En abril de 2025 circuló en redes sociales un video en el que se observó a una menor de edad corriendo y, detrás de ella, su padrastro, sujeto que la había abusado sexualmente y luego amarrado con unas cuerdas. Sin embargo, la niña logró escapar y fue auxiliada por la comunidad.
Todo ocurrió el martes 29 de abril de 2025. Ese día, mediante engaños, un hombre que era pastor de una iglesia cristiana, identificado como José Ramírez, abusó de su hijastra en una finca ubicada en la vereda San Andrés de Chinchiná, Caldas.
El hombre fue detenido inicialmente por algunos vecinos del sector, quienes intentaron lincharlo y luego lo entregaron a la Policía. Luego de varios meses, más exactamente en marzo del año en curso, Ramírez, quien era un líder religioso reconocido en Santa Rosa de Cabal, fue condenado a 43 años, seis meses y un día de prisión, por los delitos de acceso carnal violento agravado y secuestro agravado.

El violador fue enviado a la cárcel La Tramacúa, en Valledupar, donde paga su condena, y desde allí decidió hablar con el videopódcast Conducta delicitiva.
En medio de su crudo relato, Ramírez argumentó su actuar contra su hijastra diciendo que fueron unas supuestas voces internas, algo sobrenatural, lo que le decía que lo hiciera.
También manifestó que padecía de un deseo sexual insaciable, a tal punto que no le bastaba tener intimidad solo con su esposa. Afirmó que hasta recurrió al médico para que supuestamente lo ayudaran.
“La presión siguió en aumento, esa presión no menguó, antes por el contrario aumentaba a un ritmo y había cosas que yo pedía o traté de que me ayudaran internamente como para yo solventar o alivianar un poco eso, que no quiero hacer énfasis en ello por no victimizar más, pero lastimosamente no hubo ese apoyo que yo solicitaba. La única defensa que yo tenía era la oración”, dijo Ramírez en Conducta delicitiva.
Luego, según él, cada vez veía a su hijastra con otros ojos. Los del deseo. Y lo peor, era algo que hasta ya sabía su esposa, la mamá de la menor.
“Esa atracción, esa ansiedad, no era normal; el problema es cuando yo empiezo a sentir esa atracción. Hubo una atracción desmedida, mi esposa lo sabía; siento que lo sucedido el 29 de abril no fue exactamente una decisión mía y eso es lo que quiero que sepan. No fue una decisión mía, fue un ataque indiscriminado de fuerzas y lo hice saber en el juicio”, aseveró.
De acuerdo con Ramírez, el atroz hecho contra su hijastra lo empezó a planear un día antes, es decir, el lunes 28 de abril de 2025. En su mente, también dijo, ya empezaba a rondar la idea de matar no solamente a su hijastra, sino también a su esposa.
“La decisión se toma el día lunes. El suceso sucedió el martes. La decisión se tomó el lunes 28; en esos últimos tres meses, inclusive, y esto si no lo sabe nadie, empecé a batallar no solamente con accederla, sino [con] matarla. Y no solamente a ella, sino a mi esposa. O sea, había un ataque en mi mente. Yo no lo entendía y luchaba con eso: ‘Y yo no, a mi esposa la amo’. Con la niña tenía una fricción y una de las armas fue el odio, porque la niña creó un odio hacia a mí, y se creó un odio de mí hacia la niña también. Fue algo terrible”, afirmó Ramírez en medio de la entrevista con dicho videopódcast.

El abusador también recordó en Conducta delicitiva que el día de la violación le dijo a su hijastra que no se resistiera, de modo que él no le fuera a hacer daño, tras haberla amarrado con las cuerdas, la cuales ella logró quitarse.
“Yo soy un hombre experto en cuerdas. Yo no me explico cómo... Yo la tenía amarrada de pies y manos. Le había puesto una en el cuello, la que le coloqué inicialmente, porque era la manera más fácil de intimidar”, se preguntó desalmadamente Ramírez.
Luego de abusar de su hijastra, dijo que se fue a “despejar la mente”, mientras ya le rondaba la idea de que tocaba desaparecerla, una vez la matara. Sin embargo, su plan se le vino al piso cuando vio correr a la menor y él no logró alcanzarla.

“Hay algo curioso que yo no logro entender y quiero que la audiencia sepa esto. A pesar de que yo recuerdo todo, eso está en mi memoria, no puedo decir que no recuerdo en lo absoluto. Hay algo que sí es bueno decirlo o necesito decirlo. No tenía la capacidad de dominar lo que hacía, no tenía la capacidad de determinar si era bueno o malo. O sea, no estaba esa conciencia”, insistió el abusador en Conducta delicitiva.
