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Tres trampas que circulan en las redes sociales y en las que terminan engañados los colombianos

Autoridades investigan múltiples quejas de personas que se sintieron asaltadas en su buena fe por haber caído en las redes de avivatos. No caiga en estas modalidades, pues “de eso tan bueno no dan tanto”.


A menudo, cuando un cliente se siente insatisfecho o no encuentra la razón de por qué terminó haciendo un negocio, dice que fue víctima de una estafa. Pocas veces logra demostrarlo, pues no es un secreto que algunas organizaciones ‘comerciales’ emplean estrategias poco santas para buscar sus clientes. SEMANA hizo una recolección de las artimañas más comunes en las que están cayendo los colombianos.

Sin Aire: Así queda más de uno cuando transita por las avenidas principales de las ciudades más congestionadas de Colombia, en plena hora pico, y de repente el carro que conduce da un brinco porque todo indica que se pinchó una llanta. Eso fue lo que le pasó a Carlos Ruiz mientras rodaba en la avenida Boyacá con calle 26. Sin embargo, en ese momento un hombre que se encontraba cerca, muy atento y solidario, se acercó a mirar la llanta y le dijo que efectivamente se había pinchado. Su hija, que iba de copiloto, no lo podía creer. Apenas dos semanas atrás había cambiado los neumáticos. El hombre les indicó que no todo era tan malo, pues muy cerca había un montallantas. Al llegar al lugar, el neumático tenía diez agujeros. Aunque Carlos preguntó por qué la persona que lo atendió tenía un elemento puntudo en la mano, no le dieron explicación. Lo único claro es que le cobraron 270.000 pesos por el arreglo, una cifra escandalosa por poner unos parches. Se sintió engañado, blanco de alguien que generó el incidente para ganarse un cliente. Más allá del sinsabor, no tuvo cómo demostrar que había sido víctima de un delito. Sin embargo, cientos de personas cuentan la misma historia que también se presenta en vías nacionales, sobre todo, los fines de semana cuando hay congestión vehicular.

Planillado: Martha Rodríguez tiene 78 años y está pagando una membresía por asesoría jurídica y en plomería que no quiso comprar. Le costó 6 millones de pesos. Cada mes le descuentan 160.000 pesos automáticamente de su tarjeta crédito. Cuando fue al banco a averiguar qué estaba pasando, le indicaron la existencia de un acuerdo comercial entre ella y una empresa que asegura desconocer. Al llamar a la entidad le dijeron que telefónicamente había firmado un contrato para inscribirse a todos los beneficios que traía la membresía. Martha solo recuerda que la fecha de la supuesta firma coincide con el día que la llamaron, aparentemente, del banco para verificar unos datos de su tarjeta. Le preguntaron: “¿Este es su nombre? ¿Esta es la fecha de vencimiento de la tarjeta?”, y ella solo respondió sí a todas las preguntas. El único dato que le pidieron decir con su propia voz fue el de los tres números de seguridad al respaldo de la tarjeta. Ahí fue cuando se efectuó el pago. Con la ayuda de un investigador privado, se dio cuenta de que sus datos aparecen en un archivo que venden en la esquina de Unilago, en el norte de Bogotá. Por una lista de pensionados, que filtran de manera irregular, cobran 300.000 pesos y los que más las compran son supuestos call center, que hacen pasar a sus trabajadores como aliados de bancos.

Cambalache: Con el auge de las plataformas digitales, las fotografías se convierten en ganchos publicitarios de productos, se reemplazaron las vitrinas y con eso aumentó el riesgo de ser timado. Esto le pasó a Tatán Mejía: cuando pidió una tableta digital, le llegó una tabla, pero para picar cebolla. La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) no tiene jurisdicción sobre aquellas plataformas que no estén alojadas en Colombia, así que de eso se aprovechan los avivatos.

Si como cliente se siente engañado, no dude en denunciar ante las autoridades. En la SIC pueden decirle si está a tiempo de retractarse de la compra o analizan los casos para identificar cláusulas abusivas. Además, la Fiscalía investiga si fue víctima de estafa, pues lo importante es salirle al paso a la creatividad de los que hacen del engaño un negocio.