“Arma de destrucción masiva” después de registrar casi 55.000 muertes por sobredosis en solo un año. Aunque en Colombia no existe una crisis como la estadounidense, el desvío hormiga de ese medicamento destinado al sistema hospitalario estaría generando un peligro silencioso: el consumo involuntario por mezclas con otras poderosas drogas.

El último informe del Observatorio de Drogas del Ministerio de Justicia dejó en evidencia que, en los últimos años, se ha registrado un preocupante aumento en las incautaciones de ampolletas de uso médico, aunque los fuertes controles sobre la cadena logística del medicamento han venido frenando el tráfico ilegal que ha dado con ese opioide.
El reporte del Sistema de Alertas Tempranas reveló que entre 2018 y 2025, la Policía Nacional realizó más de 70 operativos con los que se logró la incautación de fentanilo en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, San Andrés y Maicao. Lo particular es que ese material confiscado venía en la misma presentación: ampolletas.

Los controles dejaron un pico crítico en el año 2024, cuando se incautaron casi 6.000 unidades del medicamento sintético en varios operativos que tuvieron como epicentro Maicao, Sincelejo e Itaguí; ese resultado puso sobre la mesa un aumento del 274 por ciento sobre los decomisos que se hicieron en el año 2023.
La alarmante situación provocó que el Fondo Nacional de Estupefacientes (FNE) fortaleciera la supervisión sobre la cadena logística, lo que generó en 2025 una caída drástica del 68 por ciento de incautaciones, dejando el registro en 1.821 unidades en poder de las autoridades.

El Ministerio de Justicia analizó esas incautaciones con los datos de mortalidad del Instituto Nacional de Medicina Legal, que reportó entre los años 2013 y 2023 la muerte de por lo menos 30 personas, relacionadas con el uso de fentanilo en el país. La clave detrás de esos casos es que no hubo un abuso de esa sustancia, sino que existió “policonsumo”.

Ese patrón de comportamiento se da cuando una persona consume simultánea o excesivamente dos o más sustancias psicoactivas. El “policonsumo” podría potenciar los efectos de las drogas entre sí, pero acarrea graves riesgos a la vida del humano por posible intoxicación, sobredosis, daños a órganos vitales y problemas de salud mental.
Los expertos explicaron que ese tipo de consumo representa una seria amenaza porque en la mayoría de los casos las personas desconocen la presencia del fentanilo en las drogas que consumen, no son conscientes de los efectos destructivos que podría ocasionar y las consecuencias provocarían hasta la muerte y alta posibilidad de adicción.

La toxicóloga Diana Pava, de la Universidad Nacional, advirtió que “cuando una persona llega al fallecimiento, interfieren muchos factores: si tiene un consumo agudo o crónico, los antecedentes médicos e incluso la salud mental, cómo metaboliza los medicamentos y lo que haya tenido esa mezcla. Lo que hay que tener presente es el diagnóstico de la causa de la muerte”.

Las 30 muertes asociadas por fentanilo que reportó Medicina Legal demostraron con pruebas toxicológicas que por lo menos en el 35 por ciento de esos casos fatales había presencia de otras sustancias sintéticas, principalmente ketamina, un anestésico veterinario y humano que desde hace años se ha venido utilizando en el mercado negro de Colombia para fabricar “tusi”, conocido popularmente como “cocaína rosada”.
El informe también expone que, para los años 2024 y 2025, la información de mortalidad asociada al uso de fentanilo se encuentra “en proceso de consolidación, depuración, procesamiento y análisis”. Los datos de ese periodo demostrarían si esa mezcla de drogas ilegales sigue causando estragos en Colombia.
Desde Échele Cabeza, una iniciativa para la reducción de riesgos y daños asociados al consumo, se realizó un “dosier técnico del tusi en Colombia” entre los años 2012 y 2026, el cual registró que la mayoría de muestras analizadas de esa sustancia estupefaciente tenían ketamina y un análogo de éxtasis.

Sin embargo, ese reporte alertó una “amenaza latente” en la introducción de opioides sintéticos de alta potencia, como el fentanilo, que podría generar “escenarios de mayor preocupación para la salud pública”, empezando por las barreras que habría para detectar y anticipar su presencia en mezclas que el mercado ilegal sigue ofreciendo a través de otras drogas como el tusi.
“Médicamente, los efectos en la salud pueden ser deletéreos (letales) si se combina con sustancias que pueden ser antagonistas, sinérgicas o que pueden tener efectos que se potencialicen. Esa es la gravedad, porque los opioides tienen una característica farmacológica que también genera dependencia. Por eso también va a querer buscar más”, explicó la doctora Pava.

El Ministerio de Justicia también dejó claro en su informe que en Colombia no se han identificado laboratorios clandestinos de drogas sintéticas ni de fentanilo, pero ante la aparición de ese opioide en su presentación farmacéutica, la Fiscalía y la Policía han sumado esfuerzos con el Ministerio de Salud para fortalecer los hallazgos sobre ese tipo de incautaciones ante “la sensibilidad de la información”.

En 2022 aparecieron en Colombia tres compuestos químicos similares al fentanilo con pequeñas modificaciones, lo que es conocido como un opioide análogo: en Soacha, Cundinamarca, la sustancia estaba impregnada en estampillas de papel; en Cartagena, Bolívar, detectaron el medicamento sintético en una presentación en polvo de color blanco; y en el aeropuerto El Dorado, en Bogotá, la muestra iba en un polvo de color beige, que estaba mezclado con heroína.
Desde esa fecha, el Estado no ha reportado más casos de fentanilo producido de manera ilegal, según reportó el Observatorio de Drogas de Colombia. Pero desde entidades como el Concejo de Bogotá le han hecho un llamado urgente a la Secretaría de Salud para que adelante políticas públicas que impulsen la prevención sobre el consumo de esas sustancias y el riesgo latente frente al posible consumo involuntario de ese opioide cuando se mezcla con otro tipo de drogas psicoactivas.

Por eso, la doctora Pava enfatizó: “Acá estamos hablando de un desvío y un uso indebido de un medicamento. Pero otro punto importante es el reto en salud pública sobre el control de los medicamentos monopolio del Estado y sometidos a focalización. Tenemos que ser muy rigurosos a la hora de controlar el desvío desde los hospitales y los sectores farmacéuticos. Ese es el gran reto de salud pública”.
El Observatorio de Drogas de Colombia también identificó entre los años 2021 y 2025 el registro de 45 personas que solicitaron tratamiento por uso problemático de fentanilo; lo particular es que el perfil predominante de esos casos son hombres adultos, entre los 20 y 40 años, residentes principalmente en la ciudad de Bogotá y en el departamento de Antioquia.
