El conflicto entre Estados Unidos e Irán volvió a encenderse después de un breve periodo de relativa calma. La tregua, alcanzada inicialmente mediante un alto al fuego acordado a mediados de abril, aunque vulnerado en varias ocasiones, y reforzada con un memorando de entendimiento firmado el 17 de junio por el mandatario estadounidense, Donald Trump, y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, terminó por desmoronarse.

El punto de quiebre llegó el martes, cuando tres buques de carga fueron alcanzados por misiles de origen no identificado en el estrecho de Ormuz, según reportó la agencia británica de seguridad marítima UKMTO. La entidad precisó que dos petroleros fueron impactados en la zona y que un tercero “fue alcanzado por un vehículo aéreo no tripulado de origen desconocido y sufrió daños estructurales menores”.
El incidente volvió a colocar al estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio mundial de petróleo, en el centro de la tensión internacional y desató una nueva ola de condenas.
“Consideramos a Irán plenamente responsable, desde el punto de vista legal, de este ataque y de cualquier daño o repercusión que se derive de él”, declaró el ministro catarí de Relaciones Exteriores, Majed Al Ansari.

Estados Unidos también condenó lo ocurrido. “Las acciones de Irán en el estrecho fueron totalmente inaceptables para Estados Unidos y tendrán consecuencias”, afirmó un funcionario del Departamento del Tesoro estadounidense a la AFP.
El ataque terminó por romper una tregua que, para entonces, ya parecía de papel. Lo que durante varias semanas fue presentado como un intento de desescalar el conflicto dio paso nuevamente a una rápida escalada militar, con operaciones de alto calibre que volvieron a enfrentar a Washington y Teherán.

La ruptura quedó confirmada por el propio Donald Trump durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Turquía. Allí, el mandatario aseguró que la tregua con Irán “ha terminado” y lanzó una dura ofensiva verbal contra el régimen de los ayatolás.
“Son basura, son gente enferma, están dirigidos por gente enferma y son personas crueles y violentas. Y si tuvieran un arma nuclear, la usarían”, aseguró el mandatario.
Horas después, Trump elevó aún más el tono y lanzó una nueva amenaza contra Teherán. “Esta noche les vamos a dar duro”, declaró antes de una reunión con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, al margen de la cumbre de la OTAN en Turquía. “Violan el acuerdo cada día”, añadió.

La posibilidad de que la guerra siga escalando también fue respaldada por Israel. Su ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que su país está preparado para reanudar la ofensiva militar contra Irán si la situación lo exige y advirtió que, de hacerlo, será con una intensidad mayor.
“El Ejército está listo y está en alerta para reanudar los combates, restablecer la superioridad aérea y atacar de nuevo (...) a Irán, eliminar las amenazas, por tercera vez si es necesario. Si tenemos que volver a hacerlo, lo haremos y esta vez con más fuerza”, declaró durante una ceremonia militar.
Las declaraciones de Washington y Tel Aviv terminaron por confirmar que la tregua quedó atrás y que el conflicto ha entrado en una nueva fase de confrontación, marcada por amenazas de nuevas ofensivas y un creciente despliegue militar en la región.

Desde el martes, Irán y Estados Unidos han intercambiado ataques de forma casi ininterrumpida. Funcionarios militares estadounidenses informaron que cerca de 90 objetivos militares iraníes fueron alcanzados, entre ellos sistemas de defensa aérea, depósitos de misiles, bases de drones y otras instalaciones estratégicas.
Estados Unidos “completó una ronda adicional de ataques contra Irán, el 8 de julio, para degradar aún más la capacidad iraní de atacar barcos comerciales y marinos civiles inocentes en el estrecho de Ormuz”, señaló el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) en un comunicado publicado en X.

Los bombardeos estadounidenses de los últimos días han dejado varias personas fallecidas, en su mayoría miembros de las Fuerzas Armadas iraníes. Además, al menos 70 personas resultaron heridas, según el balance conocido hasta el momento.
Irán denunció las operaciones militares y las calificó de “crimen de guerra flagrante”. En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores condenó los ataques contra “provincias costeras del sur en varios lugares” y contra “dos puentes en las provincias orientales en la vía férrea hacia la ciudad santa de Mashhad”, donde será enterrado el exlíder supremo Alí Jamenei.
“Estos ataques representan, sin ninguna duda, un crimen de guerra flagrante”, concluyó el ministerio.
De igual forma, Irán confirmó que atacó blancos en Kuwait, Catar y Baréin con sus conocidos drones kamikazes, según informó la prensa estatal. “Tras los ataques del ejército de la República Islámica de Irán contra bases estadounidenses en la región”, fueron alcanzados un sistema Patriot de interceptación de misiles en Kuwait, un sistema de alerta temprana en Catar y tanques de combustible en Baréin, mediante “un gran número y variedades de tipos de drones militares kamikaze”, señalaron los medios oficiales.
Pese a la intensidad de los combates, el mandatario estadounidense insistió en que espera que las operaciones militares concluyan en un corto plazo.
“Creo que cualquier cosa que pase terminará muy rápido y solo hará que todo sea más seguro, incluso para el petróleo (...) Cualquier cosa que pase sucederá muy rápido. No buscamos una situación a largo plazo”, dijo Trump al término de la cumbre de la OTAN.

Las declaraciones del presidente contrastan con la evolución del conflicto sobre el terreno. Solo el anuncio de la reanudación de las hostilidades y las advertencias de Trump provocaron un aumento cercano al 5 por ciento en el precio internacional del petróleo, reflejo de la incertidumbre que vuelve a rodear a una de las principales rutas energéticas del mundo.
Además, no es la primera vez que Trump asegura que espera una rápida conclusión de la guerra. Antes de la tregua firmada en abril, ya había manifestado esa expectativa en varias ocasiones, aunque los enfrentamientos continuaron durante meses. Por ello, sus más recientes declaraciones son vistas con cautela mientras la ofensiva militar continúa escalando.

Lo que sí parece claro es que la guerra con Irán se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza para la administración Trump. El conflicto, que el mandatario esperaba resolver con rapidez, se ha prolongado durante más de cuatro meses y ha obligado a Estados Unidos a mantener un amplio despliegue militar en Oriente Próximo, incluidos dos de sus portaaviones más poderosos.
El costo económico también comienza a ser significativo. El sitio especializado Iran War Cost Tracker, que dejó de actualizar sus cifras el 16 de junio, estimaba que Washington había destinado cerca de 113.000 millones de dólares a las operaciones militares. Desde entonces, la cifra probablemente ha seguido aumentando debido a la nueva escalada y al refuerzo de la presencia militar estadounidense en la región. Con la tregua definitivamente rota y sin señales claras de un nuevo proceso de negociación, el conflicto vuelve a proyectarse como una guerra de largo aliento.
