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Trump y el Mundial: así es el cómo el presidente de EE. UU. ha interferido con el torneo de futbol en su país

Donald Trump rompió definitivamente el clima político en el Mundial de Fútbol en Norteamérica tras sus presiones a la Fifa en el caso Balogun. Pero este no es el único componente político para el mandatario en la cita deportiva.

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11 de julio de 2026 a las 1:06 a. m.
La relación entre Donald Trump y Gianni Infantino no solo se limitó al caso de Folarin Balogun.
La relación entre Donald Trump y Gianni Infantino no solo se limitó al caso de Folarin Balogun. Foto: AP, Getty Images

Es el minuto 60 de uno de los partidos clave de dieciseisavos del Mundial de Fútbol. Estados Unidos le gana 1-0 a Bosnia y Herzegovina con gol de su estrella Folarin Balogun, que suma cuatro goles en el torneo. Sin embargo, en ese momento, en un cruce con el defensa Tarik Muharemović, el delantero estadounidense lo pisa sobre el tobillo y, tras una revisión de VAR, se va expulsado y se perdería el partido de octavos de final contra Bélgica.

Una vez se terminó el partido en San Francisco, desde Washington empezó a operar una máquina de relaciones públicas con un solo objetivo: que la suspensión contra Folarin Balogun fuera derogada y el equipo de Estados Unidos pudiera tener a su delantero estrella durante el partido de octavos de final. La operación fue comandada por Howard Lutnick, secretario de Comercio, y Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para la Copa Mundial, quienes contrataron abogados para su cometido.

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Según reveló The New York Times, las llamadas comenzaron el mismo miércoles; tenían plazo hasta el domingo de esa misma semana. El equipo legal empezó a hacer averiguaciones para presentar un recurso sobre la expulsión del jugador estadounidense, esto a pesar de que las mismas normas de la Fifa lo prohíben. Según los abogados, el árbitro se había equivocado expulsando a Balogun al usar la cámara lenta del VAR para juzgar la acción, algo sumamente común.

Pero toda la operación parece haberse sellado con una llamada entre patriarcas. Trump llamó al presidente de la Fifa, Gianni Infantino, y le reclamó por la situación, cuestionó al árbitro que expulsó al delantero y pidió revisar la tarjeta roja. El líder de la organización deportiva no le prometió nada, pero poco después, a Folarin Balogun le fue suspendida su sanción y podría jugar contra Bélgica.

Folarin Balogun
Folarin Balogun Foto: AP Photo/Ted S. Warren

Desde la Fifa había silencio y la selección de Estados Unidos aseguraba que no existía interferencia de la Casa Blanca, pero Trump fue el mismo que celebró la decisión y confirmó que llamó a Infantino. “Pedí una revisión porque no pensé que fuera falta. Lo único que hice fue pedir una revisión. No dije que tenían que hacer esto. Eso ni siquiera fue una infracción. Eran dos tipos corriendo a toda velocidad y que por casualidad chocaron entre sí”, dijo el mandatario.

Previo al partido, Bélgica presentó un recurso contra la decisión que fue denegado, todo mientras crecía el rechazo hacia Infantino y Trump. La Uefa calificó la decisión de la Fifa como “inédita, incomprensible e injustificable” y afirmó que se había cruzado una “línea roja” para la integridad del torneo. Rudi García, el técnico de Bélgica, dijo que pensaba que la decisión era una broma.

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Dirigentes y figuras del fútbol europeo, entre ellos el expresidente de la Fifa Joseph Blatter, además de entrenadores como Jürgen Klopp y Thomas Tuchel, advirtieron que el caso podía minar la credibilidad de la gobernanza del fútbol. Más de 70 eurodiputados pidieron investigar a Infantino por presunta interferencia política en el proceso disciplinario.

Pero, al final, pareciera que se hubiera generado el efecto contrario: Bélgica ganó 4-1; la situación, al parecer, terminó motivando al cuadro europeo, que no pintaba como favorito antes del partido. Balogun, quien fue titular, falló varias ocasiones claras y no marcó. Además, en el cuarto gol, cuando Romelu Lukaku anotó, varios jugadores belgas hicieron el característico baile de Donald Trump, en clara burla al mandatario.

La suspensión de la tarjeta roja de Folarin Balogun terminó provocando burlas de parte de la selección de Bélgica.
La suspensión de la tarjeta roja de Folarin Balogun terminó provocando burlas de parte de la selección de Bélgica. Foto: Getty Images

La polémica que se avecina

Sin importar qué selección llegue a la final del próximo 19 de julio en Nueva Jersey, el momento de la premiación ya está marcado por la polémica. Gianni Infantino confirmó que Trump entregará el trofeo de campeón junto a él, un cambio de protocolo respecto a las últimas dos ediciones del torneo. Tanto en Rusia 2018 como en Catar 2022 fue el propio presidente de la Fifa quien entregó la copa, sin la presencia de mandatarios en el escenario. “Estaremos junto al presidente disfrutando de la final y entregando el trofeo al ganador, por supuesto, juntos”, anunció Infantino.

Algo parecido ocurrió en la final del Mundial de Clubes de 2025, realizado también en Estados Unidos. Cuando se le entregó el trofeo al Chelsea, Trump se negó a irse del podio y terminó metido en la celebración del equipo inglés, una escena que desconcertó a organizadores y a los propios jugadores. La imagen del mandatario junto al capitán Reece James mientras el equipo celebraba se volvió viral y generó críticas.

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Ahora, con una final de Copa del Mundo de por medio y una audiencia global de cientos de millones de espectadores, el antecedente alimenta las dudas sobre cómo se desarrollará la ceremonia del ganador y qué protagonismo buscará tener el mandatario estadounidense en el cierre del torneo en el que su país fue coanfitrión y en el que no ha sido un integrante pasivo de todo el espectáculo.

Detrás de episodios como la reversión de la sanción a Balogun o el cambio en el protocolo de premiación hay un patrón que los explica: la gran cercanía personal entre Trump e Infantino, cultivada durante meses antes del arranque del torneo. El propio dirigente de la Fifa ha defendido públicamente ese vínculo. “Creo que es absolutamente crucial para el éxito de un Mundial tener una relación cercana con el presidente”, declaró Infantino en un acto en Irlanda del Norte, en una frase que contradice los estatutos de la Fifa, los cuales enfatizan la neutralidad política del organismo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acompañado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino (derecha), sostiene el trofeo de la Copa del Mundo mientras hace un anuncio en la Oficina Oval.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acompañado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino (derecha), sostiene el trofeo de la Copa del Mundo mientras hace un anuncio en la Oficina Oval. Foto: AFP

Ese acercamiento tuvo hitos simbólicos previos al Mundial. Infantino llevó el trofeo de la Copa del Mundo al Despacho Oval para fotografiarse junto a Trump, y semanas después, en un acto oficial en la Casa Blanca, le entregó al mandatario el recién creado Premio Fifa de la Paz, una distinción sin precedentes en la organización. El gesto llegó después de que Trump no lograra el Premio Nobel de la Paz, que había buscado insistentemente, y fue interpretado por varios críticos como un respaldo político directo del máximo organismo del fútbol mundial hacia un presidente sumamente controvertido.

Mientras Trump se involucraba en decisiones dentro de la cancha, su propia política migratoria generaba tensión fuera de ella. La Fifa llegó a evaluar pedirle una moratoria nacional de las redadas del ICE durante los 39 días del torneo, pero el mandatario se negó públicamente a descartar operativos en estadios y zonas de aficionados. Semanas antes, Tom Homan, su “zar de la frontera”, había prometido desplegar en Nueva Jersey, sede de la final del Mundial, más agentes del ICE “de los que jamás hayan visto”, en una promesa que atribuyó directamente a una conversación con el presidente.

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El costo político ya se sintió antes siquiera del primer pitazo del Mundial: un árbitro somalí fue rechazado en el aeropuerto de Miami, Irán perdió parte de su cupo de entradas y trabajadores del SoFi Stadium en Los Ángeles llegaron a votar por una huelga debido al temor a redadas durante la ceremonia inaugural.

Estos actos demostraron que Donald Trump no fue un espectador más del Mundial organizado en suelo estadounidense después de 32 años, sino un actor que empujó sus límites hasta donde la Fifa se lo permitió. Y Gianni Infantino, lejos de poner freno, terminó siendo el principal habilitador de esa injerencia, al punto de convertir al mandatario en protagonista de la ceremonia más importante del fútbol mundial.