente muy difícil, en el que muchas sociedades, muchos países, muchas comunidades políticas están luchando de verdad con estas instituciones, porque las instituciones no parecen hacer por los ciudadanos comunes lo que ellos esperan que hagan y por eso resulta interesante mirar alrededor del mundo y ver cómo han respondido los distintos países a esto.

En Estados Unidos estamos luchando con esto. Estamos luchando de verdad, porque nuestras instituciones no están haciendo lo que nuestros ciudadanos quieren. Y nuestros ciudadanos están cada vez más enojados y desconfiados.

Creo que lo que me parece interesante de Colombia es que tiene una historia muy larga de instituciones que mantienen una especie de flujo regular de personas a través de las posiciones de autoridad, y una manera regular y coherente de permitir que la sociedad se mantenga arraigada en lo que era, pero también evolucione para incorporar nueva gente e inmigrantes, es una dinámica de la que creo que Estados Unidos podría aprender bastante, porque el entorno en el que Colombia ha logrado esto no es un entorno en el que muchos estados hayan tenido éxito haciéndolo.

SEMANA: ¿Y por qué es importante para la democracia, en esa línea?

E.W.: Este es un tema sobre el que tengo una opinión muy firme. Y creo que los romanos también la tenían muy firme. Lo que significa la democracia se basa en esta idea de la ciudadanía y un ciudadano es, en el contexto romano, pero creo que también en un contexto moderno, una persona que es copropietaria del estado, ¿verdad?, es, en cierto sentido, como una empresa en la que uno tiene acciones. Uno es copropietario de ese estado y eso significa que el estado tiene obligaciones contigo, y tú tienes obligaciones con el estado, creo que, cuando la democracia funciona, la gente reconoce esto.

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La gente común dice: tengo que darle algo al estado, pero el estado también tiene que darme algo a mí y la idea romana, que comienza en los momentos más tempranos de la historia romana y termina en el año 1204 después de Cristo, es esta idea de que, como ciudadano, tienes derechos, pero también tienes responsabilidades.

Creo que el problema en muchas democracias hoy en día es que hemos perdido ese sentido de que somos dueños de este estado.

Lo que estamos haciendo es alquilar este estado a nuestros padres para dárselo a nuestros hijos y el entendimiento romano era que heredas este estado de tus padres y quieres dejarlo mejor para tus hijos. Porque eres dueño de él, tienes obligaciones hacia él, pero también es algo multigeneracional y en Estados Unidos estamos luchando ahora mismo para que la gente entienda, primero que todo, que tenemos obligaciones con el estado. No lo creemos; muchos estadounidenses no lo creen.

También estamos luchando con esta idea de que el estado es algo que debemos valorar y mejorar, no empeorar, y transmitirlo a la siguiente generación en mejor condición de la que lo recibimos.

Creo que, en Colombia, es reconfortante ver que los ciudadanos abrazan esta idea de que el estado no es algo para destruir. No es algo a lo que se le hace una rabieta, se tira al suelo y se pisotea.

Mapa del Imperio romano de Julio César (100/101-44 a. C.), para sus "Comentarios". (Foto de Roger Viollet Collection/Getty Images)
Mapa del Imperio romano de Julio César (100/101-44 a. C.), para sus "Comentarios". (Foto de Roger Viollet Collection/Getty Images) Foto: Roger Viollet via Getty Images

SEMANA: Entonces, ¿en qué punto el cambio político se convierte en una amenaza para la estabilidad de un estado?

E.W.: Creo que el cambio político puede convertirse en una amenaza si ocurre demasiado rápido, o si ocurre de una manera que rompe esa conexión con el pasado. Le voy a dar un ejemplo de Roma. En el año 212 después de Cristo, el emperador Caracalla extiende la ciudadanía a todas las personas del Imperio romano, y así, el Imperio romano en el año 212 se extiende desde Escocia hasta Arabia Saudita, y desde Marruecos hasta Irak.

Cuando extiende la ciudadanía a todo el mundo, la idea es genial. Correcto. La idea es que ya no somos un imperio. No somos coloniales.

Ahora somos un estado-nación. Pero el problema es que ocurre demasiado rápido. No sabemos cuántas personas eran ciudadanos romanos antes del año 212, pero probablemente un máximo del 30 por ciento. Y entonces de pronto se suman 40 millones de nuevos ciudadanos, y el estado no tiene la capacidad para atender todas sus necesidades.

No se les puede dar las protecciones que esperan y durante unos 50 años, casi 70 en realidad, el estado romano lucha por construir suficiente infraestructura administrativa para poder tratar a todos los ciudadanos por igual, eso genera una inestabilidad política tremenda.

SEMANA: César, Augusto y Constantino son nombres que tal vez todos conocemos, de los que hemos oído hablar y sabemos quiénes eran. ¿Salvaron ellos a Roma, o Roma los necesitó porque sus instituciones ya eran débiles?

E.W.: Esta es una pregunta increíblemente complicada, porque creo que, con César y Augusto, honestamente se podría decir que ambos destruyeron las instituciones romanas y salvaron a Roma al crear nuevas instituciones. Y así se tienen dos figuras que se superponen entre sí: ambos crean las condiciones que colapsan la democracia representativa de Roma, y también crean las condiciones que hacen que Roma funcione durante los siguientes 1.500 años.

Por eso creo que se podría decir que, si las instituciones de la República hubieran estado funcionando, César nunca habría hecho ni querido hacer lo que hizo.

Creo que César marcha sobre Roma porque siente que no tiene otra opción, ya que, como ciudadano, no ve protegidos sus derechos, y sus seguidores, como ciudadanos romanos, también están siendo básicamente privados de sus derechos y por eso creo que César hace lo que hace, no porque quiera destruir la República, sino porque siente que la República ya está destruida.

Creo que Augusto es muy distinto, porque creo que Augusto está totalmente dispuesto a destruir la República. Está totalmente feliz de hacerlo, pero es muy raro en la historia encontrar a alguien que esté totalmente dispuesto a destruir una democracia y luego sea capaz de decir: pero necesitamos reconstruir algo parecido a esa democracia, de forma distinta.

SEMANA: ¿Cuál es el mayor mito que todavía creemos sobre Roma hoy en día?

E.W.: La mayoría de las veces, cuando la gente habla de Roma, todo el que habla de Roma sabe que Roma cayó, todo el mundo tienen la idea de que Roma cae en el siglo V después de Cristo y cae por invasiones o migraciones bárbaras que resultan demasiado para que el estado las maneje.

Creo que el mayor error es que el estado romano sigue existiendo en el Mediterráneo oriental durante otros 800 años más, ¿verdad? Así que sí, Roma sí colapsó en el noroeste de Europa en el siglo V, pero esa no es toda la historia. Esa ni siquiera es la parte más interesante de la historia.

La parte más interesante de la historia es lo que sucede en Constantinopla, en Siria, en Egipto y en Grecia, que hace que ese estado pueda sobrevivir durante mucho más tiempo.

Creo que la idea de que deberíamos enfocarnos en Roma como una lección sobre por qué colapsan las cosas, en primer lugar, pierde el punto. Roma, cuando lo miramos bien, en realidad no colapsó, ¿verdad? Perdió territorio, pero no colapsó.

Pero también creo que eso nos hace ignorar la historia más importante, porque ninguno de nosotros quiere vivir en una sociedad que colapsa. Queremos vivir en una sociedad que sea sostenible y Roma nos dice qué tipo de cosas necesitamos hacer como ciudadanos de una sociedad para que nuestra sociedad funcione.

No es una gran lección sobre por qué caen las sociedades, pero de todos modos esa no es la lección que queremos aprender. Queremos saber cómo hacer que las cosas funcionen.

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SEMANA: ¿Qué pueden aprender de esa experiencia los líderes modernos de Europa, de esta región?

E.W.: Creo que las mejores lecciones que los líderes modernos pueden aprender de Roma son respetar las instituciones que heredan y entender que su cargo es temporal.

Así como los ciudadanos alquilan su sociedad de sus antepasados para dársela a sus hijos, los líderes también básicamente ocupan la posición de liderazgo por un período fijo de tiempo, para hacer un conjunto fijo de cosas.

Es muy importante que los líderes entiendan que están al servicio de su estado. No lo están haciendo por sí mismos. No deberían estar haciendo esto por sí mismos. Son ciudadanos llamados por sus conciudadanos a dirigir el estado de la manera que dictan las instituciones que esos ciudadanos han creado.

SEMANA: Roma invirtió muchísimo dinero en cultura, en literatura y en espacios públicos: ¿qué tan importante fue la cultura para la fortaleza del estado romano?

E.W.: La cultura fue inmensamente importante. La cultura fue inmensamente importante.

Pienso en la Economía Naranja del presidente Duque, y creo que Roma tuvo su propia versión de la Economía Naranja.

Lo que hizo Roma fue invertir inmensamente en estructuras culturales, diseñadas para reunir a la gente y compartir experiencias. Hay, creo, casi 200 anfiteatros conocidos alrededor del Imperio romano. Todos ellos tienen capacidad para miles de personas. Hasta 50.000 personas en el Coliseo.

Algunas de las ciudades que tienen estos anfiteatros, como la ciudad de Saintes en el norte de Francia, tienen un anfiteatro con capacidad para 10.000 personas, y la ciudad ni siquiera tiene 10.000 habitantes.

Así que el propósito de esto es crear un espacio cultural donde todos, del entorno que sea, puedan reunirse y compartir algo, sin necesariamente hacerlos romanos. No es eso lo que están tratando de hacer. Lo que están tratando de hacer es decir: nosotros, como estado, tenemos un incentivo para construir comunidad.

Tenemos un incentivo para hacerte entender que esto no es solo tu pequeño pueblo. No es tu pequeña aldea, somos todos nosotros y construimos espacios donde puedes reunirte y participar en una cultura en la que participa todo el mundo, desde Britania hasta Siria. Y lo que eso genera es un sentido de pertenencia, pero también entrena a la gente para dominar esa cultura en toda clase de regiones distintas.

De modo que el liderazgo romano es un liderazgo a escala de todo el imperio. Y creo que por eso la cultura es tan importante, porque construye esta experiencia común a lo largo de un territorio inmenso.

Es beneficioso económicamente, porque cada vez que hay estos eventos en teatros con capacidad para 10.000 personas, la gente viene de todas partes y gasta dinero. Pero también genera una especie de continuidad con el pasado, porque la cultura reproduce cosas del pasado. Por eso creo que es increíblemente importante. Y es algo de lo que los historiadores romanos no hablan lo suficiente.

«El asalto final a Constantinopla» (29 de mayo de 1453), 1890. La caída de Constantinopla: la toma de la capital del Imperio bizantino —bajo el mando de Constantino XI Paleólogo— por un ejército otomano invasor liderado por el sultán Mehmed II, el 29 de mayo de 1453. Obra tomada de *Cassell's Illustrated Universal History, Vol. III - The Middle Ages*
«El asalto final a Constantinopla» (29 de mayo de 1453), 1890. La caída de Constantinopla: la toma de la capital del Imperio bizantino —bajo el mando de Constantino XI Paleólogo— por un ejército otomano invasor liderado por el sultán Mehmed II, el 29 de mayo de 1453. Obra tomada de *Cassell's Illustrated Universal History, Vol. III - The Middle Ages* Foto: Print Collector via Getty Images

SEMANA: ¿Qué problema económico que ellos enfrentaron nos resultará familiar hoy?

E.W.: La economía romana es muy distinta de la nuestra, pero una de las cosas que en realidad es bastante similar es que la economía romana, en el siglo II antes de Cristo, desarrolla un sector financiero muy grande y se desarrolla muy rápido y ese sector financiero se construye alrededor de la idea de bonos e instrumentos monetarios que se pueden comprar y vender y así la economía romana crece de una manera muy parecida a una economía del siglo XXI, donde gran parte del crecimiento económico no está en la capacidad industrial ni en la agricultura. En realidad está en las finanzas. Y eso crea problemas.

Como sabemos ahora, en el siglo XXI, un sistema construido alrededor de generar cantidades inmensas de dinero que no están ligadas a producir algo realmente, hace que algunas personas se vuelvan muy, muy ricas, y hace que otras sientan que la sociedad y la economía están amañadas en su contra.

Los romanos sintieron esa misma rabia que sentimos ahora, esa que todo el mundo siente hoy frente a una economía que se percibe injusta, porque no entendemos cómo la gente hace 1,4 billones de dólares sin realmente fabricar muchas cosas.

Los romanos sintieron lo mismo y los romanos sintieron lo mismo, miraban alrededor y veían a esta gente con riqueza masiva y no entendían qué estaban haciendo para conseguir esa riqueza y eso crea, primero que todo, un deseo de que el estado resuelva ese problema, pero los estados luchan por resolver ese problema, porque la gente que se está volviendo inmensamente rica no está infringiendo la ley.

SEMANA: Si pudiera traer una institución romana al mundo moderno, ¿cuál elegiría?

E.W.: Esto es complicado. Creo que lo que traería al mundo moderno es la fe romana en la ley como una entidad en evolución, lo que creen los romanos es que la ley comienza y todo lo que alguna vez fue ley sigue siendo ley, pero se le va agregando, se cambia, se enmienda, se hace avanzar y si está mal, te deshaces de ella, pero la mayoría de las veces no te deshaces de la ley, construyes sobre ella.

Es una estructura que creo que en realidad es bastante buena, frente a los cambios radicales que se ven en la interpretación de la ley.

Ahora, pensando en mi país, el funcionamiento más básico de nuestro gobierno ha cambiado radicalmente en los últimos 10 años porque se ha desechado la ley. Leyes que tienen 80 o 50 años simplemente han sido descartadas. Los romanos no habrían hecho eso lo que habrían hecho, en cambio, es construir sobre esas instituciones, enmendarlas y creo que ese sentido de que la ley es algo casi sagrado y a medida que cambia, debería evolucionar. No debería ser destruida. No debería ser desechada, debería reflejar cómo ha vivido la gente y cómo quiere vivir en el futuro.

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Edward J. Watts historiador y escritor estadounidense Foto: Guillermo Torres / Semana

SEMANA: ¿Cuál cree que es el problema más difícil que enfrentan hoy los gobiernos?

E.W.: Creo que el mayor desafío que enfrentan la mayoría de los países del mundo en este momento es la idea de un centro político arraigado en instituciones. Esto está siendo atacado prácticamente en todas partes.

Escribí sobre los romanos principalmente en Estados Unidos, Italia y Francia. Y lo estaba escribiendo en Estados Unidos durante las elecciones de 2020 y 2024.

Lo escribí en Italia cuando eligieron a Meloni, y estaba escribiendo partes en Francia cuando Macron luchaba por formar gobierno y lo que vi en todos esos lugares fue una falta de fe en esas instituciones, y una falta de fe en los partidos de centro. Pero no vi una falta de deseo, entre los ciudadanos, de ese centro político.

Esas instituciones seguían siendo cosas que valoraban los ciudadanos franceses, italianos y estadounidenses y los partidos no estaban respondiendo a eso, estaban canalizando la rabia y se pueden ganar elecciones canalizando la rabia. Pero en todo el mundo estamos viendo a políticos canalizar la rabia, cuando creo que la mayoría de los ciudadanos no quiere eso.

Quieren que el centro esté arraigado en cosas que entienden y que sean coherentes con el mundo en el que crecieron. Y ese, creo, es el mayor desafío: ¿cómo recuperamos ese centro?.

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