Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 41 años, no tiene cargo en el gobierno cubano, no figura en el Partido Comunista ni en el Ejército. Aun así, esta semana el gobierno de Donald Trump confirmó que es uno de sus interlocutores en las conversaciones sobre el futuro de Cuba. Su nombre, hasta hace poco desconocido fuera de los círculos de poder de la isla, está en el centro de uno de los procesos diplomáticos más delicados del hemisferio.
Asesores del secretario de Estado Marco Rubio sostuvieron una reunión confidencial con Rodríguez Castro en febrero, durante la cumbre de la Comunidad del Caribe celebrada en San Cristóbal y Nieves. El encuentro giró en torno a posibles reformas políticas y económicas en Cuba y a un eventual alivio gradual de las sanciones estadounidenses.

Rodríguez Castro es nieto del expresidente Raúl Castro y sobrino nieto de Fidel Castro. Es hijo del general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien administró el brazo empresarial de las fuerzas militares cubanas hasta su fallecimiento en 2022.

Tras la muerte de su padre, consolidó su posición como jefe de la seguridad personal de su abuelo, una función equivalente a la del Servicio Secreto estadounidense. Fotos de la agencia Reuters lo muestran custodiando a Raúl Castro, de 94 años, en reuniones con el difunto papa Francisco y con altos funcionarios rusos.
La razón por la que Washington eligió ese canal por encima de los canales oficiales del Estado cubano quedó implícita en las propias palabras de Díaz-Canel este viernes. Al confirmar las conversaciones con Estados Unidos, el presidente cubano aclaró que el proceso está “dirigido por el General de Ejército como líder histórico de nuestra revolución y por mí”.

El contexto es una Cuba en su peor momento económico en años. Los apagones son generalizados, los hospitales están reduciendo cirugías y la escasez de combustible y alimentos se agrava. La situación empeoró tras la captura de Nicolás Maduro en enero, que interrumpió el suministro venezolano de petróleo subsidiado.

En paralelo, Donald Trump firmó en enero una orden ejecutiva que declaró emergencia nacional por la supuesta amenaza cubana y autorizó aranceles a países que vendan combustible a la isla.
Reportes sin confirmar apuntan a que el plan de Washington contempla apartar a Díaz-Canel, pero mantener en la isla a los herederos del apellido Castro. Trump, durante la cumbre Escudo de las Américas celebrada esta semana en Miami, afirmó esperar “con muchas ganas el gran cambio que pronto llegará a Cuba”.

Rodríguez Castro, conocido familiarmente como “Raulito” y apodado “el Cangrejo” desde niño, apareció esta semana sentado entre miembros del Buró Político y el Consejo de Ministros durante la reunión en que Díaz-Canel confirmó los contactos con Washington, sin pertenecer formalmente a ninguno de los dos órganos. Fue su primera aparición de ese tipo frente a las cámaras del Estado.
