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Un panadero y una mesera luchan por llegar al Parlamento en Francia

Los dos candidatos son parte de una ambiciosa lista impulsada por el candidato de izquierda Jean-Luc Mélenchon.


Rachel Kéké, una camarera de piso de 48 años, se define como “guerrera”. Tras liderar con éxito una de las mayores huelgas en la hostelería en Francia, representa uno de los nuevos e inesperados rostros de la izquierda en las legislativas en Francia.

“Todo es posible”, sentencia esta madre de cinco hijos, nacida en 1974 en Abobo, Costa de Marfil, y que llegó a Francia en 2000, con 26 años. Entrar como diputada de la Asamblea Nacional “no me asusta”, asegura.

El frente de izquierdas, liderado por el veterano político Jean-Luc Mélenchon, presenta para las legislativas del 12 y 19 de junio una docena de candidatos, cuya trayectoria desentona en el paisaje político francés.

Entre ellos figura Stéphane Ravacley, un panadero de Besanzón (este), que el año pasado logró que las autoridades regularizaran la situación de su aprendiz guineano, tras una huelga de hambre de 10 días.

Pero también Aliénor Garcia-Bosch-de Morales, en el centro de Francia y que la “Nueva Unidad Popular” presenta como una “criadora de caballos”, “heredera a pesar suyo de una pesada nobleza” y que “prefiere el campesinado a los Maserati”.

“Los futuros diputados deben ser adalides de los combates sociales, ecológicos y, en la sociedad, personas comprometidas en las luchas”, estima Manuel Bompard, director de campaña de La Francia Insumisa, uno de los partidos de la alianza.

Emeric Bréhier, analista de la Fundación Jean Jaurès, subraya la “importancia simbólica” de estas candidaturas, que buscan decir: “Representamos a las verdaderas clases populares y además tenemos representantes de estas clases”.

Sin embargo, este exdiputado socialista advierte que habrá que ver si estos han sido investidos en circunscripciones que pueden ganarse, máxime cuando cada una de las 577 escoge a un solo diputado, mediante un sistema mayoritario a dos vueltas.

“Explicar la realidad”

Rachel Kéké deberá enfrentarse a la candidata oficialista, la exministra de Deportes del presidente centrista Emmanuel Macron y campeona de natación Roxana Maracineanu, en la circunscripción de las afueras de París en la que reside.

Los profesionales de la política “no conocen el sufrimiento de la gente”, responde con una amplia sonrisa la candidata, que aspira a “explicar” a los otros diputados la “realidad” de los más pobres en Francia.

Este discurso se inspira de sus luchas recientes. En mayo de 2021, 19 camareras de piso y un compañero de un hotel parisino, liderados por Rachel Kéké, consiguen que un subcontratista del grupo Accor les aumente el sueldo.

Tras 22 meses de huelga y de desempleo parcial, la lucha más larga liderada nunca por el sindicato de hostelería CGT-HPE, las huelguistas logran que sus salarios aumenten “de 250 a 500 euros mensuales” (de 268 a 563 dólares).

“Es importante decir las cosas como son”, subraya Kéké, que explica el “desprecio”, la “explotación” y los abusos que sufren. “Un [cliente] me llamó ‘negra sucia’”, otros “te tocan los senos cuando llamas a la puerta”, explica.

“No tengo miedo”

La palabra “negro” también apareció recientemente dibujada sobre un cartel electoral de Stéphane Ravacley, junto a una cruz gamada. “Me dieron náuseas, qué bajeza”, explicó a la AFP sobre estos hechos denunciados a las autoridades.

Este panadero, candidato en Besanzón, se hizo famoso en Francia en 2021 por una huelga de hambre para reclamar la regularización de su aprendiz guineano. Después, también organizó un espectacular convoy humanitario para Ucrania.

El hombre se enfrenta al oficialista Éric Alauzet, candidato a su propia reelección y que logró un 62 % en la segunda vuelta en 2017. “No tengo miedo de nada”, asegura Ravacley, quien como en la huelga de hambre o Ucrania actuó “sin pensar en la derrota”.

El “panadero humanista”, de 53 años, asegura tener ganas de “luchar por representar a las personas que, como [él], espera una renovación”. Sus prioridades: los jóvenes aprendices extranjeros y promover una ecología “práctica y pragmática”.

“Diferentes perfiles”

Entre los candidatos de pasado activista también figura Alma Dufour, que consiguió bloquear la implantación de cinco almacenes del gigante Amazon en Francia, y Pauline Rapilly-Ferniot, de la joven generación clima.

Esta última se presenta en Boulogne-Billancourt, un bastión de derecha próximo a París. A sus 26 años, estuvo en abril en primera plana de los medios de comunicación, tras su expulsión violenta de un mitin de la candidata ultraderechista Marine Le Pen.

Aunque considera que tiene una “microscópica” posibilidad de ganar, estima que ya habrá “ganado algo” si pasa a la segunda vuelta y “sacude” a los caciques locales, según ella, poco sensibles a los retos climáticos.

“Queremos llevar diferentes perfiles a la Asamblea”, afirma. “Estoy convencida de que una Rachel Kéké será más útil que un centésimo tipo salido de Sciences Po y la Escuela Nacional de Administración”, centros privilegiados por la élite política.

*Con información de la AFP.