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Voyager 1 NASA
Voyager 1 pertenece a la NASA y fue lanzada desde 1977 al espacio - Foto: NASA

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Naves interestelares Voyager de la NASA cumplen 45 años en misión

Su fecha de lanzamiento fue un agosto, en 1977 y desde entonces han orbitado en la vía láctea.

Las naves espaciales más longevas y lejanas de la Humanidad, Voyager 1 y 2, alcanzan 45 años de operación y exploración desde el 20 de agosto de 1977, fecha de lanzamiento de Voyager 2.

Estas sondas gemelas de la NASA se han convertido, en cierto modo, en cápsulas del tiempo de su época: cada una lleva un reproductor de cintas de ocho pistas para grabar datos, tienen unas 3 millones de veces menos memoria que los teléfonos móviles modernos y transmiten datos unas 38.000 veces más lentamente que una conexión a Internet 5G.

Las Voyagers también son embajadoras, cada una con un disco de oro que contiene imágenes de la vida en la Tierra, diagramas de principios científicos básicos y audio que incluye sonidos de la naturaleza, saludos en varios idiomas y música.

Los registros recubiertos de oro sirven como un “mensaje en una botella” cósmico para cualquiera que pueda encontrarse con las sondas espaciales. A la velocidad con la que el oro se descompone en el espacio y es erosionado por la radiación cósmica, los registros durarán más de mil millones de años.

La Voyager 2 se lanzó, seguida rápidamente por la Voyager 1 el 5 de septiembre. Ambas sondas viajaron a Júpiter y Saturno, con la Voyager 1 moviéndose más rápido y alcanzándolas primero. Juntas, las sondas revelaron mucho sobre los dos planetas más grandes del sistema solar y sus lunas. La Voyager 2 también se convirtió en la primera y única nave espacial en volar cerca de Urano (en 1986) y Neptuno (en 1989), ofreciendo a la humanidad vistas extraordinarias e información sobre estos mundos distantes.

“Hoy, mientras ambas Voyager exploran el espacio interestelar, están brindando a la humanidad observaciones de un territorio desconocido”, dijo Linda Spilker, científica adjunta del proyecto Voyager en JPL. “Esta es la primera vez que hemos podido estudiar directamente cómo una estrella, nuestro Sol, interactúa con las partículas y los campos magnéticos fuera de nuestra heliosfera, ayudando a los científicos a comprender el vecindario local entre las estrellas, cambiando algunas de las teorías sobre esta región y proporcionando información clave para futuras misiones”, agregó.

El telescopio James Webb de la NASA capta nuevas imágenes de Júpiter

De otro lado, el Telescopio Espacial James Webb (JWST) de la NASA captó dos nuevas imágenes de Júpiter, que permitieron a los científicos observar nuevas pistas sobre la vida interna del planeta y ver detalles de sus anillos, pequeños satélites e incluso galaxias, tal y como informó la agencia espacial estadounidense.

Las fotografías difundidas permiten ver que las auroras se extienden a grandes altitudes sobre los polos norte y sur de Júpiter. Estas imágenes proceden de la cámara de infrarrojo cercano (NIRcam), que tiene tres filtros infrarrojos. “Es realmente notable que podamos ver detalles de Júpiter junto con sus anillos, pequeños satélites e incluso galaxias en una sola imagen”, añade.

El telescopio espacial James Webb captó las imágenes de Júpiter. Foto: Twitter @nasawebb.
El telescopio espacial James Webb captó las imágenes de Júpiter. Foto: Twitter @nasawebb. - Foto: Foto: Twitter @nasawebb.

Dado que la luz infrarroja es invisible para el ojo humano, la luz se mapeó en el espectro visible, aclara la NASA. Generalmente, las longitudes de onda más largas aparecen más rojas y las longitudes de onda más cortas se muestran más azules.

El telescopio James Webb identificó a Júpiter con sus tenues anillos, que son un millón de veces más tenues que el planeta, y dos pequeñas lunas llamadas Amaltea y Adrastea.

Asimismo, las imágenes han permitido ver la ‘Gran Mancha Roja’, devela Imke de Pater, que explicó que se trata de una tormenta tan grande “que podría tragarse la Tierra”, y que en esta ocasión aparece blanca porque refleja mucha luz solar.

“El brillo aquí indica una gran altitud, por lo que la Gran Mancha Roja tiene brumas de gran altitud, al igual que la región ecuatorial”, detalla Heidi Hammel, científica interdisciplinaria de Webb para observaciones del sistema solar y vicepresidenta científica de AURA.

“Las numerosas ‘manchas’ y ‘rayas’ de color blanco brillante son probablemente cimas de nubes a gran altitud de tormentas convectivas condensadas. Por el contrario, las cintas oscuras al norte de la región ecuatorial tienen poca cobertura de nubes”, explica.

*Con información de Europa Press.